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martes, 5 de junio de 2012

"EL MODELO" SE AUTODESTRUYÓ: NO SE PUEDE
PROFUNDIZAR.
Desde los comienzos de este tercer mandato escuchamos que la presidente pregona que “ha llegado la hora de profundizar el modelo”.
Los modelos están determinados por las condiciones iniciales de las cuales se parte y los objetivos que se quieren alcanzar. En el medio se encuentran las políticas económicas óptimas, que conducen las variables relevantes desde su condición inicial hasta su estado ideal (objetivo).
En la actualidad las condiciones macroeconómicas son diametralmente opuestas a las que existieron en la época de auge del “modelo”. La tasa desempleo (7.1%) es baja y hay pleno empleo de capital (85%). El aumento del nivel general de precios minorista se ubicaría entre 25%/28% anual; ocho veces más que en 2003 (3.7%). Paralelamente, en la actualidad, medido en términos reales, el dólar (1.1 pesos) vale la mitad que en 2003 (2.1 pesos). La industria doméstica perdió protección y dejó de crecer en los primeros meses de este año. La percepción de atraso cambiario  con alta inflación genera una fuerte fuga de capitales, que sólo es detenida con la prohibición de comprar dólares. Sin embargo, la fuerte intervención cambiaria genera un desdoblamiento del tipo de cambio con una brecha que en la actualidad asciende a 35%. En este marco, las expectativas de depreciación aumentan y potencian las proyecciones de aceleración inflacionaria. El círculo vicioso y la caída del consumo y la inversión se potencian. De esta manera, la construcción (otro puntal del modelo) también se enfría y el nivel de actividad general se desacelera.
Este deterioro del crecimiento se siente en la recaudación, que en marzo creció al 20% nominal, suponiendo una caída en términos reales. Las finanzas del sector público nacional se deterioran y el déficit primario nacional ascendería 1.0% del PBI en 2012. Este deterioro fiscal se traslada y acrecienta en la esfera provincial, que a nivel consolidado tendría un resultado global negativo de 1.4% del PBI. Paralelamente, el mundo juega a favor con mucha menos fuerza que en los años anteriores. Este comportamiento del mundo sumado a la fuga de capitales doméstica conduce a un déficit del sector externo, que se busca minimizar con las trabas comerciales. En pocas palabras, ya no hay superávits fiscal ni externo, por lo que  el BCRA ya no acumula más reservas. Para peor, se financia al Tesoro con emisión y se paga deuda con reservas, deteriorando la relación reservas / base monetaria, que cayó 63 puntos porcentuales entre 2009 (149%) y 2012 (86%).  
La tasa de crecimiento de nuestra economía se ubicaría entre 1.7% y 2.8% en 2012. Una tasa de crecimiento en torno al 2% podría ponernos enfrente del mayor riesgo: la suba de la tasa de desempleo. Un aumento del desempleo con alta inflación conduciría a una caída del salario real y a un menor nivel de actividad.
En pocas palabras, el “modelo” ya no tiene las condiciones macro que lo sustentaron. Por consiguiente, los objetivos de política tampoco deberían ser los mismos. El “modelo” ya no está; no puede profundizarse. Hay que cambiar el “modelo”. Es imperioso atacar la inflación e implementar políticas económicas más parecidas a los que se aplican en Brasil; Uruguay y Chile, que piensan más en un crecimiento sustentable de largo plazo que en maximizar el crecimiento presente.   

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