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viernes, 27 de marzo de 2015

Kicillof y el multiplicador de pobreza

por Javier Milei

Desafortunadamente para los 42 millones de argentinos que habitamos este suelo, el Ministro de Economía, Axel Kicillof, nos sigue castigando con sus frases poco felices. Esta vez fue el turno de la pobreza, donde el Jefe del Palacio de Hacienda afirmó que “cuantos pobres hay es una pregunta bastante complicada”, al tiempo que confesó no tener claro el número de pobres y que la medida le parecía bastante estigmatizante. A su vez, al ser consultado sobre la falta de cifras oficiales sobre pobreza, Kicillof negó que el Gobierno quisiera ocultar los índices y dijo que “hay un índice, que por los problemas de hacer homogénea la serie y hacerla nacional lleva más tiempo, y que cuando esté, se la va a publicar”; argumento muy similar al que diera tiempo atrás Jorge Capitanich. Por lo que parece, el empalme de las series tiene una tarea hercúlea adicional: ser coherente con el relato.
Por suerte, para los economistas y sobre todo para la humanidad, desde la edición de “la teoría general” de John Maynard Keynes en 1936, el análisis económico evolucionó muchísimo. Así, luego de que el Premio Nobel de Economía 2001 George Akerlof publicara el trabajo “The Market for Lemons” en 1970 (donde desarrolla el concepto de selección adversa –equilibrio de malos-) y que ello diera lugar al nacimiento del análisis económico bajo información asimétrica (entre otras cosas), hemos descubierto lo que hoy se conoce como “principio de revelación” (Hurwicz 1973, Spence 1974, Rothschild-Stiglitz 1976 y Myerson 1979 y 1982), el cual estaría arrojando mucha luz respecto a este culebrón estadístico.
El principio de revelación sostiene que si unos agentes tienen algo que ganar revelando un valor favorable de algún rasgo, otros se verán obligados a revelar sus valoraciones menos favorables. Esto es, mediante dicho principio, todos los agentes deben revelar sus cualidades, aún los menos favorecidos. La no revelación de su rasgo será interpretado como que no tiene nada bueno para mostrar, ya que de lo contrario no tendría sentido ocultarlo. Un caso que nos puede ayudar a ver cómo trabaja este principio es el de los sapos que buscan pareja.
Cuando un sapo y su rival luchan por la misma pareja, cada uno ha de tomar una importante decisión estratégica. ¿Debe pelear por ella o irse en busca de otra? Pelearse es arriesgarse a quedar malherido, pero continuar la búsqueda también implica un costo. En el mejor de los casos, lleva tiempo, y no hay garantía alguna de que la siguiente pareja posible no sea objeto de los afectos de otro sapo. En la elección de una de estas opciones desempeña un importante papel la valoración que haga cada uno de los sapos de la capacidad de lucha del otro. Si el rival es considerablemente más grande, la probabilidad de vencer será baja, por lo que la probabilidad de quedar malherido será alta, de este modo, lo más prudente sería continuar la búsqueda. En caso contrario, es posible que pelear sea una buena decisión.
Muchas de estas decisiones deben tomarse por la noche, cuando es difícil ver. Por ese motivo, los sapos recurren a algunas pistas invisibles. La más fiable es el tono del canto del rival. En general, cuanto mayor es un sapo, más grandes y gruesas sus cuerdas vocales y, por lo tanto, más grave es su canto. Si un sapo escucha un canto grave por la noche, puede deducir de manera razonable que procede de un sapo grande. A su vez, para que las señales que se transmiten a los adversarios sean creíbles deben ser costosas de fingir. Puesto en otros términos, si a los sapos pequeños no les costara nada imitar el canto grave que caracteriza a los sapos grandes, ésta dejaría de ser una característica de los sapos grandes. Sin embargo, no pueden imitarlos y junto con ello, los sapos grandes tienen una ventaja natural que hace del canto grave una señal fiable. De hecho, algunos experimentos han demostrado que al sapo común suele intimidarle más un canto grave que uno agudo.
Imaginemos que tenemos un índice que va de 0 a 10 que mide el tono del canto de un sapo y que el valor promedio es de 5. Así, en un primer momento, todos aquellos que tienen un nivel de graves que supera al 5 tendrán incentivos a revelar su canto ya que de lo contrario se inferiría que son sapos menores al promedio. Al mismo tiempo, dado que los grandes revelaron su tipo, para aquellos que han callado ahora existe un valor esperado de 2,5, por lo que aquellos que tienen un canto superior a dicho nivel terminarán cantando. Siguiendo este análisis, cada uno de los tipos de sapos terminará revelando de qué tipo de sapo se trata, donde el único que no lo hará, al menos de manera explícita, será el sapo de peor condición.
Este análisis describe perfectamente lo que ha sucedido con la publicación de las estadísticas de pobreza. El primero en mover fue el Observatorio de la Deuda Social de Argentina de la UCA con la publicación de su índice a partir del año 2010, cuando quedaba claro como el manejo de las estadísticas por parte de Guillermo Moreno subestimaba la cantidad de pobres. Así, para la casa de altos estudios, la pobreza de 2013 alcanzaba al 27,5% de la población. Paralelamente, el Instituto Pensamiento y Políticas Públicas (IP&PP) estimó a la pobreza en un 36%. Por lo tanto, cuando Axel Kicillof decide no publicar el dato, ello deja de manifiesto que el verdadero nivel de pobreza es superior al dato del IP&PP, ya que si fuera mejor lo revelaría.
Por último, y en línea con lo anterior, habría que recordarle al Ministro de Economía que días atrás el INDEC publicó la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), la cual, en su capítulo sobre la distribución del ingreso para el IV Trimestre de 2014 muestra que si se toma el ingreso por ocupación principal, más del 40% de los individuos percibe una remuneración inferior a los $ 4.400 mensuales correspondientes al salario mínimo vital y móvil del período en cuestión. Al mismo tiempo, si se toma el nivel de ingreso medio por grupo familiar, poco más del 50% de las familias estaría en una situación de alta vulnerabilidad (ingresos familiares menores a $ 8.800 por mes). En definitiva, todo pareciera indicar que respecto a los indicadores de pobreza nos encontramos frente algo peor a lo que fue el IPC del ex Secretario de Comercio, que pese a lo mal que medía se publicaba. Naturalmente, la presente situación es de gravedad extrema, ya que la experiencia muestra que toda variable económica que no se mide empeora, lo cual nos pone frente a un atroz multiplicador de pobreza, aunque el mismo pone a resguardo al alicaído relato.

jueves, 26 de marzo de 2015

El Tipo de Cambio Bilateral con Brasil tiene más problemas hoy que 1999/2001

El impacto negativo de nuestras políticas sobre el crecimiento económico y el empleo se encuentra actualmente agravado porque Brasil ya no puede ayudarnos a amortiguar (disimular) los efectos nocivos de nuestras malas decisiones en materia de políticas fiscales, monetarias y de ingresos.   


Brasil es el principal socio comercial de Argentina. Aproximadamente, el 20% de las exportaciones argentinas se dirige hacia el mercado brasilero. Dentro de las exportaciones, el sector industrial (sobretodo el automotriz) es quien más depende del mercado del socio mayor del Mercosur. En este contexto, si a Brasil le va bien, a nuestra economía también le va bien; y al sector industrial le va mejor. Cuando Brasil no crece, las exportaciones industriales argentinas en general y automotrices en particular comienzan a caer.



Como dijimos más arriba, nuestro proceso estanflacionario, que cumplirá cuatro años (2012/2015)  a fin de año, queda fuertemente en evidencia porque en la actualidad Brasil no sólo no puede amortiguar, sino que suma al impacto negativo de nuestras pésimas políticas económicas. Es decir, Brasil está potenciando el efecto negativo de nuestras malas políticas; y dicha potenciación es doble.

Brasil impacta negativamente no sólo con su estancamiento, sino que ahora hay que sumarle los potenciales efectos negativos de la devaluación del real sobre nuestra macroeconomía. Y esta situación se torna más grave en la medida, que con alta inflación doméstica, nuestro gobierno intensifique el uso del dólar cuasi fijo para preservar la actual estabilidad financiera hasta fin de 2015. 

En los últimos siete meses la devaluación promedio mensual (+0.75) nominal del tipo de cambio oficial fue menos de la mitad de la inflación minorista promedio mensual (+2.0%) del IPC Congreso, apreciándose el tipo de cambio real del peso contra el dólar un 8.8% en el período. Paralelamente, la devaluación nominal del real Brasilero multiplicó por más de 8 veces su inflación, permitiendo que el tipo de cambio real contra el dólar se depreciará un 30%. En pocas palabras, en los últimos siete meses la devaluación real del Real brasilero más que triplicó la apreciación del peso argentino contra el dólar, generando una apreciación de 39% de nuestro tipo de cambio bilateral contra Brasil.    

La actual situación del tipo de cambio bilateral de Argentina con Brasil es más delicada que la de 1999/2001 cuando nuestro país estaba en Convertibilidad y nuestro socio abandonó el plan Real dejando flotar su moneda, ya en aquella oportunidad la apreciación se daba exclusivamente como resultado de la devaluación de nuestro socio comercial. Es más, nuestro tipo de cambio real contra el dólar se depreciaba marginalmente, ya que experimentábamos deflación con un tipo de cambio nominal fijo contra la divisa norteamericana, lo cual ayudaba a amortiguar (exiguamente) los efectos de la devaluación en Brasil.  


Por el contrario, la situación actual es mucho más complicada, porque nuestra apreciación está no sólo alimentada por la devaluación real del real contra el dólar como en 1999, sino que está potenciada por la apreciación real de nuestro Peso contra el dólar (lo contrario a 1999), que avanza sostenidamente porque la inflación mensual (20%) más que duplica la devaluación nominal (0.7%) mes tras mes; y para peor así el gobierno argentino pretende seguir así que hasta diciembre 2015.  



Resumiendo, la situación del tipo de cambio bilateral con Brasil es hoy es peor que en 1999 / 2001, porque Brasil devalúa fuertemente y tenemos tipo de cambio fijo como en aquella oportunidad, pero nuestra economía enfrenta una fuerte inflación en lugar de deflación, por lo que la apreciación del tipo de cambio bilateral tiende a ser mayor que en aquella oportunidad. 


Entonces hay que tener bien en claro, que el actual problema de tipo de cambio bilateral con Brasil lo único que está haciendo es poner en evidencia una inconsistencia más de nuestras políticas: mantener un tipo de cambio fijó con altísima inflación y con gasto público y presión tributaria record en la historia. En otras palabras, en Argentina es imposible hacer negocios y ganar plata. Ya ni con nuestro principal socio comercial es posible! Ergo, no es posible con nadie.






El plan del gobierno argentino es seguir manteniendo el dólar cuasi fijo hasta fin de mandato. De conseguir el objetivo, la devaluación del peso frente al dólar oficial ascendería en torno a un 15% anual, mientras que la inflación se ubicaría alrededor del 30% anual (en el mejor de los casos). En este contexto, el tipo de cambio real contra el dólar cerraría el año en torno a un 12% más bajo que a fines de la Convertibilidad, lo cual complicaría aún más el actual escenario en materia de tipo de cambio bilateral contra Brasil.   





De hecho, si en 2015 el dólar oficial terminara en $9.8/$10 y la inflación fuese 30% anual, lo más probable sería que la próxima administración recibiera un tipo de cambio bilateral con Brasil similar al de 1999 / 2001 cuando hubo un proceso de deflación en la economía doméstica que operó para amortiguar los efectos negativos de una devaluación en Brasil con un sistema de tipo de cambio fijo en nuestra economía doméstica. 

En síntesis, al ya preocupante impacto negativo del estancamiento de la economía brasilera sobre el nivel de actividad de Argentina, ahora se le suma la fuerte apreciación del tipo de cambio bilateral contra Brasil, cuya velocidad se acelera como resultado de que Brasil devalúa y Argentina aprecia contra el dólar en términos reales. Sin lugar a duda, esta dinámica resulta por cierto muy preocupante ya que por un lado, afecta severamente la estrategia del Gobierno de mantener las cosas como están en materia cambiaria. Por cuanto agrava el 'atraso' cambiario y, por ende, eleva las expectativas de devaluación del peso constituyendo una amenaza para la actual estabilidad financiera que el gobierno procura mantener hasta fin de 2015. Por el otro, el fortalecimiento del Peso argentino respecto del Real brasilero afecta fuertemente la rentabilidad de los sectores que comercian con Brasil. Serán varios los sectores que se verán negativamente afectados. Entre estos sectores hay que mencionar no sólo los exportadores (industria y automotrices especialmente), sino también los que compiten con importaciones provenientes de Brasil y los que reciben ingresos del turismo brasileño.

El consenso de mercado es que Brasil crecerá poco durante los próximos años.  Hay varios factores que confluyen en la actualidad que serán determinantes para que Brasil crezca poco durante 2015 y los próximos años. En primer lugar, en 2015 y 2016 el nivel de actividad de Brasil se vería influenciado por las crisis en la petrolera estatal Petrobras y la actual escasez de agua y electricidad. A este panorama no benévolo se le suma los recientes reclamos de la ciudanía en las calles, contra el elevado nivel de corrupción y el pobre desempeño económico del país en los últimos años. Más estructuralmente, hay que tener en claro que Brasil tiene una tasa de ahorro doméstico (15% del PBI) muy baja por lo cual, sin fuerte IED, está condenado a tener bajos niveles de inversión (17% del PBI) y por ende una baja tasa de crecimiento del PBI potencial (+2.8%). Justamente, se espera un frente externo menos favorable que le pondrá un techo “bajo” (para las necesidades de Brasil) a la IED. De ahí, que se anticipa que Brasil crecerá a un ritmo bajo y no nos podrá  rescatar de nuestros desatinos en materia de políticas económicas domésticas. Es bueno tenerlo bien en claro

Hay que tenerlo en claro para tener presente que para volver a hacer negocios y volver a ganar plata en Argentina, va a haber que bajar el gasto y la presión tributaria en términos del PBI. También va a haber que derrotar la inflación y para ello se va a tener que crear un BCRA con fuerte vocación anti inflacionaria. También se va a tener que volver a regular eficientemente todos los servicios públicos; pilar indiscutible de competitividad real. Todo esto es competitividad de verdad; y no efímera. No se le podrá pedir nada a Brasil. Mucho menos a la “magia” del tipo de cambio. Nuevamente volverá a depender de nosotros. Una chance más. No la desaprovechemos como siempre.   

sábado, 21 de marzo de 2015

Salir del Cepo con Plan Económico Integral (publicada en Perfil el 21/03/2015).

http://www.perfil.com/contenidos/2015/03/21/noticia_0030.html

El actual gobierno no levanta el cepo porque los problemas que llevaron a establecerlo no sólo continúan vigentes, sino que se agravan día a día. En el primer bimestre de 2014 la política monetaria se ha relajado y la base monetaria pasó de crecer al 19% (cuando se fue Fábrega) al 30% (ahora con Vanoli) interanual.

Actualmente, el dólar real (ajustado por inflación) enfrenta una situación de equilibrios múltiples debido a la falta de confianza y credibilidad. ¿Qué quiere decir? Que si se abriera el cepo (si el BCRA no quisiera perder reservas y dejara flotar el tipo de cambio), el tipo de cambio nominal sobrerreaccionaría y se sobredepreciaría por sobre su equilibrio, generando una aceleración inflacionaria que “más que se comería” la previa depreciación; exactamente igual que en enero de 2014. Por el contrario, si bajo las actuales condiciones el BCRA abriera el cepo y buscara impedir que el dólar nominal se encareciera mucho, la autoridad monetaria perdería la mayor parte de sus reservas que actualmente ascienden a us$ 16 mil millones sin maquillaje y depósitos privados en dólares. En este escenario, la devaluación final y el espiral inflacionario terminarían siendo aún más fuertes que en la anterior alternativa. Claramente, cualquiera de estas dos posibilidades constituiría una salida desordenada del cepo que generaría mayor estanflación que la actual.

La próxima administración deberá salir del cepo, porque se necesita credibilidad en las políticas macro. Debe haber una salida ordenada del cepo, lo cual implica que haya un plan integral detrás.

Del cepo no se puede salir de un día para otro, porque hay que generar las condiciones para poder eliminarlo. Dado que el cepo esconde un exceso de pesos y teniendo en cuenta que el BCRA no puede hacer crecer la demanda de dinero en el corto plazo, el sobrante de pesos deberá ser corregido por medio de la absorción monetaria (bonos del Central) en 2016.

Actualmente no se sabe qué exceso de pesos presentará la economía en diciembre próximo. Lo que sí está claro es que (dada la relajación monetaria ya existente y el aumento del déficit esperado) muy probablemente sea mayor al actual (4% del PBI). Sin saber cuántos pesos “de más” habrá que sacar, no se sabe la magnitud de la política a aplicar, ergo, no se puede conocer con precisión cuánto tiempo demandará efectivizar el retiro del cepo.

Muy importante: el retiro del cepo también exige que el nuevo gobierno anuncie y aplique un plan de reducción del gasto que elimine la dominancia fiscal. Hay que ajustar el gasto para evitar que “salgan” pesos por una ventana y “entren” por otra. Concretamente, la eliminación de los pesos sobrantes y la reducción del gasto público en términos del PBI son dos prerrequisitos fundamentales para que la próxima administración pueda quitar el cepo. Esa reducción del gasto debe ser acompañada con una baja de la presión tributaria que incentive la inversión, la generación de puestos de trabajo y el crecimiento en el sector privado de la economía.

También harían falta un tercer y un cuarto requisitos, que serían institucionalizar (con nueva carta orgánica) un BCRA con fuerte sesgo antiinflacionario y promover un nuevo marco regulatorio para los servicios públicos que promovería ingresos de dólares al sector energético. Esto último lleva más tiempo, pero su anuncio, acompañado de la efectivización de las otras medidas (de más acelerada aplicación), potenciaría un círculo virtuoso de credibilidad.

La credibilidad no se logra de un día para otro porque se construye haciendo coincidir las palabras con las acciones, por lo que se la construye sólo gobernando; y lleva tiempo. Pero dicha credibilidad será fundamental para apuntalar (que no caiga al abrir el cepo) la demanda de dinero y contribuir a que el mercado monetario se limpie más fácil y rápidamente. Con la credibilidad construida, el BCRA podrá remover el cepo y el dólar flotar libremente hasta su nuevo valor de equilibrio sin que se pierdan reservas ni se genere un fuerte proceso inflacionario. Este plan integral gozaría del beneficio de tener un termómetro de que las “cosas” se están haciendo bien: el tipo de cambio nominal debería comenzar a apreciarse a medida que el círculo virtuoso comenzara a rodar.