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miércoles, 27 de septiembre de 2017

Seis verdades del Presupuesto 2018 (publicada en Cronista 27/9/2017)

https://www.cronista.com/columnistas/Seis-verdades-del-Presupuesto-2018-20170927-0005.html

Hace años que la mala política fiscal, con su gasto público, presión tributaria y déficit fiscal (ajustado por recaudación) récord, nos condena a no crecer en serio y a vivir con alta inflación.

El gasto público de Nación aumentó de 21,4% (2011) a 26,8% (2016), mientras que el déficit financiero pasó -1,9% (2011) a -6,8% (2016) del PBI. En el mismo período, el PBI per cápita cayó -7% punta a punta y la inflación acumuló +298% promediando +31,2% anual.

En este marco, crecer en serio con baja inflación exige (comenzar a) cambiar la política fiscal, reduciendo el déficit con baja de impuestos, es decir bajando el gasto público en serio. Si el Presupuesto plantea correcciones en la política fiscal, aumenta la probabilidad de crecer en serio y en forma sostenida. También sube la chance que la inflación baje más rápidamente y con creación de empleo y mejores salarios (con más poder adquisitivo). Por el contrario, si el Presupuesto sigue con la misma política fiscal, nada cambiará en serio.

- El Presupuesto 2018 no ayuda a crecer en serio, porque está más pensado para seguir surfeando el oleaje político, que para comenzar a corregir los problemas de fondo. No se reduce el peso del Estado sobre el sector privado de la economía. Así, no se alienta un fuerte proceso de inversión privada, la acumulación de capital, mejora de productividad, creación de empleo y crecimiento en serio. Sin embargo, el acceso al crédito permitiría que en 2018 se rompiera el ciclo político de los años pares con caída de PBI. Según nuestras estimaciones, el PBI variaría +2,0% en 2018, un -1,5% menos que lo proyectado por el Presupuesto 2018 (+3,5%).

- El Presupuesto 2018 no ayuda a cumplir la meta de inflación, porque reduce muy poco la emisión monetaria destinada a financiar el déficit fiscal ($ 140.000 MM en 2018 vs. $ 150.000 MM en 2017), dificultando la política monetaria del Banco Central (BCRA) que deberá seguir haciendo malabares. En un marco de expectativas racionales y al igual que en 2017 cuando la meta no se cumple (¿por 5 ó 6 p.p.?), en 2018 el mercado descontará que se seguirán emitiendo pesos de más para pagar el déficit y comprar los dólares de la deuda, lo cual le pondrá un piso elevado a las expectativas dificultando el descenso de la inflación observada hacia la meta (12%/8%).

- El Presupuesto 2018 no es de ajuste, porque sigue manteniendo un déficit fiscal financiero más elevado que a fines de 2015. Considerando los intereses intra sector público, el déficit financiero bajaría de 7,3% (cumpliendo meta 2017) a 6,5% (2018) del PBI, superando por +0,4 p.p. al déficit 2015 (6,1% del PBI). De hecho, se plantea una reducción del déficit financiero similar a la caída de los subsidios económicos (-0,6% del PBI), mostrando que sólo ajusta una parte del sector privado.

Esta falta de ajuste se aprecia inapelablemente en tres hechos: i) en 2018 se proyecta tomar u$s 30.000 millones de deuda, lo cual no es muy diferente a los u$s 78.850 MM colocados en 2016/2017 (sin Holdouts y BONAR X); ii) en 2018 el pago de intereses (+10,8%) es la cuenta que más aumenta en términos reales en 2018, y iii) Saliendo todo según lo planeado en el presupuesto (nunca sucede), el déficit financiero cerraría 2019 (5,9%) en niveles similares a 2015.

- El Presupuesto 2018 no reduce el peso del Estado: el gasto público (-0,7%) y la presión tributaria (-0,3%) no sólo no caen prácticamente en términos de PBI, sino que bajan gracias a dos artilugios: i) la baja de gasto coincide con el recorte de los subsidios económicos (-0,6% del PBI) y, ii) la baja de la presión tributaria es inexistente cuando se netean los ingresos tributarios del blanqueo en 2017 (0,4% del PBI). Además, ambas reducciones se logran sólo vía licuación por crecimiento económico, lo cual implica que el peso del Estado no disminuiría si el crecimiento del PBI terminara siendo menor (E&R +2,0% vs. Presupuestado +3,5%).

- El Presupuesto 2018 es progresista y redistribuye ingresos. Los subsidios económicos destinados a la población de mayores ingresos (CABA y GBA) caen a menos de la mitad, bajando de 5,1% (2015) a 2,5% (2018). Paralelamente, el gasto social sube de 14,7% (2015) a 15,4% del PBI (2018). Este incremento se explica fundamentalmente por el aumento en seguridad social (jubilaciones, pensiones, jubilaciones y pensiones no contributivas y seguro de desempleo) que sube de 10,4% (2015) a 11,6% (2018) debido fundamentalmente a la Reparación Histórica. Esta redistribución progresista del ingreso se evidencia cuando se observa que el Ministerio de Energía (-30,4%) y el Ministerio de Transporte (-19,0%) pierden ingresos contra la inflación, mientras que el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (+1,9%); Ministerio de Desarrollo Social (+4,8%); Ministerio de Educación (+5,3%) y el Ministerio de Trabajo (+5,7%) ganan recursos en términos reales.

El Presupuesto 2018 asegura que el ritmo de toma de deuda baje poco durante los próximos años, lo cual es un riesgo que no se puede ignorar. El ritmo de endeudamiento es actualmente más problema su nivel. Descontando deuda con BCRA, la deuda/PBI de Argentina (41,2%) coincide con el promedio de la región (41%), pero nuestras colocaciones en moneda extranjera (u$s 45.951 MM) superan casi 4 veces las de Méjico (u$s 12.560 MM) y 9; 10 veces las de Ecuador (u$s 5700 MM) y Brasil (u$s 4000 MM) en 2016/2017. Hoy en día y con financiamiento, el costo de la mala política fiscal es un costo de oportunidad, no hacer las correcciones que hay que hacer para crecer en serio. En el futuro y con niveles de deuda más elevados, un eventual cierre del financiamiento podría tener costos tangibles: crisis y ajuste macro.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Todo los que no sabes y tenes que saber del Presupuesto 2018.

PRESUPUESTO 2018: NO AJUSTA, REDISTRIBUYE Y NO SIRVE PARA CRECER “EN SERIO”.


Los problemas económicos de “fondo” tienen origen fiscal. La mala política fiscal, con su gasto público, presión tributaria y déficit fiscal (ajustado por recaudación) récord, nos condena a no crecer “en serio” y a vivir con alta inflación.

En este marco, crecer “en serio” con baja inflación en el largo plazo exige (comenzar) cambiar la política fiscal, reduciendo el déficit con baja de impuestos, es decir bajando "en serio" el gasto público. En este contexto, el Presupuesto gana trascendencia porque muestra el plan de política fiscal para los próximos años, adelantándonos hacia dónde podría ir el escenario macro económico futuro en materia de crecimiento, inflación, empleo y salarios.

Si el Presupuesto plantea correcciones en la política fiscal, aumenta la probabilidad de crecer “en serio” y en forma sostenida. También sube la chance que la inflación baje más y rápidamente, con creación de empleo y mejores salarios (con más poder adquisitivo). Por el contrario, si el Presupuesto sigue “en la misma”, lo más probable es que el crecimiento no sea “en serio” sino tibio o inexistente, con incumplimiento de la meta inflación (como en 2016 y 2017), baja o nula creación de empleo y salarios estancados o cayendo. 

Presupuesto 2018 y el crecimiento y la inflación:

El proyecto de Presupuesto 2018 no comienza a cambiar la política fiscal. Es un Presupuesto más pensado para seguir surfeando el oleaje político, que para comenzar a corregir los problemas económicos de fondo de nuestra economía.  Se podría decir que es un Presupuesto más hecho a la medida de Jefatura de Gabinete (recordar a Marcos Peña diciendo que después de las elecciones no habría ajuste) que del presidente (que en cada aparición dice que hay que bajar impuestos y déficit fiscal).

En pocas palabras, el Presupuesto 2018 no baja prácticamente el peso del Estado sobre el sector privado de la economía, con lo cual no alienta un fuerte proceso de inversión privada, acumulación de capital, mejora de productividad, creación de puestos de trabajo y crecimiento “en serio”. Sin embargo, el acceso al crédito (se proyecta tomar deuda por usd30.000 MM) permitiría que en 2018 se rompiera el ciclo político de los años pares post electorales con variación del PBI negativa. De acuerdo con nuestras estimaciones, el PBI variaría +2,0% el próximo año, un 1,5% menos que lo proyectado por el Presupuesto 2018 (+3,5%).

En términos de inflación, el Presupuesto 2018 proyecta un aumento del nivel general de precios minoristas de +15,7% promedio anual con punta en torno a 10% inter anual en diciembre 2018. Sin embargo, se establece que el BCRA financiaría al Tesoro en $140.000 MM, es decir sólo -$10.000 MM que en 2017. Por lo tanto, el Presupuesto 2018 tampoco reduce significativamente la emisión monetaria destinada a financiar el déficit fiscal, lo cual no es positivo para el cumplimiento de la meta de inflación de 2018.

¿Por qué la emisión monetaria destinada a financiar el déficit fiscal puede dificultar el cumplimiento de la meta de inflación? Porque hay expectativas racionales en Argentina. El mercado descuenta que, al igual que en 2017, el BCRA emitirá pesos para pagar el déficit fiscal y comprar los dólares de la deuda en 2018. En consecuencia, las expectativas de inflación no bajan estableciendo un piso elevado por encima de la meta para la inflación observada.

El Presupuesto 2018 No es Ajustador:

El Presupuesto 2018 no es un presupuesto de ajuste, ya que sigue manteniendo un déficit fiscal financiero (después de intereses) más elevado que el heredado a fines de 2015, lo cual desmiente y deja sin sentido las críticas del ex Ministro Axel Kicillof afirmando que es un presupuesto ajustador. Nada más alejado de la realidad.

De hecho, se plantea una reducción del déficit fiscal financiero similar a la caída de los subsidios económicos (-0,6% del PBI), mostrando que sólo ajusta una parte del sector privado. Puntualmente y sin considerar el pago de intereses de deuda intra sector público, se plantea que el déficit financiero (después del pago de intereses) baje de 6,2% (2017) a 5,5% (2018) del producto. Considerando los intereses intra sector público, el déficit financiero bajaría de 7,3% (cumpliendo la meta de 2017) a 6,5% (2018) del PBI, superando por +0,4 p.p. al déficit fiscal heredado del último ministro de CFK (5,8% del PBI). En este sentido, es importante destacar que si todo sale de acuerdo con lo planeado y proyectado en este proyecto de presupuesto, luego de los cuatro años de mandato de Macri el déficit financiero cerraría en 2019 (5,9%) en niveles similares a lo que dejó Kicillof (6,1%) en 2015. 

Paralelamente, tampoco se presupuesta bajar significativamente ni el gasto público, ni la presión tributaria.  En este sentido, el Presupuesto 2018 plantea que con un PBI nominal creciendo +19,2% (inflación de +15,7% y crecimiento de +3,5%), el peso del gasto público y la presión tributaria caerían tan sólo -0,7% y -0,3% en términos del PBI, respectivamente. 

Este “recorte” al tamaño del sector público es totalmente marginal, si consideramos que, según nuestras proyecciones, la presión tributaria del sector público consolidado (Nación, provincias y municipios) alcanzaría 34,7% del PBI en 2017 mientras que el gasto público se ubicaría en 43,5% del PBI. Estas magnitudes son similares a las observadas en 2015 y por supuesto se encuentran muy alejadas de los años previos al 2011, cuando la economía crecía, y del promedio regional.


En otras palabras, la disminución del gasto público coincidiría con el recorte de los subsidios económicos (-0,6% del PBI) y la baja de la presión tributaria sería inexistente cuando se netean los ingresos tributarios provenientes del blanqueo en 2017 (0,4% del PBI). 

En pocas palabras, el Presupuesto 2018 no introduce cambios en la política fiscal porque el déficit fiscal financiero (-0,6%), el gasto público (-0,7%) y la presión tributaria (-0,3%) prácticamente no se reducen en términos del producto. Es más, estas reducciones se logran sólo vía licuación por crecimiento económico, lo cual implica que el peso del Estado sobre el sector privado de la economía no bajaría nada si el crecimiento terminara siendo menor (la estimación E&R es +2,0%) al presupuestado (+3,5% del PBI).

El Presupuesto 2018 Re Distribuye Ingresos como nunca antes:

El Presupuesto 2018 redistribuye ingresos más que cualquiera de sus antecesores, ya que reduce los subsidios económicos destinados a los sectores de mayores ingresos y aumenta el gasto en servicios sociales.  En números y comparado contra 2015, los subsidios económicos caen a menos de la mitad bajando de 5,1% (2015) a 2,5% (2018), mientras que el gasto social sube de 14,7% (2015) a 15,4% del PBI (2018).

Este incremento del gasto en servicios sociales de 14,7% (2015) a 15,4% (2018) del PBI  se explica fundamentalmente por el aumento del gasto en seguridad social (jubilaciones, pensiones, jubilaciones y pensiones no contributivas y seguro de desempleo), que sube de 10,4% (2015) a 11,6% (2018) del producto. Este último aumento del gasto en seguridad social se debe fundamentalmente al impacto de la Ley de Reparación Histórica y, en menor medida, a la movilidad jubilatoria. Del otro lado, la contracara del sostenido aumento del peso de las jubilaciones es la caída del gasto en los restantes servicios sociales (Educación y Cultura; Ciencia y Técnica, Vivienda y Urbanismo, Trabajo y Agua Potable y Alcantarillado), que baja del 4,3% (2015) al 3,8% (2018) del PBI.


No obstante, hay que decir que en términos históricos, el Presupuesto 2018 sigue gastando lo que siempre se gastó en los restantes servicios sociales por fuera de seguridad social, es decir; no se hace ningún ajuste en términos históricos. El problema es que el pago de jubilaciones, pensiones y seguro de desempleo eleva la cuenta del gasto social total, poniéndole un techo bajo a los restantes servicios sociales (Educación y Cultura; Ciencia y Técnica, Vivienda y Urbanismo, Trabajo y Agua Potable y Alcantarillado).


De hecho, si dividimos los distintos Ministerios entre ganadores y perdedores, vamos a llegar a las mismas conclusiones: El único ajuste lo hace el sector privado lo cual se observa en la pérdida de recursos del Ministerio de Energía y del Ministerio de Transporte. El Presupuesto 2018 re distribuye ingresos, ya que el Ministerio de Desarrollo y el Ministerio de Trabajo son los grandes ganadores a la hora de asignar recursos. Y finalmente, no hay ajuste en el Presupuesto 2018, ya que la cuenta que más gana es intereses de deuda porque el déficit fiscal no baja.

En resumen, el Presupuesto 2018 no ajusta y por ende no reduce el peso del Estado pero intenta redistribuir el ingreso, financiando el elevado déficit fiscal con impuestos y toma de riesgo récord. Puntualmente, se proyecta tomar deuda por usd30.000 MM y más toma de deuda en 2018 (se proyecta en usd30.000 MM) y los próximos años.

El Presupuesto 2018 y la Deuda:

Las altas necesidades financieras emergentes del gradualismo y la elevada toma de deuda siembran dudas con respecto a la sustentabilidad del actual programa fiscal. ¿Qué tan sostenible es el actual sendero de deuda en el tiempo? Argentina tiene un nivel de endeudamiento medio, no es bajo (Chile y Perú) pero tampoco alto (Brasil). Bien medido y considerando la deuda intra-sector público (29,9% del PBI), la deuda total asciende a 58,7% del producto, ubicándose por encima del promedio de la región (41%).

Dentro de la deuda intra sector público (29,9%), hay 17.5p.p. que son deuda del Tesoro con el BCRA y 12,4 p.p. que son endeudamiento con otros organismos del sector público, entre ellos el ANSES. Descontando todo el endeudamiento intra-sector público (29,9%), el ratio deuda/PBI asciende a 28.8%, lo cual es similar al nivel de endeudamiento de Chile (25%). Descontando sólo el endeudamiento con el BCRA, el ratio deuda/PBI de Argentina (41,2%) coincide con el nivel de endeudamiento promedio de la región (41%)



En otras palabras, en la actual coyuntura el ritmo de endeudamiento es más problema que el nivel de deuda. Argentina tiene un nivel de deuda mediano y en línea con la región, pero se endeuda a un ritmo muy superior que sus países vecinos. Puntualmente, en lo que va de 2016/2017 las colocaciones de deuda en moneda extranjera de Argentina (usd45.951 MM) han superado por casi 4 veces las colocaciones efectuadas por Méjico (usd12.560 MM) y son más de 9 y 10 veces mayores que lo emitido por Ecuador (usd5.700 MM) y Brasil (usd4.000 MM).




Y el problema es que el Presupuesto 2018 y su gradualismo fiscal aseguran que el ritmo de toma de deuda baje muy poco durante los próximos años, exigiendo que el mundo nos siga financiando mucho y por tiempo prolongado, lo cual es un riesgo que no se puede ignorar.

Asumiendo un mundo sin cambios pronunciados de liquidez y con baja tasa de interés en términos históricos (supuesto fuerte), si Argentina cumple con sus pautas del programa económico (otro supuesto fuerte); muy probablemente habría acceso al financiamiento internacional no sólo hasta fin del actual mandato presidencial, sino también a comienzos del subsiguiente. En este marco, con financiamiento internacional el costo de la mala política fiscal sería un costo de oportunidad: dilapidar la posibilidad de hacer las correcciones que hay que hacer y crecer “en serio”, condenándonos a no progresar cuando está todo dado para poder hacerlo. 

Sin embargo, no se puede dejar de mencionar que el mercado financiero internacional está experimentado una burbuja de valor que sugiere no descartar por completo la probabilidad que ocurra una reversión con endurecimiento de las condiciones financieras, flight to quality y menor acceso al crédito mundial. Si este fuera el escenario, la mala política fiscal nos pondría de cara a un shock externo con ajuste macroeconómico. En este sentido, vale la pena mencionar que la relación activos financieros / PBI de EEUU ya está en niveles superiores a la burbuja previa a Lehman Brothers en 2008. Paralelamente, el mercado de bonos también está muy “inflado” y fuertemente sesgado a los mercados emergentes. Los bonos de los países emergentes (usd17 trillones) son el 17,8% del total del mercado, en el cual EEUU (usd37 trillones) y los desarrollados representan 37,7% y 44,5% del total; respectivamente. Al mismo tiempo, tanto la deuda como las acciones corporativas están en niveles récord. 



















martes, 12 de septiembre de 2017

La estafa de la jubilación pública (publicada en Cronista (07/09/2017)


https://www.cronista.com/columnistas/La-estafa-de-la-jubilacion-publica-20170907-0019.html

De acuerdo con trascendidos, el Proyecto Presupuesto 2018 gasta 59% del gasto primario en Anses y PAMI, lo que representa un aumento de 12 p.p. contra 2016 (47%). La seguridad social se lleva cada vez más. Sin embargo, el sistema de previsión y seguridad social no es previsor, ni brinda seguridad a nadie. No sorprende. Hayek decía: "La palabra social vacía de contenido cualquier palabra a la que se le aplique, aunque nada anormal haya sucedido".

La jubilación estatal tiene 4 problemas: i) está expuesto a las presiones políticas (caja política); ii) es una estafa intergeneracional; iii) es un fraude a los aportantes y beneficiarios y, iv) atenta contra la inversión, productividad, crecimiento, creación de empleo y el poder adquisitivo del salario. El sistema jubilatorio de reparto debería desaparecer. Voy a explicar por qué.

La jubilación estatal de reparto nació como una estafa de la corporación política. Bismarck (1889) creó el sistema fijando la edad de jubilación en 70 años cuando la esperanza de vida era de 35 años (hombres) y 38 años (mujeres), lo cual brindó una cuantiosa caja a la política alemana. En Argentina, las cajas jubilatorias financiaron cualquier cosa menos jubilaciones. De hecho, en 2016 el FGS del Anses gastó $ 158.085 millones financiando Procrear, préstamos a beneficiarios del SIPA, préstamos a Provincias y déficit fiscal, lo cual equivale casi al 30% de las jubilaciones ($ 572.659 MM) y es un +47% superior al pago de Asignaciones familiares y AUH ($ 107.628 MM).

El sistema de reparto es una transferencia intergeneracional injusta e ineficiente que hipoteca el futuro. En este sistema, los participantes iniciales convencen a los posteriores para que les transfieran fondos (a ellos) a cambio de una promesa de transferencias mayores provenientes de una (supuesta) cantidad superior de participantes futuros. Sin embargo, esto es una estafa intergeneracional, ya que el sistema no se adapta a los cambios demográficos signados por una esperanza de vida en aumento. La cantidad de personas mayores de 60 se triplicará durante los próximos 25 años. Paralelamente, la tasa de fertilidad bajará. Así, el número de beneficiarios (jubilados) aumenta sostenidamente en relación con la cantidad de financiadores (trabajadores), con lo cual el sistema funciona cada vez peor hasta colapsar.

Este sistema hipoteca el futuro de los niños actuales y de los que todavía no han nacido. El gasto en seguridad social aumenta en detrimento del gasto en educación y salud. En otras palabras, se gasta cada vez más en los ancianos (pasado) y menos en los jóvenes y niños (futuro); es decir se desinvierte en capital humano atentando contra el crecimiento y el futuro. El gasto de Nación en nuestros abuelos (10% del PBI sumando jubilaciones y pensiones -9,1%, y PAMI -0,9%) casi duplicó las erogaciones en educación (5,6%) y salud (6%) de las tres esferas en 2016. Paralelamente, el gasto global en Ciencia (0,3%), Vivienda y Urbanismo (1,2%) y Agua potable y cloacas (0,6%) es prácticamente inexistente al lado del gasto en jubilaciones y pensiones (9,1%).

El sistema jubilatorio de reparto es una estafa, tanto para los aportantes como para sus beneficiarios. Asumamos que un hombre ahorra a lo largo de toda su vida laboral (20 a 65 años) lo que actualmente le descuentan mensualmente en concepto de Aportes Personales (11%). Utilizando el salario promedio privado registrado ($ 22.859) en dólares y capitalizándolo a una tasa del 5% anual, el trabajador llegaría a sus 65 años con un ahorro de u$s 317.000. Según la expectativa de vida masculina (73 años) en Argentina, cobraría u$s 4002 mensuales hasta fallecer. Si viviera hasta los 80 años percibiría u$s 2.00 y hasta los 85 u$s 2086, su jubilación sería menor.

Sin embargo, la anterior cuenta es incompleta, porque faltan las Contribuciones Patronales (10,17%) de los empleadores. Adicionando este flujo y capitalizándolo también al 5% anual (u$s 608.000), la jubilación masculina treparía hasta u$s 7696; u$s 4807 y u$s 4012 por mes si el hombre viviera hasta los 73; 80 u 85 años; respectivamente. Hoy en día la jubilación promedio asciende a u$s 595. No hay mucho más que agregar.

En 1980/2016 el PBI per cápita anual de Argentina (+0,9%) creció muy por debajo de la región (+1,9%); Alianza del Pacífico (+2,3%) y Chile (+3,0%). En este marco, Argentina necesita crecer fuertemente para recuperar el terreno perdido. Y el sistema jubilatorio estatal es un grave obstáculo para crecer, ya que atenta contra el ahorro, la inversión y la formación de capital, obstaculizando la productividad, la creación de puestos de trabajo y la mejora del salario. Argentina tiene una tasa ahorro/PBI (14%) muy inferior al promedio de la región (22%), lo cual la lleva a invertir y, en consecuencia, crecer mucho menos que la región.

Detrás de este este déficit de ahorro y falta de inversión está el desahorro público y el déficit previsional. En 2016 el déficit de Anses ascendió a 2,6% del PBI, lo cual empujó el déficit fiscal global a 7,1% del PBI. El déficit previsional tiene inexorable tendencia alcista y ascenderá a 3% del PBI en 2017. En este marco, el déficit fiscal global ascenderá a +7,6% del PBI en 2017.

En pocas palabras, el sistema jubilatorio de reparto será cada vez más deficitario, convirtiéndose en obstáculo cada vez más grande contra la inversión, el empleo, los salarios y el crecimiento en el largo plazo. Ergo, la jubilación estatal está hipotecando el futuro de nuestros niños y de los que no nacieron. ¿No vamos a hacer nada?

lunes, 4 de septiembre de 2017

“ARGENTINA TIENE UNA ESTANFLACIÓN DE OFERTA POR ASFIXIA DEL SECTOR PÚBLICO” (publicada en El Economista 29/8/2017)

http://www.eleconomista.com.ar/2017-08-argentina-una-estanflacion-oferta-asfixia-del-sector-publico/

Diego Giacomini, economista, director de Economía & Regiones y profesor de la UBA, dialogó con El Economista acerca de un futuro económico para el que prevé pocos cambios. Y para el que enciende algunas señales de alarma.

Para usted el Gobierno no planea reducir el gasto después de las elecciones. ¿Le parece que va a cumplir las metas fiscales del 2018?
El problema es si esas metas son buenas o son malas. Si alcanzan o no. Vayamos por partes: lo principal es que las metas fiscales están mal diseñadas, porque tendrían que estar confeccionadas sobre el déficit fiscal financiero, incluyendo al pago de intereses adentro. Y están hechas con el déficit primario, antes del pago de intereses. En un Gobierno con alto niveles de déficit fiscal y la estrategia de financiarlo con deuda, es una inconsistencia. La manera más contundente de visualizar esto es que si hacemos una simulación de acá a 2019 y asumimos que Nicolás Dujovne se queda hasta el 2019, y cumple las metas de déficit primario y el aumento de la carga de intereses sigue con la trayectoria actual, metiendo adentro de la cuenta a todos los intereses, la reducción del déficit primario sería compensada por el aumento de la carga de intereses de manera que, al final del 2019, si todo sale perfecto, el déficit financiero será de 5,8% del PIB. Número similar al 5,9% que dejó Axel Kicillof en el 2015.

Y tomando sólo el déficit primario, tal como están planteadas hoy las metas, ¿las cumplirá?
Luce complicada de cumplir esa meta de déficit primario, lo que agrava la situación. Luce complicado cumplirla porque la Anses tiene un déficit de casi 3 puntos del PIB. Y teniendo en cuenta la Reparación Histórica, todo hace pensar que la brecha entre los ingresos y egresos del sistema previsional se va a agrandar, presionando sobre el déficit primario. Y, además, el punto de partida también luce complicado. En el primer semestre de este año las metas de déficit primario fueron sobrecumplidas porque eran muy holgadas. Todo parece indicar que el Gobierno, para cumplir la meta de la totalidad del 2017, va a tener que aumentar el stock de deuda flotante. Es decir, trasladar pagos del 2017 a 2018. Así, el punto de inicio de 2018 ya parece complicado.

Lo principal es que las metas fiscales están mal diseñadas, porque tendrían que estar confeccionadas sobre el déficit fiscal financiero, incluyendo al pago de intereses adentro


Desde su punto de vista esto afecta con fuerza al crecimiento…
El estancamiento económico de Argentina y la caída del PIB per capita que experimenta hace seis años (entre 2011 y 2016 cae 7%) se explica por lo fiscal. Argentina tiene una estanflación de oferta agregada por asfixia del sector público. Es decir, no crece porque el sector público ahoga al sector privado. El gasto público es 15 puntos mayor al del promedio de la región, la presión tributaria es 11% más elevada, el déficit fiscal es el triple y el costo del capital también. A esto le agrego que tenemos las peores regulaciones de la región tanto en mercado de trabajo como en comercio interno e internacional. Entonces, Argentina no crece porque el sector privado está ahogado por el sector público y no tiene incentivos a aumentar la producción e invertir. No se gana productividad y no hay incentivos a generar nuevos puestos de trabajo. Así la oferta agregada no crece. Como consecuencia de esto, y porque aumenta la oferta laboral, el salario real cae y el consumo pierde dinamismo.

Muchos analistas creen que el año que viene aflojará el gasto público y que el motor del crecimiento pasará a ser la inversión. ¿No lo ve posible?
La inversión proviene del ahorro. Sin un caudal de ahorro razonable, no puede haber mucha inversión porque no hay con qué pagarla. En la región la relación inversión/PIB es el 23% y el ahorro ronda el 22-23%. En Argentina tenemos un sector público que, al sumar la Nación más provincias, tienen un desahorro de 8 puntos porcentuales, que es el déficit fiscal. Eso hace que el ahorro total de nuestra economía ronde el 14%. No sorprende que la inversión esté en el 14-15% del PIB. Así la economía no va a creer con fuerza.

Anses tiene un déficit de casi 3 puntos del PIB. Y teniendo en cuenta la Reparación Histórica, todo hace pensar que la brecha entre los ingresos y egresos del sistema previsional se va a agrandar, presionando sobre el déficit primario


Continuará entonces la caída del PIB per capita…
Si Argentina no crece en serio es por razones fiscales. Para tener chances de volver a crecer, como condición previa, tenés que arreglar primero lo fiscal. Si lográs empezar con eso, vas a tener chances de crecer. El Gobierno va por el camino contrario. Está apostando a arreglar lo fiscal a través del crecimiento. Esto se ve en el acuerdo Nación-provincias. La Nación acordó con los gobernadores congelar el gasto público y la presión tributaria contra la inflación. Y apuesta a que el crecimiento económico vaya bajándolos relativamente. Asumiendo que todo esto se diera por arte de magia, convergeríamos al nivel de gasto público y presión tributaria del promedio de la región recién en 2026. Si no crecemos porque hace falta inversión, y si en todos los países de la región el gasto y la presión tributaria es más baja que en Argentina, tanto los extranjeros como los locales van a elegir invertir en otro país y no en Argentina.

No cree tampoco en la posibilidad de un boom de inversión extranjera, ¿o sí?
Sin corregir lo fiscal, sin aplicar reformas estructurales de fondo, no sólo fiscales sino también en el mercado de trabajo y en el comercio internacional, es muy difícil que Argentina recepcione el caudal de IED que necesita. Históricamente, en el ranking de posiciones de Latinoamérica, Argentina era el tercer país en IED. Hoy está sexta o séptima. Primero Brasil y México y después nos pasó Chile, Perú, Colombia… Sin reformas estructurales de fondo puede haber algún rebotecito como ahora, porque comparás contra el 2015 que no había nada de IED. Cualquier cosa dividido cero tiende al infinito. Pero lejos de lo que se necesita para crecer sostenidamente.

¿Seguirá siendo la obra pública la que motorice al PIB?
La obra pública no puede ser motor de crecimiento económico. Sirve sólo para generar un rebote del gato muerto, como ahora. Pero no puede ser pensada como motor de un crecimiento económico sostenido y de largo plazo. La obra pública, para que fomente el crecimiento, tiene que incentivar a la inversión privada. Y puede ser sustitutiva o complementaria de la inversión privada. Si es complementaria es positiva. Si no, es negativa. La reemplaza. En Argentina siempre se dio la segunda opción. Lo importante es cómo está financiada. Si es con superávit fiscal, o sea con ahorro genuino, incentiva el crecimiento de la inversión privada. Si está financiada con deuda desincentiva a la inversión privada porque le reduce el financiamiento y se lo encarece, aumentando el costo de capital. Además si la financiás con deuda aumentás la apreciación cambiaria. Y si abaratás el dólar sin corregir lo fiscal generás expectativa de devaluación y al inversor tanto argentino como extranjero le va a convenir esperar a que ocurra la corrección cambiaria. La inversión pública en Argentina forma parte de este déficit fiscal que sumando los tres niveles del Estado y contemplando los intereses, es el 8% del PIB. Es todo financiado con deuda. Entonces no creo que potencie la inversión privada y genere crecimiento de largo plazo.

Si Argentina no crece en serio es por razones fiscales. Para tener chances de volver a crecer, como condición previa, tenés que arreglar primero lo fiscal


¿Cómo ve el PIB en 2018?
Para 2017 proyectamos una variación positiva del 2,3%. Teniendo en cuenta que en gran parte es un rebote del gato muerto, por baja base de comparación, en 2018 no va a estar ese componente así que la variación va a ser menor a la de este año.

Volvemos al orden de causalidades de lo fiscal y el crecimiento…
La situación fiscal tiene que arreglarse para poder crecer. La causalidad es arreglar primero lo fiscal y después crecer. Invertirla es un error.

Con la salida de divisas por intereses, por turismo, fuga y la estrategia de endeudamiento, con un escaso ingreso de IED, ¿se está creando una restricción externa a futuro?
Dadas las condiciones financieras internacionales de gran liquidez, la tasa de interés internacional es bajísima y se espera que suba muy poco y muy lento. Veo poco probable que haya restricción externa en materia de financiamiento en 2018. Lo más probable es que el Gobierno acceda sin ningún problema a todo el financiamiento que necesite. Vía endeudamiento, la deuda le va a permitir salir de la dinámica del PIB atado al ciclo político, con crecimiento en los años impares eleccionarios porque se fuerza la máquina incentivando la demanda agregada, pero con pago de los platos rotos y ajuste macroeconómico en los años pares, que siguen a los electorales. El Gobierno va a romper esta dinámica el año que viene de la mano del endeudamiento. Va a evitar la variación negativa del PIB en 2018. Nos vamos a endeudar para que el PIB per capita no crezca sino que deje de caer y quede en un nivel constante. Y hay que ver cómo sigue el mundo, cómo siguen la tasa de interés y la liquidez internacional. Ver si seguimos teniendo acceso al financiamiento internacional, en un marco en el que el exceso de gradualismo fiscal no sería la mejor receta. Porque no bajar el déficit y que aumente el ratio deuda-PIB en forma sostenida es sólo viable en un mundo donde la situación financiera es excesivamente holgada. El track récord, no hay que olvidarse, es uno de los más desfavorables del mundo. Estamos segundos en el mundo en mal comportamiento a la hora de honrar nuestra deuda.