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viernes, 29 de julio de 2016

Milton Friedman: el exterminador de keynesianos (Nota publicada en Cronista el 29 de Julio 2016).

por Javier Milei

El próximo 31 de julio, al igual que todos los años, los libertarios del mundo festejamos el día de la Libertad. La fecha en cuestión tiene su sustento en el día de nacimiento de quien fuera el economista más influyente en la segunda parte del Siglo XX: Milton Friedman, un individuo cuyo trabajo en el campo científico y en la promoción de las ideas de la libertad ha sido fantástico.

De hecho, sus desarrollos teóricos no sólo son relevantes y trascendentes sino que por sobre todas las cosas actuales (en especial para el caso argentino). A su vez, la producción del Padre del Monetarismo podría agruparse en tres campos: (i) académico, (ii) divulgación y (iii) conferencias.
Si bien cada uno de los campos de actuación ameritaría mares de tinta, me concentraré en los aportes académicos más relevantes a la luz del debate con los keynesianos.

En este sentido, el primer gran aporte deviene de ‘La teoría de la función de consumo’, en la que presenta la hipótesis del ingreso permanente. Acorde a esta teoría, el individuo, para decidir que es lo que consumirá toma el ingreso permanente. A su vez, el ingreso transitorio es la diferencia entre el ingreso corriente y el ingreso permanente, y es lo que el individuo ahorra. Cuando el ingreso transitorio es positivo la gente ahorra; cuando el ingreso transitorio es negativo, la gente des-ahorra. De este modo, los cambios en el consumo ante cambios en el ingreso corriente son insignificantes, la propensión marginal al consumo cae y el multiplicador se desvanece. Friedman: 1 - keynesianos: 0.

Al tiempo que la evidencia empírica le daba la espalda a la función de consumo keynesiana, en los EE.UU. se había comenzado a acelerar la tasa de inflación. Ante dicha situación, los precios fijos del sistema ideado por Keynes no brindaban solución. Para dar respuesta a ello, el Friedman recupera la ‘Teoría Cuantitativa del Dinero’ y la interpreta como una función de demanda de dinero. Así, validar la estabilidad de dicha función implica que los aumentos en la cantidad de dinero, en el largo plazo (momento en el cual todos los ajustes toman lugar) se traducen en mayores precios. De este modo, no sólo explicaba la creciente inflación, sino que probaba la falsedad de la trampa de la liquidez, al tiempo que la política monetaria recuperaba su poder de fuego. Friedman: 2 -keynesianos: 0.

El tercer gran hito académico viene dado por la publicación de ‘La Historia Monetaria de los EEUU (1867-1960)’, escrito junto a Anna J. Schwartz. La obra no sólo es uno de los textos más influyentes de la teoría monetaria, sino que a la luz del debate con los keynesianos, el capítulo 7 sobre ‘La Gran Contracción de 1929-1933’ es una paliza obscena. En el mismo, no sólo se prueba la potencia de la política monetaria, sino que además pulveriza la idea de los precios fijos y desnuda el problema keynesiano de la ilusión nominal en la determinación de la inversión. Esto es, la tasa de interés nominal podía ser nula, pero dada la deflación la tasa real era enorme. De esta manera, quedaba demostrado que tanto las rigideces de precios y salarios a la baja, como la peregrina idea de los empresarios guiados por los espíritus animales carecían de sustento empírico. Friedman: 4 - keynesianos: 0.

Finalmente, Milton Friedman le propinó el golpe de gracia a los keynesianos al destruir la idea de que existía un trade-off permanente entre inflación y desempleo (Curva de Phillips). Si bien de inicio tomaba la Curva de Phillips, a esta le sumaba expectativas de inflación adaptativas. De esta manera, ante un aumento en la tasa de crecimiento en la cantidad de dinero se generaba una reducción transitoria en el desempleo. Sin embargo, dicho resultado surgía de los errores de pronóstico de los agentes. Por lo tanto, una vez que los agentes incorporaban la información, el desempleo volvía a su tasa natural, aunque la tasa de inflación quedaba en un nivel más alto. Friedman: 5 - keynesianos: 0.


Milton Friedman partió en 2006. Su vida académica estuvo signada por desenmascarar el fraude intelectual ideado por John M. Keynes y sus seguidores (quienes dedicaron su vida al culto de la religión del Estado). Sin embargo, durante la última gran crisis, las ideas del inglés retomaron impulso. Afortunadamente para el bienestar de la humanidad, Ben Bernanke, desde la FED e inspirado por el capítulo 7 de ‘La Historia Monetaria’ aportó la contrastación empírica que puso cifras definitivas al debate. Friedman (post mortem): 6 -keynesianos: 0.
¡Viva la Libertad!

jueves, 28 de julio de 2016

EL IMPUESTAZO AL TABACO CASTIGA LA ACTIVIDAD Y EL EMPLEO (El Economista 28 de Julio 2016)



http://www.eleconomista.com.ar/2016-07-el-impuestazo-al-tabaco-castiga-la-actividad-y-el-empleo/

Hace tiempo que con Javier Milei venimos remarcando que Argentina está sumergida en una estanflación de oferta (estancamiento y alta inflación) originada en la falta de competitividad del sector privado. Las empresas no son competitivas porque no pueden hacer negocios, ni ganar dinero; y en consecuencia no invierten ni amortizan, devorándose su stock de capital. Con caída del stock de capital, la productividad se reduce y la relación costo salarial (después de impuestos)/productividad del trabajo empeora; y en consecuencia se reduce (aumenta) el empleo (desempleo).


A través de nuestro Termómetro de Riqueza (TdeR)™, explicamos y demostramos que las empresas y sus sectores productivos no son competitivos porque:



1 Soportan un gasto público y una presión tributaria récord



2 El costo de capital (financiamiento) es entre dos y tres veces mayor al de la región



3 Porque la inflación cuadriplica o quintuplica la de los países competidores



4 La relación costo salarial (después de impuestos) / productividad del trabajo es la peor de la región.


Con esta lógica, adelantamos que el aumento de la presión tributaria al cigarrillo ideada por el Ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, impactaría muy negativamente sobre la demanda, la producción y el empleo en el sector Tabacalero, lo cual se sentiría en las (más postergadas) provincias del Norte.

En oposición a la visión del Ministro, nosotros planteamos que es un error microeconómico pensar que la demanda de cigarrillos es inelástica al tarifazo frente a un contexto con inflación acumulada de 30% en siete meses, ajustes tarifarios de entre 200%/400%, devaluación de 50% y alimentos aumentando más que el promedio del IPC. Puntualmente, planteamos que el incremento (Decreto 626/2016) de la alícuota (de 60% a 75%) de los impuestos internos a los cigarrillos generaría una caída de la demanda muy superior al -15% (según Fundación Internacional del Corazón).

 De acuerdo con nuestra visión, esta suba de los impuestos internos a los cigarrillos es inadecuada por dos razones. Primero, porque Argentina pasa a estar entre los diez países en el mundo con mayor carga impositiva sobre los cigarrillos, cuadruplicando los de las bebidas alcohólicas: bebidas alcohólicas (20%), cervezas (8%) y champañas (0%).

Segundo, lo peor y más grave, el actual incremento impositivo no tiene asignación específica hacia la salud. Ergo, el argumento de que el impuesto es para financiar las enfermedades provocadas por el tabaco es mentira. En consecuencia, el impuestazo al tabaco sólo está sustentado en la voracidad fiscal del Ministerio de Hacienda. Además, hay que tener en cuenta que un impuestazo al cigarrillo tiene beneficios intertemporales sobre la salud sólo a muy largo plazo. Dicho en otros términos, el impuestazo no va hacer bajar los gastos en salud en 2016 a 2019, durante el mandato de Mauricio Macri. Por el contrario, según estudios, dichos efectos tardarían aproximadamente veinte años en plasmarse.

 Tercero y no menor, con Javier Milei remarcamos que este impuestazo demuestra que hay bajo grado de coordinación en las políticas económicas, porque se afecta negativamente las tres mayores preocupaciones económicas del Gobierno: inflación, empleo y nivel de actividad. Tanto es así, que el impuestazo va contra la filosofía del plan Belgrano, que busca incentivar el nivel de actividad y el empleo en las provincias del Norte argentino.

De hecho, la evidencia empírica confirma nuestro escenario previamente anticipado. La fuerte suba del impuesto interno elevó la incidencia de los impuestos sobre el precio (que pasó de 69,2% a 79,6%) y llevó a las empresas productoras a incrementar los precios de los cigarrillos en 52,2% (incluyendo la suba inicial y luego una leve baja por parte de Nobleza Piccardo y Massalin Particulares a fin de disminuir el impacto en la demanda). Dicha suba aportó en mayo 0,522% al IPC GCBA (ya que tiene un peso del 1%). Paralelamente, en el bimestre mayo- junio de 2016 la demanda se contrajo 23,5% interanual provocando una reducción de 8,7% si se compara el primer semestre contra igual periodo de 2015. El impacto negativo sobre el empleo también ya se “siente”. En este sentido y como consecuencia de la caída de la demanda, Massalin Particulares anunció el cierre de su planta de compra y acopio en La Cocha, provincia de Tucumán, donde empleaba a 20 trabajadores al tiempo que despedirá a 60 empleados en las plantas de Goya (Corrientes) y Merlo (Buenos Aires).

La importancia económica del tabaco es muy relevante en el norte del país. En Jujuy, la industrialización del tabaco contribuye con 6,6% al PBG de 2015. En conjunto, la actividad primaria y secundaria aportaría 2,4% al PBG jujeño. En Salta, por su parte, las manufacturas de tabaco aportan 10,7% a la industria total de la provincia, llevando la participación total del sector tabacalero a 1,4% del PBG salteño. En Misiones, la industrialización del tabaco alcanzaría a 4,2% del sector industrial, participación que sumada a la etapa primaria, representaría el 1,5% de PBG. En Corrientes, si bien la contribución de la actividad primaria tabacalera en el total del PBG provincial sería menor a 1%, la industria tabacalera aportaría 5,8% a la Industria en su conjunto. En las provincias de Tucumán, Chaco y Catamarca, el sector tabacalero presenta contribuciones más bajas. Asimismo, en el norte argentino la industria tabacalera es clave como generadora de empleo. La importancia del tabaco como actividad generadora de ocupación también fue alta en Salta (2,6% y 2,3%, respectivamente), Tucumán (0,5% y 0,4%, respectivamente) y Catamarca (0,4% y 0,3%, respectivamente), y registró su mínimo en Chaco (0,2% y 0,1%, respectivamente).

En síntesis, el aumento de la presión tributaria en el sector tabacalero y su impacto negativo sobre el nivel de actividad y el empleo ponen en evidencia dos fenómenos interconectados entre sí. Primero, que la presión tributaria récord actual ahoga al sector privado y que no hay margen para subir más impuestos. Segundo, que para crecer, invertir y generar empleo hay que ser competitivo; y para eso hay que ir en el sentido exactamente opuesto. Hay que bajar impuestos y gasto público.

Argentina últimos años: Desequilibrio Fiscal y Crecimiento



miércoles, 27 de julio de 2016

Impuestazo de Prat Gay mata Empleo y nivel de Actividad (caso Industria Tabacalera)


Este gobierno será exitoso si y sólo si se logra revertir la estanflación que ya cumplirá 5 años en 2016. Es decir, este gobierno pasará a la historia (en términos económicos) si y sólo si, por un lado baja la inflación a estándares normales y por el otro, devuelve nuestra economía hacia el sendero del crecimiento perdido.

Hace tiempo que con Javier Milei venimos remarcando que la economía Argentina está sumergida en una estanflación de oferta (estancamiento y alta inflación) originada en la falta de competitividad del sector privado. En este marco,  al ser cada vez menos competitivo el sector privado produce menos, se contrae la oferta agregada y en consecuencia el nivel de ingreso cae y los precios aumentan. 

Con Javier Milei a través de nuestro Termómetro de Riqueza (TdeR) sostenemos, explicamos y demostramos que las empresas no son competitivas porque no puede hacer negocios, ni ganar dinero; y en consecuencia no invierten ni amortizan, devorándose su stock de capital. Con caída del stock de capital, la productividad cae y la relación costo salarial (después de impuestos) / productividad del trabajo empeora; y en consecuencia se reduce (aumenta) el empleo (desempleo). 

De hecho, con Javier Milei hace años que venimos mostrando que las empresas y sus sectores productivos no son competitivos porque: i) soportan un gasto público y una presión tributaria record, ii) el costo de capital (financiamiento) es entre dos y tres veces mayor al de la región; iii)  porque la inflación cuadriplica o quintuplica la de los países competidores. 

Paralelamente, con Javier Milei hacíamos hincapié en que la presión tributaria que enfrentan las empresas, tanto a nivel nacional como provincial o municipal (tasas), está ahogando no sólo la producción, sino  también la posibilidad de mantener el actual insuficiente nivel de puestos de trabajo existente. Ni que hablar que con la actual presión tributaria es casi impensado evaluar que se genere empleo privado genuino y sustentable. 

Con esta lógica habíamos adelantado que el aumento de la presión tributaria al cigarrillo ideada por el Ministro de Hacienda Prat Gay iba a impactar muy negativamente sobre la demanda, el nivel de producción y el empleo en el sector Tabacalero, lo cual se sentiría en las (más postergadas) provincias del Norte. 

En oposición a la visión del Ministro de Hacienda, nosotros planteábamos que era una locura microeconómica pensar que la demanda de cigarrillos iba a ser inelástica al tarifazo en un contexto con una inflación acumulada de 30% en 7 meses, ajustes tarifarios de entre 200% y 400%, devaluación del 50% y alimentos aumentando más que el promedio del IPC. En otras palabras, la producción y sobre todo el empleo tabacalero, no podían ser inelásticos a un aumento tan significativo de la presión tributaria en el sector. Puntualmente, planteábamos que el incremento (Decreto 626/2016) de la alícuota (de 60% a 75%) de los impuestos internos a los cigarrillos podría generar una caída de la demanda superior al -15% (s/Fundación Internacional del Corazón). 

De acuerdo con nuestra visión, esta suba de los impuestos internos a los cigarrillos era inadecuada por dos razones. Primero, porque Argentina iba a pasar a estar entre los 10 países en el mundo con mayor carga impositiva sobre los cigarrillos. En este marco, los impuestos indirectos del cigarrillo casi cuadriplican los de las bebidas alcohólicas: bebidas alcohólicas (20%), cervezas (8%) y champañas (0%). 

Segundo, lo peor y más grave, porque el actual incremento impositivo no tiene asignación específica hacia la salud. Ergo, el argumento de que el impuesto es para financiar las enfermedades provocadas por el tabaco es mentira. En consecuencia, el impuestazo al Tabaco sólo está sustentado en la voracidad fiscal desmedida del Ministerio de Hacienda. 

Además, hay que tener en cuenta que un impuestazo al cigarrillo tiene beneficios inter-temporales sobre la salud sólo a muy largo plazo. Dicho en otros términos, el impuestazo al tabaco y su (potencial) efecto depresor de la demanda de cigarrillos no va hacer bajar los gastos en salud en 2016/2019 (mandato de Macri). Por el contrario, según estudios, dichos efectos tardarían aproximadamente 20 años en plasmarse. Por lo cual, si fuera cierto que se suben los impuestos para tener un efecto positivo sobre la salud, estaríamos en presencia de unas de las pocas políticas de largo plazo (de verdad) adoptada por nuestros políticos e varias décadas. Yo tiende a pensar que sólo  la voracidad fiscal está detrás de esta medida.   

Tercero y no menor, con Javier Milei remarcamos que este impuestazo demuestra que  hay bajo grado de coordinación en las políticas económicas, porque se afecta negativamente las tres mayores preocupaciones económicas del gobierno: inflación, empleo y nivel de actividad. Tanto es así, que el impuestazo va contra la filosofía del plan Belgrano, que busca incentivar el nivel de actividad y el empleo en las provincias del Norte argentino. 

De hecho, la evidencia empírica confirma nuestro escenario previamente anticipado. La fuerte suba del impuesto interno elevó la incidencia de los impuestos sobre el precio (que pasó del 69,2% al 79,6%) y llevó a las empresas productoras a incrementar los precios de los cigarrillos en un 52,2% (incluyendo la suba inicial y luego una leve baja por parte de Nobleza Piccardo y Massalin Particulares a fin de disminuir el impacto en la demanda). Dicha suba aportó en Mayo un 0,522% al IPC GCBA (ya que tiene un peso del 1%). Paralelamente, el fuerte incremento de los precios impactó de manera significativa sobre la demanda interna de cigarrillos. En el bimestre mayo-junio de 2016 la demanda se contrajo un -23,5% interanual provocando una reducción del 8,7% si se compara el primer semestre contra igual periodo de 2015. El impacto negativo sobre el empleo también ya se “siente”.  En este sentido y como consecuencia de la caída de la demanda, Massalin Particulares anunció el cierre de su planta de compra y acopio en La Cocha, provincia de Tucumán, donde empleaba a 20 trabajadores al tiempo que despedirá a 60 empleados en las plantas de Goya (Corrientes) y Merlo (Buenos Aires).



Cabe destacar que la actividad se realiza en las provincias del norte del país: Catamarca, Chaco, Corrientes, Jujuy, Misiones, Salta y Tucumán. En Jujuy (25,5%), Misiones (7,7%) y Salta (3,1%) la participación de la actividad tabacalera dentro de la agricultura provincial es elevada. En Jujuy, la industrialización del tabaco contribuye con un 6,6% al PBG del año 2015. En conjunto, la actividad primaria y secundaria aportaría el 2,4% al PBG jujeño. En Salta, por su parte, las manufacturas de tabaco aportan un 10,7% a la industria total de la provincia, llevando la participación total del sector tabacalero al 1,4% del PBG salteño. En Misiones, la industrialización del tabaco alcanzaría al 4,2% del sector industrial, participación que sumada a la etapa primaria, representaría el 1,5% del PBG. En Corrientes, si bien la contribución de la actividad primaria tabacalera en el total del PBG provincial sería menor a 1%, la industria tabacalera aportaría 5,8% a la Industria en su conjunto. En las provincias de Tucumán, Chaco y Catamarca, el sector tabacalero presenta contribuciones más bajas.

Asimismo, en el norte argentino la industria tabacalera es clave como generadora de empleo. El cultivo de tabaco generó 43.435 puestos de trabajo durante la campaña 2014/15, equivalente al 10,1% del empleo generado por el sector público en esas provincias. Concretamente, el tabaco generó 5,1% de la ocupación privada en Misiones y el 4,4% de la ocupación total, mientras que en Jujuy fue del 4,5% y 3,5%, respectivamente. La importancia del tabaco como actividad generadora de ocupación también fue alta en Salta (2,6% y 2,3%, respectivamente), Tucumán (0,5% y 0,4%, respectivamente) y Catamarca (0,4% y 0,3%, respectivamente), y registró su mínimo en Chaco (0,2% y 0,1%, respectivamente).

En síntesis, el aumento de la presión tributaria en el sector tabacalero y su impacto negativo sobre el nivel de actividad y el empleo ponen en evidencia dos fenómenos interconectados entre sí. Primero, que la presión tributaria record actual ahoga al sector privado y que no hay margen para subir más impuestos. Segundo, que para crecer, invertir y generar empleo hay que ser competitivo; y para eso hay que ir en el sentido exactamente opuesto. Hay que bajar impuestos.

lunes, 25 de julio de 2016

"Maquinita, Infleta y Devaluta"; de Javier Milei y Diego Giacomini (2016)







La Inflación Bajará (Nota publicada en Diario Perfil el 16/7/2016)

Si hay inflación necesitamos cada vez más pesos para comprar la misma cantidad de bienes y servicios, lo cual tiene como contrapartida una suba sostenida del nivel general de precios. Ergo, no hay duda de que la inflación se relaciona con la velocidad a la cual se produce dinero. Si la oferta monetaria crece más que su demanda, el poder de compra de la unidad monetaria cae y, con ello, sube la cantidad de pesos que se necesita para comprar la misma cantidad de bienes. Esta relación se fortalece en el largo plazo. Si usted duda, le cuento que en Argentina entre diciembre de 2007 y diciembre 2015 la base monetaria y el IPC Congreso crecieron 528% y 512% respectivamente.
En este contexto se entiende que, como decía Milton Friedman, “la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”. ¿Qué quiere decir que la inflación sea un fenómeno estrictamente monetario? Implica que la política monetaria es el instrumento más potente e idóneo para prevenir y bajar la inflación. Puntualmente, no hay que emitir más de lo que crece la demanda de dinero para no “despertar” la inflación. Si hay inflación, hay que hacer política monetaria contractiva para “bajarla”. Casi todos aprendieron esta lección. Actualmente, el 80% de los países tienen menos de 5% de inflación anual.
La buena noticia es que el nuevo BCRA no sólo hace un diagnóstico acertado del problema inflacionario concibiéndolo como un fenómeno estrictamente monetario, sino que ejecuta muy bien su política monetaria. Hay un apretón monetario de más del 25% en términos reales y un manejo prudente de la tasa de interés que aseguran que, de seguir así, hará bajar la inflación “sí o sí” sobre finales de 2016 y comienzos de 2017.
¿Por qué la inflación no baja más rápido? Los retardos de la política monetaria son el primer y principal obstáculo. La política monetaria impacta sobre precios con un rezago de 12 a 18 meses, y como Vanoli fue acelerando paulatinamente el ritmo de emisión a lo largo de todo 2015 hasta dejar una emisión creciendo al 47% anual, este año tendrá un piso alto de inflación por culpa de la gestión K. Segundo, también está el problema de las expectativas inflacionarias, que, como nos ha enseñado Robert Lucas, son racionales en Argentina. El público sabe que debido al déficit fiscal récord heredado de la gestión K, el BCRA tiene que emitir $ 160 mil millones para financiar al Tesoro en 2016, por lo que las expectativas de inflación se mantienen elevadas y en consecuencia la inflación tarda más en bajar. Tercero, en este mismo sentido juegan las Lebacs y su tasa de interés, que generan expectativas de déficit cuasi fiscal, emisión e inflación y terminan atentando contra un descenso más rápido de la inflación.
En este marco, los datos de inflación del cierre del primer semestre no sorprenden. Es muy elevada en la primera mitad del año. En junio de 2016 el IPC-CABA (47,1%) y el IPC-Congreso (45,5%) reportaron inflaciones interanuales muy elevadas. Los números del acumulado de los primeros seis meses no son mejores: IPC-CABA 29,2%, e IPC-Congreso 27,3%. Aunque, desde una óptica positiva, ambas mediciones muestran una caída de la inflación general en los últimos tres meses. Puntualmente, para CABA la desaceleración fue de 6,5% (abril) a 5% (mayo) y 3,2 (junio), mientras que para IPC-Congreso el descenso fue de 6,7% (abril) a 3,5% (mayo) y 2,9% (junio).
No obstante, hay que destacar que todavía no hay un descenso claro y consolidado de la inflación núcleo, que es el 70% de la inflación general porque no tiene tarifas ni precios estacionales. La inflación núcleo de E&R subió de 1,8% (marzo) a 2,6% (abril) y 3% (mayo), pero luego baja a 2,7% (junio). Los números preliminares de julio estarían mostrando un nuevo descenso hasta 2,2%. Sin embargo, para Indec y CABA la inflación núcleo se aceleró en junio pasado. Según Indec subió de 2,7% (mayo) a 3% (junio), mientras que para CABA se aceleró de 3,3% (mayo) a 3,6% (junio). Claramente, estos resultados mixtos en materia de inflación núcleo son una señal contundente de que el proceso de desinflación no se ha consolidado todavía y que se demorará un tiempo más en llegar. Hay que esperar; ansiolíticos.
¿De cuánto será la inflación en 2016? De acuerdo con nuestras estimaciones, este año la inflación promediaría cerca del 42% anual, cerrando el ejercicio con una inflación mensual en torno al 1,5% (20% en términos anualizados). Estos resultados, que parecen malos a primera vista, son –como venimos remarcando con mi colega Javier Milei– un éxito rotundo cuando se tienen en cuenta la herencia recibida, la quita de retenciones, la suba de tarifas y, sobre todo, el levantamiento del cepo.
El éxito de la actual política queda en evidencia cuando se lo compara con los resultados de 2014 luego de la devaluación de Axel Kicillof. El escenario 2016 es mucho mejor que en 2014. La inflación proyectada punta a punta del 42% para 2016 es apenas superior a la inflación del 39% observada en 2014, pero con el agregado positivo de que actualmente hay un sinceramiento cambiario que estuvo totalmente ausente hace dos años, porque ahora el tipo de cambio es único y libre mientras que antes estaba “encepado” y había dólar paralelo.
Actualmente la devaluación nominal asciende a 52% (sin quita) y 70% (con quita de retenciones), más que duplicando y triplicando la devaluación de 2014 (20%). Sin embargo, el aumento acumulado de los precios de los primeros siete meses post devaluación de 2016 (+32) es apenas superior al del mismo período de 2014 (+25%), con lo cual hoy en día hay un menor traspaso a precios y una mayor ganancia de competitividad por tipo de cambio: 61% (con quita de retenciones) y 45% (sin quita de retenciones), mientras que en 2014 era de 126%. En pocas palabras, luego de siete meses de haber devaluado, en la actualidad hay ganancia de competitividad por tipo de cambio, mientras que en 2014 ya había pérdida. Además, la caída proyectada del nivel de actividad económica de 2016 (-1,2%) también va a ser menor que la contracción del PBI de 2014 (-2,2%) bajo la conducción de Kicillof.
En definitiva, está claro que no estamos en el paraíso, pero nos encontramos mucho mejor de lo que estaríamos de haber seguido la política económica K. Por lo tanto, si bien el manejo de la economía del gobierno de Cambiemos dista mucho de ser óptimo, aun así es infinitamente mejor que lo puesto en práctica en los anteriores 12 años.

jueves, 14 de julio de 2016

Los Efectos de la Devaluación: Cambiemos vs. Kirchnerismo (Nota publicada en Ambito el 14/07/2016)


por Diego Giacomini y Javier Milei

Se encuentran dos microeconomistas y uno le pregunta a otro ¿cómo está tu mujer? Y el último responde ¿comparada con qué? Esto es, evaluar el primer año del gobierno de Cambiemos sin tener en cuenta la situación de inicio es por lo menos un disparate.

También es cierto que el gobierno de Cambiemos será exitoso si y sólo si Argentina logra salir de la estanflación, es decir si se logra bajar la inflación y vuelve a crecer. Claramente, este objetivo no será logrado en 2016, ya que este año será el quinto año consecutivo de estanflación. De acuerdo con nuestras estimaciones, el nivel de actividad se contraería 1.5% en 2016, mientras que la inflación promediaría cerca del 42% cerrando el ejercicio con una inflación mensual en torno al 1.5% (20% anualizado). Estos resultados que, a primera vista lucen como muy malos, a la luz de la herencia recibida y teniendo en cuenta la quita de retenciones, la suba de tarifas y el levantamiento del CEPO estaríamos frente a un éxito rotundo en materia de política económica.

Se toma dimensión de este éxito a partir de tener en cuenta varios fenómenos. Primero, la política desbocada del BCRA de Vanoli dejó la base monetaria creciendo al 47% interanual que, al sumarle la bomba de los futuros, hubiera ascendido a por lo menos al 80%, en un contexto donde existía un sobrante de pesos $200.000 MM (4% del PIB). ¿Qué quiere decir esto? Qué si en 2016 hubiera seguido la política monetaria de Vanoli, aún con Cepo Cambiario, la inflación, sin caída de la demanda de dinero hubiera oscilado entre el 50% y 80% anual. Por otra parte, dado que se liberó el mercado de cambios, de caer la demanda de dinero acorde a las experiencias de 1959 y 1975, la tasa de inflación hubiera alcanzado el 500%.

Además, con cepo y con una política monetaria similar a la de Vanoli, la inflación de este año se habría ido acelerando mes tras mes a lo largo de todo el año, con un pico inflacionario hacia fin de año. ¿Por qué? Porque la política monetaria impacta sobre precios con un rezago de 12 a 18 meses, y como Vanoli fue acelerando el ritmo de emisión a lo largo de todo el 2015, el aumento del nivel general de precios se habría acelerado sostenidamente a lo largo de todo este año con pico en diciembre. En cambio, con la política monetaria del BCRA de Sturzenegger, la trayectoria temporal de la tasa de inflación es descendente.

El éxito de la actual política queda en evidencia cuando se la compara con los resultados de 2014 luego de la devaluación de Axel Kicillof. La inflación proyectada punta a punta del 42% para 2016 es apenas superior a la inflación del 39% observada en 2014, pero con el agregado positivo que actualmente hay un sinceramiento cambiario que estuvo totalmente ausente hace dos años atrás, porque ahora el tipo de cambio es único y libre mientras hace antes estaba “encepado” y había dólar paralelo. No sólo esto, luego de 7 meses de haber devaluado, en 2016 hay ganancia de competitividad cambiaria (45% de pass through), mientras que en 2014 ya había pérdida (126% de traspaso a precios).

En definitiva, está claro que no estamos en el Paraíso pero, nos encontramos mucho mejor de lo que estaríamos de haber continuado la política económica del régimen K. A su vez, cuando Kicillof intentó hacer algo en la misma línea lo terminó haciendo muchísimo peor. Por lo tanto, si bien el manejo de la economía del gobierno de Mauricio Macri dista mucho de ser el óptimo, aún así es infinitamente mejor que lo propuesto por la barbarie kirchnerista.

miércoles, 13 de julio de 2016

Tarifazo: el arte de errar un penal sin arquero

por JAVIER MILEI

http://m.cronista.com/opinion/Tarifazo-el-arte-de-errar-un-penal-sin-arquero-20160713-0029.html

Sin dudas, dentro de los mayores errores del gobierno de Mauricio Macri se destaca lo que se ha hecho en materia de ajuste de tarifas. Estaban las condiciones económicas y políticas para que la medida fuera un éxito. Por un lado, los subsidios económicos representaban 5% del PIB, en un marco donde se financiaban 4 puntos porcentuales del déficit fiscal con emisión monetaria. Esto dejaba un piso inflacionario del 30% anual, por lo que se beneficiaba a la parte más rica del país mediante el impuesto inflacionario que golpeaba a los más vulnerables. A su vez, gran parte de los votantes de Cambiemos, tenían claro que las tarifas estaban en valores ridículamente bajos. Esto es, el ajuste tarifario implicaba una redistribución del ingreso hacia los sectores menos favorecidos, lo cual hubiera implicado un shock positivo sobre el consumo y el nivel de actividad, sin mayores costos en lo político.

Dice un refrán popular que ‘cuando tu única herramienta es un martillo, te sorprenderá como todo el mundo comienza a parecerse a un clavo’. Desde la salida de La Convertibilidad, el nivel de precios se multiplicó por 11 veces, múltiplo que al depurarse los servicios públicos asciende a 15 veces. En éste contexto y bajo el credo gradualista, una suba del 400% de las tarifas, resultaría en una medida en la dirección correcta, esto es, comenzar a transitar el camino que permitiera lograr la sustentabilidad de los contratos (tasa de retorno acorde al riesgo asumido) sin dinamitar la sostenibilidad (que las partes puedan cumplir el nuevo marco contractual). Sin embargo, concentrar todo el ajuste de los contratos sobre una única variable (el precio), exacerbó el salto inicial de la misma y vulneró la sostenibilidad.

Mirando hacia adelante y con ánimo de contribuir a una solución definitiva, lo primero que hay que desterrar es la idea del gradualismo. En materia regulatoria, una política de shock implica lograr simultáneamente que la empresa alcance un sendero sustentable y sostenible, para lo cual es necesario conocer como funciona la regulación por base de capital (método más usado en Argentina). Existen varias formas de plantear la sustentabilidad del contrato. Una forma posible es haciendo que la ‘q’ de Tobin (Valor de Mercado/Valor de Reposición = VM/VR) sea uno, de modo tal que no exista renta extraordinaria. Así, el valor del flujo de fondos descontados al costo de oportunidad del capital (WACC = costo promedio ponderado del capital) debería ser igual a la base de capital pagada (VR). Alternativamente, esta condición puede expresarse como la igualdad entre el valor presente del flujo de fondos brutos de la firma y el valor presente de la inversión bruta. Por último, esta condición puede plantearse como un caso en donde el valor actual neto es nulo, o lo que es lo mismo, la TIR del negocio es igual al WACC.

Si alguna de las condiciones anteriores se cumple (lo cual implica cumplir todas las restantes), ello implica que el valor presente de los ingresos resulta suficiente como para pagar el valor presente de todos los costos operativos y los costos impositivos, al tiempo que los acreedores cobrarían la tasa de interés y los accionistas el retorno esperado asociado al nivel de riesgo. En definitiva, ello implica cumplir con lo que se denomina la condición de equilibrio económico-financiero del contrato (sustentabilidad).

Por lo tanto, al plantearse el equilibrio de este modo, debería quedar claro que existen varios instrumentos para mejorar la sustentabilidad del negocio. Por ej., si el objetivo era recomponer el desequilibrio tarifario en cuatro años, se podría haber hecho un ajuste mensual de la tarifa del 5,8% por encima de la inflación.

Complementariamente, se podría extender el plazo de vida de la concesión. A su vez, se podría haber dilatado en el tiempo las inversiones. Una herramienta adicional es elevarle el límite de endeudamiento y brindar garantías sobre la deuda financiera tal que el WACC se reduzca. Por otra parte, se podrían brindar beneficios impositivos. Por último, se podrían trazar acuerdos con las empresas en materia de base de capital, WACC, honorarios de gestión y reconocimiento de costos operativos que brinden un perfil de ingresos más agresivo y que derive en un mayor valor firma.

En definitiva, el ajuste llevado a cabo por Aranguren, muestra un alto grado de improvisación, falencia técnica y torpeza. Esto es, el ajuste fue tan mal diseñado que su equivalente futbolístico sería como el de errar un penal sin arquero.

domingo, 10 de julio de 2016

Ser Competitivo no es hacer magia (Nota publicada en La Nación el 10/07/2016)



Se crece sostenidamente y se genera empleo genuino cuando el sector privado es competitivo, o sea, cuando las empresas hacen negocios, ganan dinero y generan valor. La Argentina está en su quinto año de estanflación porque su sector privado no es competitivo y, en consecuencia, no invierte ni amortiza, devorándose su stock de capital, y la relación costo salarial (después de impuestos) / productividad empeora y se reduce (aumenta) el empleo (desempleo). Ergo, se contrae la oferta agregada, el PBI per cápitacae y los precios suben.
Siguiendo el Termómetro de la Riqueza de Giacomini/Milei, que cuantifica la competitividad de la economía y mide el impacto de las variables que la determinan, los problemas de eficiencia no son responsabilidad del mundo. Los términos de intercambio y la tasa libre de riesgo son "buenos" en términos históricos. Las empresas argentinas no son competitivas por "culpa" no sólo del gasto público (15 p.p. superior al promedio de la Alianza del Pacífico) y la presión tributaria récord, sino también porque enfrentan un costo de capital e inflación varias veces mayores que sus competidores de la región. Además, nuestra política de ingresos y la mala inserción internacional también atentan.
El fisco argentino es el campeón mundial a la hora de ahogar la rentabilidad de las empresas. Tenemos el récord de alícuota impositiva como porcentaje de sus ganancias (137,3%) más que duplicando el promedio de América latina y el Caribe (51,2%). Paralelamente, nuestra inserción comercial también es "la peor": esta alícuota en el Mercosur (72,1%) es casi el doble que la de la Alianza del Pacífico (47,8%). Además, la presión fiscal del Mercosur supera por más de 10 puntos a la de la Alianza del Pacífico. El Mercosur, así como está, no sirve ni como plataforma de inserción internacional ni como factor de crecimiento.
En la Argentina, comparando 2015 (36,6%) contra 2002 (18,5%) y 2007 (24,7%), la presión tributaria aumentó prácticamente un 100% y 50%, respectivamente. La suma de aportes patronales, ingresos brutos y ganancias casi se duplicó entre 2007 (9,1% del PBI) y 2015 (15,9%). Hay que bajarle "en serio" los impuestos a las empresas para apuntalar su competitividad, que hagan negocios, ganen dinero, inviertan, crezcan y generen trabajo.
Es imprescindible establecer un cronograma que reduzca la presión tributaria a los niveles de 2007. Según nuestras proyecciones, el reconocimiento a los jubilados tendría un impacto fiscal de 1,1% (2017) y 1,5% (2018) del PBI, con lo cual se comprometería el cumplimiento de la meta fiscal de 3,3% (2017) y 1,8% (2018), y surgirían dudas sobre la sustentabilidad de las cuentas fiscales. En consecuencia sería poco probable que la presión tributaria bajara "en serio" durante los próximos años, alejando la posibilidad de que haya un boom de IED, IBIF, exportaciones, crecimiento y empleo.

martes, 5 de julio de 2016

EL IMPACTO DEL BREXIT: SIGUE IMPORTANDO MÁS TODO LO QUE HAGAMOS NOSOTROS.

El Reino Unido, en contra de lo que la mayoría de mercados financieros había descontado en base a los sondeos de opinión y apuestas realizadas los días previos al referéndum, votó por abandonar la Unión Europea. La salida del Reino Unido ha provocado un aumento de la incertidumbre y mayor volatilidad en todos los mercados; y América Latina no es la excepción.

Por ahora, el mayor impacto ha tenido lugar en los mercados de divisas, donde la libra ha caído  a mínimos que no se registraban desde el año 1985 (de 1.48 a 1.32 dólares por libra), el Euro se ha depreciado (de 1.14 a 1.10); y el dólar norteamericano ha ganado poder adquisitivo (de 93,2 a 96,3 índice DXY). De hecho, todas las monedas de LATAM se han depreciado contra la divisa norteamericana desde el BREXIT. El impacto también se sintió en la volatilidad de los mercados de acciones y bonos, aunque por ahora el impacto ha sido más acotado en comparación a otros episodios de turbulencia financiera provenientes del viejo continente. Un forma de ver esto es comparar los valores máximos alcanzados por el Índice VIX post BREXIT (25,8) contra los alcanzado en la crisis de deuda de Grecia (45,8; May´10) y de Italia/España (48,0; Ago´11). Recordemos que el Índice VIX alcanza valores elevados cuando los mercados financieros caen fuertemente, entran en pánico y buscan protección.


Más allá de este primer impacto sobre los mercados, la pregunta a contestar es: ¿Cómo y cuál será el impacto de la salida del Reino Unido de la UE sobre LATAM en general y Argentina en particular? El impacto puede darse a través de dos canales, por un lado el canal real y otro el otro el canal financiero. El canal real incluye tanto al comercio internacional (exportaciones e importaciones) como la IED (inversión extranjera directa). El canal financiero comprende el financiamiento que puede fluir en concepto de bonos, ONs y toda otra inversión de capital.

De acuerdo con nuestro análisis, lo que hagamos nosotros con nuestras propias políticas económicas tendrá mucho más impacto que el BREXIT, tanto sobre el canal real como sobre el canal financiero. Si Argentina se abre al mundo y persigue acuerdos bilaterales, nuestro comercio internacional y exportaciones crecerán. Argentina tiene que achicar el gasto público, reducir la presión tributaria, bajar el costo de capital y la inflación; y también mejorar su relación costo laboral (después de impuestos) / productividad del trabajo para poder atraer IED, caso contrario los frutos se los seguirán llevando Chile, Perú; Colombia; Uruguay; México, etc.

Al mismo tiempo, el costo de capital de los flujos de inversión financiera que financian la emisión de ONs y bonos en el mercado internacional también dependerá más de nuestras políticas que del contexto internacional. Si se baja el déficit fiscal y se mejora la solvencia fiscal inter temporal, el riesgo país y el costo de capital bajarán en términos relativos; independientemente de los efectos del BREXIT y el contexto financiero internacional. Por el contrario, si no se cumple con las metas fiscales, el riesgo soberano y el costo de capital aumentarán afectando negativamente tanto a la inversión como al financiamiento del déficit fiscal.



El Impacto del BREXIT en el Comercio Internacional: puede ser diferente  en el corto y largo plazo. Lo más probable es que en el corto plazo no sea positivo; pero sí acotado. Por el contrario, en el mediano y largo plazo podría haber un efecto positivo.
En el corto plazo, el valor de las exportaciones podría caer tanto por un efecto precio como por un efecto cantidad. Los precios en dólares de los commodities podrían bajar por la apreciación de la divisa norteamericana; y las cantidades podrían caer por menor demanda.  Sin embargo, ambos efectos negativos serían bastante acotados. El Reino Unido comercia poco con América Latina y Argentina; ergo su salida de la UE impactaría negativamente sólo si la recuperación económica de Europa se aborta como consecuencia del BREXIT. Aun así, las exportaciones de Argentina con destino a la Unión Europea son “solo” 15% y al Reino Unido 1%, contra 24% al Mercosur y 23% al bloque Asiático (Corea, China, Japón e India); en consecuencia cabe esperar un efecto negativo acotado en el corto plazo.

Por el contrario, en el largo plazo el BREXIT podría tener efectos positivos sobre nuestras exportaciones, dependiendo tanto de cómo evolucione Europa como de la actitud que asuma Argentina. En este sentido, cuanto más países salgan de la UE y más Argentina se abra al comercio internacional con más acuerdos bilaterales, más chances que el impacto sea positivo en el largo plazo. El BREXIT podría disparar que el Reino Unido buscara nuevos acuerdos bilaterales, beneficiando a América Latina en general y a Brasil en particular, lo cual podría derramar positivamente al Mercosur. Inclusive, si el BREXIT disparara la salida de otros países de la UE, estos países también se verían obligados a negociar acuerdos comerciales bilaterales directamente con el resto de países, en especial con los países emergentes potenciando el efecto positivo.

El Impacto del BREXIT en la IED: la inversión extranjera directa se materializa en el mediano y largo plazo. En el corto plazo, y ante un aumento de la aversión al riesgo y la volatilidad, el BREXIT puede impactar negativamente sobre los flujos de IED hacia las economías emergentes. Sin embargo, el escenario podría ser diferente en el mediano plazo y largo plazo. Si la salida del Reino Unido terminara provocando que varios de los países periféricos (no sólo Irlanda y Escocia, sino también los más “nuevos”) de la región también salieran UE, surgiría una nueva configuración regional en el viejo continente en la cual varios países volverían a ser comparados como emergentes a la hora de las decisiones de asignación de capital. En este nuevo y potencial escenario, Latam, Brasil, y Argentina se podrían beneficiar con la entrada de recursos que estarían saliendo (no yendo) de estos países; y la IED podría aumentar durante los próximos años.

Sin embargo, hay que aclarar que actualmente Argentina no brinda suficiente competitividad relativa para atraer IED. Hoy en día Argentina tiene mayor gasto público, más elevada presión tributaria, mayor costo del capital, peores condiciones monetarias relativas (más inflación) y peor relación costo salarial (después de impuestos) / productividad del trabajo que nuestros competidores de la región. Nuestros países vecinos, que son también nuestros competidores, están mejor que nosotros en todas estas variables; ergo son más competitivos que nosotros y en consecuencia se “llevan” la IED; y podrían aprovechar mejor que Argentina un nuevo y futuro contexto regional europeo que fomentara el flujo de IED hacia Latam. Argentina debe seguir avanzando en corregir todos estos problemas estructurales que desalientan la IED para que hayas chances que el BREXIT pueda ser una oportunidad en este sentido.

El Impacto del BREXIT en el financiamiento internacional: el acuerdo con los holdouts reinsertó a Argentina en los mercados financieros internacionales. El mundo ya ha mostrado voluntad de financiar a nuestro país. De hecho, el gobierno nacional recibió ofertas por más de usd60.000 MM y sólo tomó usd15.000 MM. Posteriormente, varios gobiernos sub nacionales también emitieron deuda.  Hay financiamiento disponible para nuestro país; y el BREXIT no cambiará “de cuajo” esta situación.

Sin embargo, lo que no se puede negar es que muy probablemente el BREXIT traiga mayor volatilidad en el corto plazo. En el corto plazo habrá una mayor aversión al riesgo que tendrá como contrapartida un vuelo hacia la calidad en el cual aumentará la demanda de bonos del Tesoro de EEUU y (probablemente) del oro; ambos característicos refugios de valor a la hora de las turbulencias financieras.

No obstante, el mercado financiero americano y el sistema financiero británico (tal vez otra sería la historia si el Reino Unido fuera miembro y estuviera abandonando la Unión Monetaria Europea) gozan de salud, por lo que proyectamos que los efectos negativos serán acotados y sólo de corto plazo. Habrá mayor volatilidad, pero no mucho mayor costo de capital en el corto plazo.

En este escenario, si bien será relevante un buena sintonía fina de los tiempos a la hora de salir a los mercados internacionales de deuda porque la mayor volatilidad impactará (para arriba y para abajo) en el humor de los mercados y en el costo de capital, hay que destacar que los mercados permanecerán abiertos y habrá financiamiento.

Si bien en el corto plazo el BREXIT imprimirá más volatilidad al costo de financiamiento, en el largo plazo su costo estará determinado principalmente por los resultados de política fiscal que logre Argentina. Si Argentina no cumple con las metas fiscales de reducción del déficit primario, la solvencia inter temporal se reducirá y el costo de capital se encarecerá; más allá del contexto internacional, regional y/o de los efectos del BREXIT en el corto, mediano y largo plazo.
En definitiva, el impacto del BREXIT puede ser negativo en el corto plazo, pero seguramente será acotado y manejable. Por el contrario, el BREXIT puede brindar oportunidades para el mediano y largo plazo. Sin embargo, dichas oportunidades no están dadas, sino que hay que ir por ellas diseñando y aplicando buenas políticas fiscales, monetarias, comerciales e internacionales.

La pelota está en nuestro campo. Más allá del BREXIT, si “hacemos las cosas bien, nos irá bien”. Desde la política monetaria hay que bajar la inflación. Se lo está haciendo. Desde la política fiscal, hay que propulsar un cambio estructural que baje el peso del gasto público, de la presión tributaria, el costo del trabajo (después de impuestos) y mejore la solvencia fiscal inter temporal, bajando el riesgo país y el costo de capital para mejorar la competitividad y atraer IED.  Desde la política comercial e internacional hay que ir hacia una mayor integración con el mundo, a un mayor libre comercio, edificar acuerdos bilaterales y salir al Pacífico. En materia fiscal hay dudas. En materia de política comercial e internacional el discurso pareciera ir en el sentido correcto, pero no hay acciones concretas todavía.


Lo que sucede con el costo de capital de Argentina es un buen ejemplo de que importa más lo que hagamos con nuestras políticas que los impactos del BREXIT. Desde que se conoció el resultado del referéndum del Reino Unido, el riesgo país de Argentina subió 20 puntos básicos hasta los 518 puntos (29/6/16). Esta suba de 20 puntos queda chiquita frente a la potencial caída de entre 141 y 165 puntos básicos que podría experimentar la deuda de Argentina si nos acercarnos al riesgo país promedio de países emergentes (377 p.b.) o de Brasil (353 p.b.). Haciendo buenas políticas, mejorando la solvencia fiscal inter temporal y cumpliendo con las metas fiscales hay buenas chances de bajar el costo del capital al promedio de la Región. Eso no solo abarataría el acceso al capital del gobierno nacional, sino también a las provincias y las empresas privadas que compiten por colocar deuda en los mercados.


El corto y mediano plazo parecerían estar jugados, pero el largo no. El escenario de largo plazo depende de lo “que hagamos”. Pensando en el corto y mediano plazo, la tasa de crecimiento sería -1.8% (2016) y +2.0%/+2.4 (2017). Si no hacemos los deberes, la inflación no bajará lo necesario, la inversión no responderá, y el PBI seguirá atado al ciclo político, con años electorales impares (forzando la máquina) creciendo a un amarrete +2.0% (redondeando) y años post electorales pares  (pagando la cuenta) cayendo al -2.0% (redondeando).


Por el contrario haciendo los deberes; Argentina podrá despegar en 2018 comenzando a crecer en torno al 4.0%/4.5% anual. Ya lo veremos. 





viernes, 1 de julio de 2016

Alta Presión Tributaria: mata Inversión, IED, Crecimiento, Mercosur e Inserción Internacional.



La economía Argentina está sumergida en una estanflación de oferta originada en la falta de competitividad del sector privado. El sector privado es cada vez menos competitivo, entonces produce cada vez menos, se contrae la oferta agregada y en consecuencia cae el nivel de ingreso y aumentan los precios. 

La oferta agregada se contrae porque dado que no es competitivo, el sector privado no puede hacer negocios, ni ganar dinero; y en consecuencia no invierte ni amortiza, devorándose su stock de capital. Con caída del stock de capital, la productividad cae y la relación costo salarial (después de impuestos) / productividad del trabajo empeora; y en consecuencia se reduce (aumenta) el empleo (desempleo). En este contexto la demanda agregada se resiente, con lo cual cae más el ingreso, aunque se amortigua (sólo en pequeña parte) el espiral inflacionario.     

La competitividad del sector privado depende de factores externos y de variables domésticas. Los términos de intercambio y la tasa libre de riesgo actuales no están jugando “en contra” de la competitividad del sector privado. De hecho, ambos son “buenos” en términos históricos.
El sector privado argentino no es competitivo por “culpa” de las políticas económicas aplicadas durante los últimos años que han llevado el gasto público y la presión tributaria a niveles  record, porque el costo de capital (riesgo país) es entre dos y tres veces mayor al de la región y porque la inflación cuadriplica o quintuplica la de los países competidores.

Además, tanto la política comercial como la política de ingresos, que nos conduce a la peor relación costo salarial (después de impuestos) / productividad del trabajo de la región, también destruyen la competitividad del sector privado.  

Puntualmente nos vamos a ocupar de la presión tributaria record que enfrenta nuestro sector privado, lo cual es uno de los ingredientes que más atentan contra su competitividad y el crecimiento económico. Argentina (36.6%) tiene la mayor presión tributaria de la región. Paralelamente, Argentina (137.3%) también enfrenta el record regional de alícuota impositiva como porcentaje de las Ganancias de las empresas, más que duplicando el promedio de América Latina y el Caribe (ALyC) (51.2%).

Esta política fiscal voraz, que ahoga al sector privado impidiéndole ser rentable y competitivo, se relaciona con la política comercial y la inserción internacional de Argentina en el mundo. En este sentido, no debe sorprender que el Mercosur sea el bloque económico con menor dinamismo comercial y peor crecimiento económico del mundo, ya que también enfrenta una presión fiscal record en comparación con otros bloques. En el gráfico a continuación, se puede observar que la alícuota impositiva como porcentaje de las Ganancias de las empresas en el Mercosur (72.1%) casi duplica la de la Alianza del Pacífico (47.8%). Paralelamente, la presión fiscal en el Mercosur es más de 10 puntos porcentuales superior a la que se registra en los países de la Alianza del Pacífico.


Argentina (44%) tiene el record regional de nivel de gasto público / PBI, seguido muy de cerca por Bolivia, Brasil y Venezuela. Del otro lado, los países de la Alianza del pacífico tienen un peso del Gasto público aproximadamente en torno a 15 puntos porcentuales más bajo que Argentina, lo cual pone de manifiesto que la asfixiante presión tributaria que deja sin competitividad a nuestro sector privado es la contracara de un sector público sobredimensionado. 



En este marco, el Mercosur “así como está” no sirve ni como plataforma de inserción internacional, ni como factor de crecimiento. Se debe ir hacia otra política de inserción comercial basada en acuerdos bilaterales, con mayor apertura y menores impuestos y trabas al comercio internacional. De hecho, planteábamos que ese era el camino seguido por los países de la Alianza del Pacífico. Paralelamente, en el primer punto más arriba, planteábamos que los efectos negativos del BREXIT serían acotados y sólo de corto plazo, mientras aclarábamos que en el mediano y largo plazo podría brindar un abanico de oportunidades. Sin embargo, aclaramos que el aprovechamiento de estas oportunidades exige seguir la senda de los países Andinos.  

Si se compara 2015 (36.6%) contra 2002 (18.5%) y 2007 (24.7%), se observa que la presión tributaria se aumentó prácticamente un 100% y 50%; respectivamente. De hecho, a partir de 2008 es cuando la presión tributaria comienza a sobrepasar los niveles que se registran en los países de la Alianza del Pacífico; y las variaciones positivas del PBI comienzan a extinguirse en Argentina.
La actual administración parece comprender el problema de la elevada presión que ejerce el fisco. En este marco y por primera vez en casi dos décadas, el nuevo gobierno argentino ha decidido bajar la presión tributaria, lo cual es un paso en el sentido correcto. Sin embargo, ya sea por restricciones políticas o por fallas técnicas propias, en 2016 la carga fiscal sería reducida tan sólo 1 punto porcentual en términos del PBI, lo cual no alcanzaría para disparar una reversión sustentable del actual proceso de estancamiento económico, porque no sirve para incentivar ni el ahorro, ni la acumulación de capital y/o la inversión en el sector privado.

Además, no se baja la presión impositiva donde deber ser reducida para revertir la actual estanflación de oferta agregada con caída de ingreso (y empleo) y aumentos de precios. En este sentido, se debería bajar Ganancias, Aportes Patronales e IIBB a las empresas para así estimular la acumulación de capital, inversión, generación de empleo y crecimiento económico.        

Los datos avalan que es imperioso bajar la presión tributaria a las empresas. La presión tributaria de Aportes Patronales, ingresos brutos (IIBB) y Ganancias casi se duplicó entre 2007 (9.1% del PBI) Y 2015 (15.9%). Sin embargo, vale la pena destacar que sólo tres cuartos de este incremento de la presión fiscal es absorbido por las empresas, ya que una parte del aumento de Ganancias es pagado por los trabajadores. En cambio IIBB y aportes patronales es absorbido todo por las empresas.

Entre 2007 (4.8% del PBI) y 2015 (8.8% del PBI) la carga tributaria de ingresos brutos y aportes patronales para las empresas casi se duplicó. Tanto IIBB como Aportes Patronales pasaron cada uno de 2.4% a 4.4% del PBI en ese período. Al mismo tiempo, la presión tributaria de Ganancias pasó de 4.3% (2007) a 7.1% (2015) del producto. Es decir, la presión fiscal de Ganancias aumentó +2.8 puntos porcentuales del producto entre 2005 y 2015, lo cual es explicado en un 78% (2.2 puntos porcentuales del PBI) por mayores pagos de personas físicas y en un 22% (0.6 puntos porcentuales del PBI) por mayores pagos de las empresas. 



Sintetizando, La quita (reducción) de las retenciones y la eliminación de Ganancia Mínima Presunta van en la dirección correcta, pero la presión tributaria en Aportes Patronales, Ganancias e IIBB (esfera provincial), que ahoga al sector privado obstaculizando la acumulación de capital y la masiva generación de puestos de trabajo, continúa “intacta”. En este sentido, pensamos que sería positivo bajar Aportes Patronales y Ganancias (empresas) para propulsar la acumulación de capital, el empleo y propiciar una salida de la estanflación.

En este marco, sería positivo establecer un cronograma gradual que tendiera a reducir la presión tributaria a los niveles de 2007.  ¿Por qué se necesita una presión tributaria en línea con la de 2007? Por dos razones. Primero, porque es el nivel consistente con el momento previo al inicio de los grandes problemas macroeconómicos de los últimos años. Segundo, porque es el nivel que está en línea con una mejor inserción internacional y una mayor apertura económica que sirva como complemento al proceso de crecimiento. Los “números” de la Alianza del Pacífico avalan esto último.

Obviamente, la baja de la presión tributaria provocaría un desfinanciamiento del sector público. Sin embargo, se podría aprovechar el gran trabajo del Ministerio de Hacienda, que nos devolvió al mundo, para financiar la baja de impuestos con ahorro internacional.

De hecho, utilizar el ahorro externo para financiar una baja de impuestos al sector privado y des ahogar a las empresas sería la manera más virtuosa de utilizar el mercado de capitales. En este sentido, tanto la teoría como la evidencia empírica muestran que la política fiscal expansiva de baja de impuestos es la única herramienta idónea para dejar atrás el estancamiento o la recesión generada por una estanflación de oferta. Esta baja de impuestos debe ser complementada con una política monetaria contractiva que reduzca la inflación. 


Esto último se está haciendo. Hay un apretón monetario de más de 25% en términos reales que terminará dando como resultado una inflación promedio anual de 40%/42% y una inflación mensual en torno a 1.5%/1.7% hacia fin de año (20%/23% anualizada), lo cual desde lo monetario deja el campo sembrado para alcanzar la meta de inflación en 2017 (12%/17%). Todo un éxito si se lo compara contra 2014, cuando manteniendo el cepo, sin ningún ajuste de tarifas y sin sinceramiento cambiario Axel Kiciloff logró una inflación del 39% anual.

Las dudas están en el plano fiscal. Como mostrábamos en el Semanario Económico Nº226, en mayo 2016 se empezó a dejar de lado el ajuste fiscal del primer cuatrimestre del año, que debía mantenerse para poder cumplir la meta de déficit fiscal primario (4.8% del PBI) de 2016. Ergo, el cumplimiento de la meta entra en zona de riesgo. No obstante, en E&R pensamos que a fuerza de libramientos impagos es probable que la meta fiscal se cumpla este año.   

El mayor problema fiscal no es tanto 2016, como sí 2017 y 2018. Según nuestras proyecciones, el reconocimiento a los jubilados podría llegar a tener un impacto fiscal equivalente a 1,1% (2017) y 1,5% (2018) del PBI durante los próximos años, comprometiendo el cumplimiento de las metas de déficit fiscal primario de 3,3% (2017) y 1,8% (2018) y generando dudas sobre la sustentabilidad de las cuentas fiscales de Argentina en el mediano y largo plazo, lo cual descarta por completo la posibilidad de bajar la presión tributaria durante los próximos años. En este marco en el cual no habría bajas importantes de la presión tributaria lo más prudente sería trabajar con tasas de crecimiento de la economía bien moderadas. De esta manera, en 2017 el PBI crecería un “amarrete” 2.0%/2.4% y seguiría atado al ciclo político en el cual se contrae los años pares y se expande moderadamente los impares, pero sin tasas de crecimiento sustentables en torno al 4%/4.5%; que es lo que necesita nuestra economía.