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domingo, 30 de agosto de 2015

Termómetro de Riqueza (TR): Versión Macro y Micro (Marca patentada por Giacomini / Milei)

Explicando Termómetro de Riqueza: "Se ha destruido Riqueza (Competitividad) como nunca en Argentina" Audio entrevista Javier Milei, explicando el TR.


https://m.youtube.com/watch?v=9fMUI1GkmcY


Termómetro de Riqueza versión Macro: 

Con Javier Milei hemos desarrollado del Indice Termómetro de Riqueza (Marca Registrada), que es un índice que mide la Competitividad de una economía, dependiente de la relación entre la productividad del trabajo respecto del salario real, la presión impositiva, la calidad del gasto público, la tasa de interés internacional, el riesgo país, los términos de intercambio, la expectativa de devaluación, el diseño de la política monetaria en relación al resto de los países y de la confianza. 

Este índice, muestra 2 cosas: 
1) Nunca en la historia de Argentina se destrozó Competitividad de manera tan fuerte como los últimos 12 años.  

2) Que si no fuera por el fabuloso contexto internacional imperante en los últimos años, hay una muy elevada probabilidad de incurrir en una severa crisis, porque siempre que en el pasado este índice cayó a niveles similares a los actuales, la crisis estalló. 
Termómetro de Riqueza versión Micro: 

"Con Javier Milei hemos desarrollo del Indice Termómetro de Riqueza Micro (Marca Registrada) que permite valuar empresas y firmas teniendo en cuenta su capacidad para hacer negocios y ganar dinero, teniendo en cuenta su productividad, salarios, presión fiscal, costo de capital y el marco macro económico y sus riesgos implícitos que enfrenta.  

TERMÓMETRO DE RIQUEZA MACRO 

(ajustado por Términos de Intercambio)


La Competitividad es mucho más que el Tipo de Cambio? (Nota Publicada en Infobae el Domingo 30/8/2015)

http://www.infobae.com/2015/08/30/1751745-la-competividad-es-mucho-mas-que-el-tipo-cambio

La actual estanflación (cumple cuatro años) era el resultado obvio de la política económica K, que durante el período 2005-2015 fue siempre inconsistente tanto en lo fiscal (keynesiana expansiva) y monetario (estructuralista) como en lo cambiario y en la política de ingresos. Los números son contundentes en este sentido. La expansión promedio del PBI se fue agotando sostenidamente y sin pausa: 7% (2004-2007), 4% (2008-2011) y 0% (2012-2015).

Sin embargo, no es casualidad que la estanflación coincida con el establecimiento del cepo al dólar. El cepo conduce a la estanflación porque, al fijar el precio del dólar por debajo de su equilibrio, convalida y perpetúa el exceso de demanda en el mercado cambiario, lo cual implica que en el resto de todos los mercados de la economía haya exceso de oferta. En el mercado de bonos, los activos cotizan bajo y sube la tasa de interés, mientras que en el mercado de dinero hay exceso de oferta que genera elevada inflación. Por otra parte, en la economía real cae el PBI per cápita y se destruye empleo privado, lo cual impacta negativamente en los salarios reales y genera un círculo de retroalimentación negativo.

En este marco de estancamiento económico y elevada inflación (estanflación), el tipo de cambio vuelve al centro de la discusión económica. El argumento es que la economía no puede producir, exportar, ni generar (mantener) puestos de trabajo porque se quedó sin competitividad debido al atraso cambiario, lo cual se potencia con el actual contexto internacional y regional, que afecta negativamente el valor de nuestras exportaciones. En el mundo el dólar se fortalece y el precio de los commodities (soja) baja. Los países de la región devalúan -Argentina aprecia- y demandan menos cantidades de exportaciones argentinas.

La comparación con Brasil potencia el argumento de la pérdida de competitividad por atraso cambiario. El tipo de cambio real bilateral Argentina-Brasil se apreció un 50 % desde el 2011 a la actualidad (de 2,55 a 1,22). Este fenómeno se debe en un 78 % al abaratamiento de Brasil en dólares y en un 22 % al encarecimiento de Argentina en esa moneda.

Sin embargo, es un error pensar que la competitividad es solo tipo de cambio. La competitividad no depende únicamente del tipo de cambio, sino también de la relación gasto público-PBI, de la presión tributaria, del costo de capital (tasa de interés) y de las condiciones monetarias relativas (emisión e inflación) entre países.

A un determinado tipo de cambio, la competitividad es menor cuanto mayor sea la presión tributaria, el costo del capital y la inflación. ¿Por qué? Porque ese determinado tipo de cambio le rinde menos al sector privado, que tiene que pagar más impuestos, tasa de interés e impuesto inflacionario. Y si se tiene en cuenta que los impuestos, la deuda y la inflación son las tres únicas fuentes de financiamiento del Estado, se entiende que a un tipo de cambio dado, el sector privado de una economía es menos competitivo cuanto mayor sea el peso del Estado.

Así, se entiende que los problemas de competitividad no se deben únicamente al tipo de cambio y no se corregirán solo devaluando. Por el contrario, si únicamente se devaluara, sin actuar sobre el gasto, los impuestos y el costo de capital, el aumento del dólar se trasladaría rápidamente a precios y en pocos meses la competitividad del tipo de cambio terminaría en el mismo lugar. Para peor, la devaluación la pagarían los sectores sociales más vulnerables.

El tipo de cambio real (TCR) de Argentina (línea roja en el gráfico) cae sostenidamente siempre a la misma velocidad promedio entre 2005 y 2015. Sin embargo, cuando se devalúa (2009 y 2014), la apreciación se acelera y pone en evidencia dos fenómenos: uno de corto y otro de largo plazo.

En el corto plazo se observa que las devaluaciones fuertes son seguidas por una fuerte y rápida traslación a precios. En el largo plazo, se observa que el tipo de cambio real de Argentina se aprecia sostenidamente en busca de su valor de equilibrio de largo plazo, que es más apreciado que el actual.

El contexto regional también deja en claro ambos fenómenos. Por un lado, que el desequilibrio del peso todavía no se ha limpiado y por el otro, que el tipo de cambio real de equilibrio de Argentina es más bajo que el actual y, por ende, el peso seguirá apreciándose. El tipo de cambio real de Argentina es 0,99, mientras que el promedio de la región es 0,82. A fin de 2015, si la región sigue devaluando y Argentina continúa con su actual política cambiaria, la brecha continuaría cerrándose: el tipo de cambio real de Argentina sería 0,94 y el de la región 0,88.

En pocas palabras, el tipo de cambio real de Argentina se aprecia para converger hacia su valor de equilibrio de largo plazo, que es más bajo que el actual y se encuentra alineado con los tipos de cambio de los países de la región.

En este punto dos preguntas relevantes emergen. Si el tipo de cambio real de equilibrio de Argentina es más apreciado que el actual, ¿por qué hay presiones devaluacionistas? Segundo, ¿por qué los restantes países de la región (salvo Brasil) pueden crecer con tipos de cambio reales más apreciados que el nuestro y Argentina no crece?

La respuesta a la primera pregunta es que Argentina enfrenta actualmente un problema de equilibrios múltiples donde, en el corto plazo y con un escenario de políticas macro inconsistentes, falta de credibilidad y cepo cambiario, el peso se deprecia y el tipo de cambio real sube; mientras que en el largo plazo, con políticas normales y confianza, la moneda se fortalece y el tipo de cambio real cae.

Los países de la región crecen porque los sectores privados de Chile, Perú, Colombia y Uruguay son más competitivos que el de Argentina, aun con un TCR más apreciado, ya que pagan menos impuestos, poseen más bajo costo del capital (tasa de interés) y enfrentan mejores condiciones monetarias relativas (menos emisión y menos inflación). Estos cuatro países tienen en promedio un ratio gasto público/PBI (27,2 %) y una presión tributaria (25,5 %) 12,6 y 9,8 puntos porcentuales más baja que Argentina, respectivamente. Paralelamente, enfrentan en promedio un costo de capital (4,24 %) de menos de la mitad que Argentina (10,6 %). También tienen mejores condiciones monetarias relativas que Argentina. En dichas economías la oferta monetaria (M2) crece al 7,9 %, mientras que la inflación asciende al 5,3 % promedio anual, respectivamente. Del otro lado, Brasil es el único que no crece y el que más devalúa porque se argentinizó. Brasil es el país con más gasto público y presión tributaria de la región, con lo cual su sector privado también está ahogado y sin competitividad.
En pocas palabras, debemos conseguir competitividad en serio para nuestro sector privado y para lograrlo es necesario bajar el peso del gasto, la presión tributaria, el riesgo país (costo de capital) y aplicar política monetaria normal y antiinflacionaria. Además, no hay competitividad posible con cepo cambiario. El sector privado de la economía argentina no puede ser competitivo si no se levanta el cepo. Para ello, resulta clave que previo al levantamiento del cepo se absorba el sobrante de pesos, de manera que su apertura no genere un importante salto del tipo de cambio, que rápidamente se trasladaría a precios.


martes, 18 de agosto de 2015

Levantar el cepo cambiario, una medida difícil pero indispensable (por Javier Milei)


Desde hace ya casi cuatro años, y muy especialmente en los últimos meses, el cepo cambiario, a diferencia de lo que ocurre en la mayor parte del mundo civilizado (sólo Angola, Mongolia, Nigeria, Sierra Leona, Sudán y Uzbekistan tienen tipos de cambios múltiples), se ha convertido en uno de los campos de debate más candentes de la economía argentina.

Así, por un lado, los heterodoxos se abrazan a un cóctel keynesiano-estructuralista-marxista cuyo rasgo esencial es un profundo desprecio por el sistema de precios, la economía de mercado y muy especialmente el respeto de las restricciones de presupuesto. En este sentido, el cepo no es más que una herramienta que intenta ocultar –sin éxito- los efectos colaterales de una política económica desatinada, la cual buscan justificar señalando que estas son las tensiones propias del crecimiento y que para colmo de males, el mundo se ha desplomado cayéndose nos encima (algo difícil de explicar con tasas de interés en el mundo en torno al 0% y los términos de intercambio en niveles récord).

Por otro lado, los economistas ortodoxos, guiados por la evidencia empírica internacional en los temas de crecimiento (por eso son ortodoxos), adhieren no sólo por una eliminación del cepo, sino que además están a favor de políticas económicas equilibradas. En este sentido, siguiendo los resultados presentados por el reconocido economista norteamericano William Easterly en el capítulo 15 del "Handbook of Economic Growth", economías con baja inflación crecen 3 puntos porcentuales más que las que tienen una inflación elevada. A su vez, la presencia de mercados paralelos -lo que sucede cuando existe un cepo- cuesta 2 puntos en la tasa de crecimiento. Por otra parte, el déficit fiscal implica un lastre de 1,5 puntos, mientras que el cierre comercial de la economía detrae otros 1,5 puntos. Naturalmente, ante estos resultados, queda claro que durante los últimos 12 años, el manejo de la política económica se ha esforzado por matar al crecimiento, donde, pese a las mejores condiciones internacionales de la historia, dado que Argentina hace cuatro años que no aumenta su PIB (por lo que cae en términos per-cápita) pareciera ser este el mayor "logro" de la gestión K.

Así, en esta línea de análisis, la defensa del cepo es sólo el reflejo de una visión totalitaria sobre el funcionamiento de la economía, cuya contrapartida es la incapacidad para el diseño de una política que promueva el crecimiento, el desarrollo y el bienestar del país.No comprenden que el mercado no es ni un lugar, ni una cosa, ni una asociación. Este proceso de cooperación social que denominamos mercado es el resultado de un conjunto de actuaciones humanas que buscando el bien individual conducen al mayor bienestar general y así, cuando el Estado, por medio del uso de la fuerza intenta sustituir las acciones voluntarias por la coacción se generan dos tipos de efectos: (i) directos; e (ii) indirectos.

Respecto al primero de los casos, cuando no hay intervención y la sociedad es libre, cada uno procederá de la manera que considere que hará máximo su bienestar, por lo que la intervención coercitiva que impida la realización de los intercambios libres deriva en un menor bienestar. Esto es, si los agentes quieren atesorar sus ahorros en moneda extranjera, no es porque tienen una pasión por los próceres extranjeros (y si la tuvieran no habría nada de malo en ello), sino porquedesde el momento de la nacionalización del BCRA en 1945 (para convertirlo en la fuente predilecta de financiación del déficit fiscal) la inflación promedio fue del 168% y con ello se destruyeron cinco signos monetarios (al tiempo que se le quitaron 13 ceros a la moneda).

Por otra parte, en cuanto a los efectos indirectos, estos están dados por los impactos no deseados sobre el resto del sistema. Así, frente a la pérdida de reservas que estaba tomando lugar en el año 2011, las autoridades, en lugar de dejar que se manifestara el sistema de precios, decidieron poner en funcionamiento el aparato represivo del Estado estableciendo el cepo cambiario. El CEPO equivale a fijar el precio de la moneda extranjera debajo del equilibrio, que no sólo arroja un exceso de demanda en dicho mercado, sino que su contrapartida es un exceso de oferta en el resto del sistema. Así, en el mercado de bonos se deprimen los precios y con ello suben las tasas de interés. En el mercado de dinero, aún con un aumento artificial de la demanda por no poder drenar los pesos contra reservas (money overhang), las necesidades de financiamiento del fisco generan un exceso de oferta que deriva en una tasa de inflación elevada acorde a los registros mundiales. Por otra parte, en el mercado de bienes se retrae el nivel de actividad económica por habitante, cuya consecuencia en el mercado de trabajo es la destrucción del empleo privado, caída en el salario real y deterioro de las condiciones laborales. Es casi una obviedad que todos estos efectos están presentes en Argentina desde el año 2011, al tiempo que de la pésima gestión de la política económica nos ha privado de contar con un nivel de reservas que debería oscilar entre los USD 90.000M y los USD 120.000M.

Por lo tanto, dados los efectos negativos que tiene el cepo cambiario sobre la economía, es por demás importante su inmediata eliminación, ya que dicha acción, al eliminar el exceso de demanda en el mercado de moneda extranjera, traería aparejado la eliminación de los excesos de oferta en el resto de la economía. Bajaría la tasa de interés, la presión inflacionaria sólo estaría dada por la emisión fiscal, el nivel de actividad se repondría y con ello mejoraría el nivel de empleo y los salarios reales.

Sin embargo, la liberación del mercado de moneda extranjera con un fuerte sobrante de pesos y exiguas reservas (las que en términos netos podrían hacerse nulas hacia final del año), donde el precio de los activos (dólares para el mercado financiero) ajusta de modo instantáneo y el de los bienes lentos (dólares comerciales), hacen que un desarme apostando a "la buena onda del mercado" sea muy peligroso. Para ello, resulta clave que previo al levantamiento del cepo se absorba el sobrante de pesos mediante la colocación de un título en moneda extranjera, el cual debería ser suscripto libremente en moneda local. A su vez, dicha medida debería ser acompañada por un arreglo de los conflictos en materia internacional, eliminación del desequilibrio fiscal, la recomposición de los precios relativos y una reforma monetaria integral que contribuya al crecimiento económico.

Obviamente, los keynesianos-estructuralistas-marxistas se opondrán a dicho esquema de salida del cepo donde los precios expresen la voluntad de los agentes y acusaran con querer aplicar la doctrina del shock, poniéndose el traje de los defensores del pueblo. Sin embargo, la búsqueda de una salida gradual, si no tiene un ajuste fiscal, seguirá generando estancamiento en el PIB, mayor emisión monetaria, un creciente sobrante de pesos, una mayor tasa de inflación, continuas devaluaciones y mayor brecha, lo cual hará que nunca se pueda salir del cepo y que cuando se salga se reproduzcan situaciones como las de 1959 y 1975. A su vez, si se reconoce que el déficit fiscal es la madre de todos los males que deriva en emisión monetaria e inflación, hacer el ajuste sin eliminar el cepo implica aumentar el nivel de ahorro respecto a la inversión, por lo que dado el exceso de oferta en el mercado de bienes ello conducirá a una recesión significativa. Naturalmente, los heterodoxos apostarán a conseguir el financiamiento que permita financiar los desequilibrios que muestra la economía, asumiendo que los acreedores estarán dispuestos a poner el dinero duro sin reparar en la inconsistencia del sendero temporal del programa.

Por lo tanto, para aquel que resulte electo Presidente, si decidiera estar acompañado por esta familia de "economistas", le sugiero que también le pida a Papá Noel y a los Reyes Magos para que le aporte financiamiento, ya que será más probable que logre fondos de estos últimos que de un conjunto de acreedores racionales.

domingo, 9 de agosto de 2015

Una Regla Monetaria para Argentina (Nota publicada en Infobae el 9 de Agosto de 2015).


Argentina debe aprender las cuatro lecciones fundamentales de política económica que la región (en los 90s) y el mundo desarrollado (en los 80s) aprendieron hace años. Este aprendizaje posibilitó una permanente estabilidad macro que dio lugar a crecimiento sostenido, menos pobreza y mejor nivel de vida en la región. En este sentido, Argentina tiene la peor performance de la región en los últimos 25 años.

Las cuatro lecciones básicas son: i) la política monetaria expansiva sirve para estimular el crecimiento económico (a cambio de más inflación) sólo en el corto plazo. Por el contrario, en el largo plazo el efecto real de la emisión monetaria desaparece, la tasa de desempleo vuelve (sube) a su nivel natural de equilibrio y la inflación "queda" aún más alta cuando los agentes incorporan en sus expectativas el accionar de los políticos (que emiten y generan inflación); ii) alta y prolongada inflación atentan contra el ahorro y la inversión, deteriorando la acumulación de capital, el progreso tecnológico y el crecimiento económico, impidiendo bajar la pobreza; iii) la política monetaria es el instrumento más eficiente para combatir y prevenir la inflación; iv) una política en base a reglas conlleva a un resultado económico y social superior que una política discrecional.

La política en base a reglas nace de la "Teoría Moderna de la Política Económica" de Milton Friedman. Las reglas son un mecanismo institucional cuya función es minimizar la discrecionalidad y el intervencionismo del político de "turno"; protegiendo el libre mercado y la asignación de recursos vía sistema de precios. Según esta teoría, hay que minimizar la discrecionalidad y el intervencionismo político por 5 razones: a) el policy maker suele perseguir objetivos particulares (re-elección; maximizar su utilidad; beneficiar a un determinado grupo social; etc) que pueden no estar correlacionadas con el bienestar general; b) el policy maker no puede saber en qué consiste el bienestar general y mucho menos conocer los medios para alcanzarlo; c) el policy maker no sabe ni la fuerza, ni el retraso temporal de los efectos de su política sobre las variables de la economía; d) los políticos suelen proponerse más objetivos que instrumentos de los cuales cuentan para alcanzar dichos objetivos, lo cual conduce a que no se termine alcanzando ningún objetivo (inconsistencia dinámica de las políticas); e) el público no permanece inmóvil, sino que forma expectativas tendientes a "esquivar" los efectos de las políticas. Así, si las expectativas son correctas, la política se neutraliza y los objetivos no se alcanzan.

En este marco, queda claro que durante los últimos 12 años el BCRA hace todo mal, ignorando las cuatro lecciones fundamentales. La política monetaria del BCRA no sólo es siempre discrecional y desmedidamente expansiva, sino también es inconsistente. Su carta orgánica fija más objetivos (estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social) que instrumentos de los cuales dispone; ergo ningún objetivo se alcanza.

Durante las dos presidencias de CFK se ha acumulado una inflación minorista de 438% (IPC Congreso). Paralelamente, la base monetaria se expandió un 425% en el mismo período, confirmando que la inflación es en todo lugar (en Argentina también!) y siempre un fenómeno monetario. Los agregados monetarios y el PBI nominal (inflación más crecimiento) están cointegrados (se mueven vis a vis) en largo plazo. Además, en estos 8 años la inflación (IPC Congreso) y las expectativas de inflación (UTDT) promedian respectivamente 25.0% y 27.1% anual, confirmando que Friedman tenía razón; y que el público forma correctamente sus expectativas de inflación en el largo plazo. Para el caso argentino queda demostrado empíricamente que el dinero es neutral y no tiene efectos sobre la economía real (producción y empleo) en el largo plazo. Sólo se termina generando más inflación en un marco de estanflación (estancamiento con alta inflación). Por lo tanto, no debe sorprender que la tasa de crecimiento del PBI promedie 0% anual, no haya creación de empleo privado (0.2% promedio anual en 2012/2015) y la tasa de desempleo (bien medida) haya subido 2p.p. durante los últimos cuatro años.

En este marco, para bajar la inflación, volver al sendero (perdido) del crecimiento y bajar (mejorar) la pobreza (el nivel de vida), se debe eliminar la discrecionalidad institucionalizando una regla de política monetaria que ponga freno a la "maquinita" del BCRA; y convenza al público que se dejará de emitir "de más". Si el público conoce la regla y forma racionalmente sus expectativas, las expectativas de inflación disminuirán y la inflación bajará. La credibilidad de la regla de política monetaria (fundamental para bajar las expectativas) hay que apuntalarla con una nueva Carta Orgánica (consistente) que tenga un solo objetivo: inflación baja y estable.

Las nueva regla de política monetaria debe ser: i) eficiente (minimizar la volatilidad de la variable elegida como regla); ii) sencilla (fácilmente entendida y no entorpecer la formación de expectativas); iii) precisa (no hay dudas de que se sigue o no); iv) transparente (debe ser anuncia para que el público la conozca y la incorpore a su formación de expectativas); v) robusta (válida para cualquier modelo de economía) y debe tener vi) mecanismos de responsabilidad y castigo (renuncia si no se cumple).

En el corto plazo se debe ir hacia una regla de instrumentos que conduzca la política monetaria en base a una regla que fije la tasa de crecimiento de M1. La disminución del ritmo de emisión monetaria reducirá las expectativas de inflación del público; y con ello bajará la inflación. Esta política deberá mantenerse hasta que la inflación de Argentina converja a un dígito anual en el mediano plazo. Luego, con las expectativas de inflación ya "domadas", credibilidad y reputación anti inflacionaria, el BCRA podrá virar hacia una regla de objetivos (Metas de Inflación) que es un estadio evolutivo posterior en el cual el Central recupera un mayor grado de discrecionalidad. Chile, Perú, Colombia y tantos otros países emergentes (Desarrollados también) aplican Metas de Inflación y todos tienen estable y baja inflación (entre 2% y 5%) con crecimiento económico.

jueves, 6 de agosto de 2015

¿Por qué las Políticas de Reglas son Mejor que las Políticas Discrecionales?

Mi colega Javier Milei en su nota “Milton Friedman y la inflación en Argentina” agrupa las contribuciones del padre del Monetarismo en 4 grandes bloques. En esta nota voy a desarrollar la discusión “Reglas vs. Discrecionalidad” (4° bloque), lo cual me conducirá a proponer una política monetaria de reglas que, con la teoría cuantitativa como herramienta del análisis económico (3° bloque), permitiría que Argentina bajara su inflación hasta los estándares regionales.

Friedman con su “Teoría Moderna de la Política Económica” sentó las bases teóricas para abandonar las políticas discrecionales intervencionistas Keynesianas y abrazar las políticas de reglas, las cuales aceleraron la acumulación de capital, elprogreso tecnológico y elcrecimiento durante los últimos 30 años, permitiendo bajar (aumentar) los niveles de pobreza (la calidad de vida) como nunca antes en la historia de la humanidad. El ingreso per cápita de hoy es más elevado que el de 1980.

Antes de Friedman, el paradigma Keynesiano, hegemónico entre 1930 y 1970, nos había “prometido” que con discrecionalidad, intervencionismo y política fiscal expansiva de incentivación de la demanda con gasto público (la política monetaria era ineficaz), el “policy maker” nos proveería debienestar general. El sustento teórico detrás de las recomendaciones keynesianas era “La Teoría Tradicional de la Política económica”, que postulaba que el policy maker (eligiendo “ganadores” y “perdedores”) era superior al mercado (asignando recursos a partir de la señales de precios). 

La Teoría Tradicional sostenía que el policy maker era un ente benévolo que no perseguía objetivos individuales, sino la maximización del bienestar de los ciudadanos. A su vez, asumía que el policy maker sabía en qué consistíaese bienestar y tenía toda la información necesaria para maximizar dicho bienestar, conociendo a la perfección el modelo económico y el impacto (fuerza y tiempo) de su política sobre las variables económicas. Además, dicho andamiaje, al no incluir expectativas, asumía que el públicono trataba de esquivar los efectos de su política económica. En este marco, el policy maker debía tener total discrecionalidad porque sabía qué y cómo hacer para maximizar el bienestar social; y por eso lo mejorera dejarlo intervenir y elegir ganadores y perdedores. 

Sin embargo, la evidencia empírica de fines de los 60s y comienzos de los 70s con bajo crecimiento, alto desempleo yelevada inflación mostraba que el sustento teórico y las recomendaciones Keynesianasno eran correctos. En ese marco, Milton Friedmandesarrolló “La Teoría Moderna de la Política Económica”,que sostuvo que el policy maker perseguía objetivos particulares (re-elección; maximizar su utilidad; beneficiar a un determinado grupo social; etc) que podían no estar correlacionadas con el bienestar general, y  asumía que el policy maker no conocía el modelo a la perfección, por lo cual no sabía ni la fuerza, ni elretraso temporal de los efectos de su política. Además, argumentaba que los políticos suelen proponerse más objetivos que instrumentos de los cuales cuentan para alcanzar dichos objetivos, lo cual conduce a que no se alcance ningún objetivo (inconsistencia dinámica de las políticas). El BCRA es un ejemplo paradigmático en este sentido. Su carta orgánica fija más objetivos (estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social) que instrumentos de los cuales dispone. Friedman incluye, por primera vez, la psicología en la teoría económica, demostrando que si el público forma expectativas correctas, la emisión termina generando sólo inflación y nada de crecimiento.

Bajo el paradigma de la “Teoría Moderna de la Política Económica”, Friedman demuestra que una política económica basada en reglas es superior a una política discrecional. Si el público conoce la regla del gobierno y forma racionalmente sus expectativas, la política discrecional fracasa como política óptima y una política de reglas arroja una pérdida inferior.Las políticas de reglas deben ser: i) eficientes (minimizar la volatilidad de la variable elegida como regla); ii) sencillas (fácilmente entendida y no entorpecer la formación de expectativas); iii) precisas (no hay dudas de que se sigue o no); iv) transparente (debe ser anuncia para que el público la conozca y la incorpore a su formación de expectativas); v) robusta (válida para cualquier modelo de economía) y vi) mecanismos de responsabilidad y castigo (renuncia si no se cumple). 

La política monetaria desmedidamente expansiva, discrecional e inconsistente (más objetivos que instrumentos) del BCRA ha acumulado una inflación minorista de 438% en 2008/2015 (IPC Congreso). En este período, la inflación (IPC Congreso) y las expectativas de inflación (UTDT) promedian respectivamente el 25.0% y 27.1% anual, confirmando que Friedman tenía razón y que el público forma correctamente sus expectativas de inflación en el largo plazo. En el mismo, período la base monetaria se expandió un 425%, confirmando que las expectativas son racionales y el público espera más inflación cuando anticipa que el BCRA emite “pesos de más”.

Para bajar la inflación, volver a crecer y bajar la pobreza en serio, se debe establecer una regla de política monetaria que convenza al público que el BCRA dejará de emitir “de más”, para que estosbajensus expectativas y disminuya la inflación.En este sentido, se debe eliminar las inconsistencias, y para ello hay que reformar la Carta Orgánica y la inflación debe ser el único objetivo del BCRA. Dado la formación de expectativas y la relación existente entre cantidad de dinero y la inflación en Argentina, en el corto plazo se debe ir hacia una regla de instrumentos que conduzca la política monetaria en base a una regla que fije la tasa de crecimiento de M1. La disminución del ritmo de emisión monetaria reducirá las expectativas de inflación del público; y con ello bajará la inflación. Esta política deberá mantenerse hasta que la inflación de Argentina converja a un dígito anual en el mediano plazo. Luego, con la credibilidad y la reputación anti inflacionaria ganada a partir de los hechos, recién ahí el BCRA podrá virar hacia una evolución más reciente en materia de política de reglas. Con las expectativas inflacionarias domadas y la inflación en un dígito, el BCRA podría iniciar el camino que la mayoría comenzó a transitar en los ‘90s y 2000s, virando hacia una regla de objetivos de Metas de Inflación) que es una evolución posterior de las reglas de instrumento y permite algo más de grados de libertad al Central. Chile, Perú, Colombia y tantos otros países emergentes (Desarrollados también) aplican Metas de Inflación y todostienen estable y baja inflación (entre 2% y 5%) con crecimiento económico.