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miércoles, 11 de julio de 2012

YENDO HACIA LA RECESIÓN

No hay dudas que la economía muestra signos de desaceleración. Sin embargo, este enfriamiento no es de ahora, sino que comenzó a revelarse durante 2011. La tasa de crecimiento comenzó a reducirse paulatinamente hace un año y medio, registrando 8.7% (enero’11); 6.2% (octubre’11); 4.6% (enero’12) y 1.5% (mayo’12). Cada vez el crecimiento se debilita sostenidamente cabe preguntar: ¿La economía saldrá rápidamente del enfriamiento o por el contrario, el menor nivel de actividad se convertirá en recesión? El enfriamiento no se convertiría en recesión si emergieran, al menos, algunos de los factores económicos externos y/o domésticos que motorizaron el crecimiento en el pasado, permitiendo que la economía saliera de su actual letargo.
¿Qué necesitaríamos del mundo para salir del actual enfriamiento? Para Argentina el mundo se resume en dos palabras: soja y Brasil. Argentina crece más cuantas más toneladas de soja se produce, más elevado sea su precio internacional y mayor sea el crecimiento en Brasil. Nuestras inconsistencias de política económica, que mantiene un tipo de cambio cuasi fijo con alta inflación y gasto público aumentando al 34% y la cantidad de dinero al 30%, convirtieron al modelo económico en un “adicto”, que necesita dosis crecientes “de mundo” para seguir creciendo al mismo ritmo. En este sentido, para poder seguir creciendo al 4%/5% anual, Argentina necesitaría una soja a precios superiores a los actuales y Brasil creciendo en forma constante al 7% anual.
En el corto plazo sería difícil que la soja evitara el enfriamiento, porque el efecto precio positivo (soja a USD600) no alcanza a compensar al efecto cantidad negativo (10 millones de toneladas menos). Además, el 70%/80% de la cosecha ya fue liquidada. La soja tampoco nos podría sacar del enfriamiento en 2013, porque los precios futuros cotizan 538 (marzo’13) y 517 (julio’13); muy por debajo de lo que el “modelo” necesitaría. Brasil crecería en torno al 2.2% (2012) y 3.8% (2013) por lo que tampoco podría “cortar” el enfriamiento ni ahora, ni en 2013. En definitiva, el mundo no se nos cayó encima, pero no puede jugar todo lo a favor que nuestro modelo necesita.
Por el lado de los factores domésticos, las tasas chinas de crecimiento estuvieron sustentadas en: i) creciente apertura de la economía en 2003 / 2007 que permitió que la macroeconomía argentina usufructuara los beneficios de una mayor cosecha, del aumento de la soja y del fuerte crecimiento de Brasil en 2003/2008; ii) un dólar “caro” que dejaba usufructuar los beneficios pero evitaba los costos de dicha apertura al mundo y iii) una combinación de política fiscal, monetaria y de ingresos (salarios) expansiva que alimentó el consumo, la demanda agregada y el nivel de actividad. Ninguno de estos tres factores domésticos está actualmente presente en la macroeconomía argentina. La economía se cierra cada vez más. El mejor ejemplo son las trabas a las importaciones, que afectan negativamente la oferta y por ende, la creación de puestos de trabajo, la masa salarial, la demanda y el nivel de actividad. Tampoco está aquel dólar “caro” que incentivaba la competitividad de nuestras exportaciones y protegía a nuestra industria sustituidora de importaciones. Por un lado, la inflación licuó el tipo de cambio elevado y por el otro, los aumentos salariales por “arriba” de dicha inflación erosionaron la rentabilidad de los sectores intensivos en mano de obra, afectando negativamente el nivel de actividad. Tampoco habría más margen para aplicar políticas fiscales y monetarias expansivas para estimular la demanda agregada y el crecimiento económico. Es más, la aplicación de dichas políticas expansivas probablemente lograría los resultados opuestos. La política fiscal expansiva comienza a presentar problemas de financiamiento. Los recursos extraordinarios del ANSES se reducen y el financiamiento con emisión del BCRA genera crecientes efectos negativos. En tres años la relación reservas / base monetaria se deterioró 63 puntos porcentuales y la deuda del Tesoro con el BCRA más que se triplicó; pasando de $16,000 MM (2009) a $52,000 MM. La contracara es más inflación, que genera atraso cambiario y expectativas de devaluación. Si a esta situación se le suma el desdoblamiento cambiario, se entiende que las decisiones de consumo, inversión y el nivel de actividad se vean negativamente afectados.  Menor nivel de actividad con más inflación (por más emisión del BCRA y expectativas de devaluación) implica que los salarios se ajustan por detrás de los precios, retroalimentándose el círculo negativo que deteriora el consumo y el nivel de actividad. En pocas palabras, ninguno de los factores domésticos que estimularon la fase expansiva del ciclo sería útil para “cortar” el actual enfriamiento. En este sentido, sin mediar cambios profundos en el modelo y más aún profundizando las políticas actuales, lo más probable sería que la tasa de crecimiento continuara diluyéndose y el actual enfriamiento se convirtiera en recesión con tasas de crecimiento negativas.
En este marco es útil hacer un ejercicio. Entendiendo que no hay elementos ni externos ni domésticos que puedan sacar la economía de su actual trayectoria temporal, es válido asumir que entre julio y diciembre de este año la economía se pueda comportar como el promedio de los últimos seis meses. En este marco, si la construcción, la industria, el comercio y el resto de los servicios siguieran comportándose como el promedio de diciembre/mayo pasado, el actual enfriamiento se convertiría en recesión, ya que el tercer y cuarto trimestre de este año registraría tasas de crecimiento interanuales negativas. En ese marco, la tasa de crecimiento promedio del PBI sería 1.2% anual en 2012. Si extrapolamos este comportamiento para 2013, el año que viene la tasa promedio de crecimiento del PBI sería negativa: -0.9%.
Lo preocupante no es la foto sino la película. La foto indica que la crisis está lejos, pero la película muestra que nos esforzamos en hacer mal las cosas y vamos hacia la recesión. Revertir la película supone realizar importantes esfuerzos, desde el punto de vista técnico, político y social. Primero, hay que aplicar políticas monetaria y fiscal dirigidas a reducir rápidamente la inflación; o sea moderar el ritmo de crecimiento del gasto y de la emisión de pesos para apuntalar la demanda de pesos y bajar el aumento del nivel general de precios. Una inflación controlada es una condición necesaria  para un crecimiento sustentablemente.  Luego, hay que comenzar a imitar las políticas aplicadas por Brasil; Chile y otros países de la región que tienen políticas contra cíclicas; que son los verdaderos pilares del desarrollo sustentable de largo plazo.


 

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