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sábado, 21 de febrero de 2015

LO MEJOR ES POLÍTICA DE SHOCK Y BAJAR IMPUESTOS. (publicada en Diario Perfil el 21/02/2015)


Ya hace poco más de un mes que la muerte del fiscal Nisman acapara toda la atención. Sin embargo, la macroeconomía sigue su curso. Hay un dato insoslayable, al actual gobierno sólo le importa el corto y desprecia el largo plazo. El gobierno sólo procura preservar la actual estabilidad financiera. La apuesta es clara: todos los esfuerzos estarán centrados en que las reservas (el dólar) caigan (suba) lo menos posible para contener las presiones en el mercado de divisas y bajar “algo” la inflación. El crecimiento económico no está dentro de los objetivos de política económica.  En 2015, la política fiscal expansiva recrudecerá, el déficit fiscal y la emisión monetaria para financiar al Tesoro aumentarán, potenciando los desequilibrios macroeconómicos que atentan contra las posibilidades de crecer en el largo plazo. En este contexto, sólo cabe esperar que la herencia (para la próxima administración) se torne más pesada, dificultándose la aplicación del programa económico a aplicar a partir de 2016. 

Y este es el punto más importante de todo, a partir de 2016 se deberá aplicar un programa económico que nos devuelva al sendero de crecimiento perdido y nos saque del actual proceso estanflacionario que cumple años (2012/2015).

Hay que tener en claro que Argentina es el único país de la región en el cual el PBI per cápita en dólares cae cuando se compara 2014 (usd12.500) con 1998 (usd14.700). Por el contrario, en los otros países de la región el PBI per cápita creció en promedio un 80% durante el mismo período. Para que se entienda, si hubiéramos aplicado las políticas puestas en práctica en Chile, Perú o Colombia y hubiésemos mantenido la inflación en los niveles registrados (3%/5% anual durante 15 años) en aquellas economías vecinas, Argentina tendría actualmente un PBI per cápita (corregido por términos de intercambio) de más usd31.000; según estima Milei en su trabajo “El Sendero de la decadencia argentina”.

En pocas palabras, aplicamos un conjunto de pésimas políticas económicas que generaron un proceso hiperinflacionario (644% en 2003/2014 y 457% en 2007/2014) que terminó expulsándonos del sendero del crecimiento, lo cual nos impidió duplicar nuestra riqueza y aprovechar el mejor contexto histórico internacional.  

Los números son elocuentes. Nuestra política económica se basó en un aumento desmedido del gasto público. La relación gasto / PBI se duplicó, pasando sostenidamente de 16.6% (2003); a 21.4% (2007); 26.7% (2011) a 33.1% (2014). Como consecuencia del aumento desmedido del gasto y  pese a contar con la mayor presión tributaria de toda la historia argentina, se pasó de un superávit fiscal de 2,3% a un déficit de -4.7% del PIB. Sin acceso a los mercados de deuda, la dominancia fiscal fue en aumento, dejando sin independencia al BCRA. En 2003/2014, el gobierno nacional gastó reservas del BCRA por usd 54.091 MM. Paralelamente, el stock de adelantos transitorios pasó de usd 2.500 MM (2003) a usd 29.402 MM (2014). La deuda del SPN con el central ya alcanza los usd 85.172 MM. Este deterioro del balance del central se tradujo en caída de la demanda de dinero, dolarización de carteras, problemas cambiarios e hiperinflación. El resultado de todo este proceso estaba cantado. A excepción de Venezuela, Argentina es el único país de la región que destruye riqueza, se consume su stock de capital,  la frontera de posibilidades de producción se contrae, el empleo (desempleo) se reduce (aumenta) y el PBI per cápita cae.  

Retornar hacia la solvencia fiscal debe ser la piedra fundamental del programa económico que nos devuelva al sendero del crecimiento. Es imprescindible una regla de solvencia fiscal para abolir la dominancia fiscal y así poder tener un BCRA genuinamente independiente. Sólo con un BCRA genuinamente independiente se podrá aplicar una creíble y eficiente política monetaria anti inflacionaria que nos permita volver al sendero del crecimiento de largo plazo.

¿Qué es la solvencia fiscal? En la actualidad, Argentina presenta un stock de deuda en torno al 45% del PBI. A su vez, si uno toma el riesgo país promedio histórico y una tasa de interés libre de riesgo del 3,5%, la tasa de la deuda sería del 9%. Bajo este conjunto de hipótesis y tomando un crecimiento de largo plazo para el PIB del 3%, la solvencia fiscal inter temporal (repago de la deuda) y la eliminación de la dominancia fiscal  exigen un superávit primario del 2.6% del PBI, que implica un ajuste fiscal de 6,3 puntos porcentuales.

Siguiendo la actualización del libro Política Económica Contrarreloj (PEC) de Milei/Giacomini/Ferelli Mazza, que será presentado en el Congreso Económico argentino (CEA) 2015, el ajuste fiscal necesario para retornar al sendero del crecimiento puede hacerse en forma de shock o gradual; y ambas alternativas pueden contener (o no) una reforma estructural que baje la presión tributaria y “desahogue” al sector privado,  incentivando el ahorro, la inversión, la acumulación de capital, la productividad y el crecimiento económico



En cuanto al ajuste del gasto el mismo tendría dos partes. Por un lado se deberían cortar de cuajo los subsidios económicos (¡no los sociales!), lo cual permitiría ahorrar cerca de 5% del PIB, al tiempo que el resto vendría por la licuación de partidas, que deberían crecer 4% por debajo de la inflación.
Este ajuste no será recesivo ya que elimina las transferencias a un grupo de agentes que consumen solo una fracción de sus ingresos, para dejar de cercenarle vía el impuesto inflacionario el ingreso disponible al grupo de bajos ingresos quienes consumen prácticamente todo su ingreso. En este contexto, dada la transferencia entre agentes, el consumo de la economía aumentaría. Por otra parte, la suba de tarifas permitirá que las inversiones queden a manos de las empresas, las cuales no sólo serán seleccionadas con mejores criterios que el utilizado por el sector público, sino que al eliminar la transferencias entre sectores, el flujo de fondos de las firmas aumentará potenciando la inversión. Naturalmente, habría un impulso extra derivado de la caída de la tasa de interés por el menor riesgo país. Por lo tanto, este programa no sólo que no será recesivo, ya que la mejor distribución del ingreso impulsará el consumo y las señales de precios impulsarán a la inversión, sino que además al extirpar la inflación y frenar el drenaje de divisas, permitirá levantar el traumático cepo cambiario.

Para analizar la dinámica de los diferentes escenarios planteados y estudiar qué alternativa de ajuste fiscal nos devuelve más fuerte y rápidamente al sendero del crecimiento económico, en la actualización de PEC estimamos un modelo de crecimiento económico neoclásico de Solow-Swam con progreso tecnológico exógeno. Este modelo indica que los países convergen a una determinada tasa de crecimiento per cápita, la cual viene dada por el avance tecnológico y la participación del stock de capital en la producción. ¿Qué papel tiene el gasto público y, consecuentemente, el ahorro en el proceso de crecimiento del modelo? La tasa de ahorro permite acelerar o retrasar la convergencia. A menor gasto público (y menor presión tributaria) hay una transferencia de recursos orientada al sector privado que impactaría positivamente en la tasa de ahorro, ganando así vigor y velocidad el proceso de crecimiento y convergencia hacia el PBI per cápita de equilibrio más elevado.

De acuerdo con nuestras estimaciones, el escenario de ajuste con shock y reforma impositiva es el que genera mayor aceleración en el crecimiento del PBI per cápita. Sólo se tardaría 22 años en alcanzar el PBI per cápita de convergencia. En segundo lugar está el escenario de ajuste gradual con reforma estructural, en el cual el PBI per cápita crece algo más lento, alcanzándose el nivel de convergencia en 25 años.  En tercer y cuarto lugar están la corrección fiscal de shock sin reforma impositiva (33 años) y la corrección fiscal gradual sin reforma impositiva (35 años) en las cuales el PBI per cápita crece más lentamente y con menos vigor, tardándose más años en alcanzar el PBI per cápita de convergencia. Poniéndolo en números sencillos, dentro de 10 años en 2025 el PBI per cápita de Argentina ascendería a: usd52.106 (con shock y reforma); usd41.922 (gradual y reforma); usd41.018 (shock sin reforma) y usd35.196 (gradual y sin reforma). Por el contrario, si no se hiciera nada y se continuara con el actual modelo basado en alto gasto público, elevado presión tributaria y escaso ahorro y baja inversión, el PBI per cápita de Argentina ascendería a usd18.899 en 2025.


En síntesis, a la luz  de las estimaciones presentadas, a todos los argentinos nos conviene que la próxima administración haga cirugía mayor. La mejor alternativa de todas es que se haga un ajuste fiscal de shock con reforma tributaria que baje la presión fiscal, ya que esa es la alternativa que nos hará crecer más rápido y fuertemente. Espero que la clase dirigente lo entienda.

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