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miércoles, 9 de diciembre de 2015

Dinámica monetaria, precios e inflación (publicada en http://www.elpuntodeequilibrio.com/Home)

por Javier Milei y Diego Giacomini



El problema económico central del dinero es su valor de cambio objetivo. En este sentido, si el valor de cambio objetivo de un bien es su poder para adquirir una cierta cantidad de otros bienes a cambio, su precio está dado por esta cantidad de otros bienes. Por lo tanto, el poder adquisitivo del dinero viene determinado por la posibilidad de obtener una cierta cantidad de bienes económicos a cambio de una determinada cantidad del mismo.

A su vez, el dinero como cualquier otra mercancía, tiene su propio mercado y su precio está dado por su poder adquisitivo. Así, cuando se incrementa la cantidad de dinero ofrecida, el poder de compra de la unidad monetaria se reduce, y la cantidad de bienes que pueden obtenerse por unidad de esa moneda se reduce también. Naturalmente, cuando aumenta (baja) la demanda de dinero, ello implica una menor (mayor) demanda del resto de bienes de la economía, por lo que al caer (subir) sus precios, el poder adquisitivo del dinero sube (cae). Por último, si aumenta (cae) la oferta del resto de bienes de la economía, sus precios deben caer (subir), por lo que el poder adquisitivo del dinero aumenta (cae).

Bajo este marco, si bien cuando aumenta la cantidad de dinero ello conduce a una disminución de su poder adquisitivo (suba de precios ), no se trata de un simple cambio del poder adquisitivo de la unidad monetaria, ya que las modificaciones en la existencia de dinero no toman lugar de modo simultáneo y automático en todos los sectores. Así, cuando se produce un aumento de la oferta monetaria, el nuevo dinero entra en algún punto concreto del sistema y luego se va difundiendo por el resto de la economía. De este modo, las personas que lo reciben primero (por ejemplo, los beneficiarios del gasto público que se financia con emisión monetaria) son las que obtienen las mayores ganancias, ya que sus precios de ventas suben sin que hayan cambiado sus precios de compra. Por otra parte, aquellas personas que lo reciben en último término (trabajadores de sectores más alejados) son las que más pierden, ya que todos sus precios de compra han aumentado antes que sus precios de venta. Por lo tanto, el ingreso del dinero a la economía no es neutral, ya que produce efectos distributivos que modificarán tanto a los precios relativos como a la asignación de recursos con efectos tanto en el presente como en el futuro. Esto es así, aún cuando el poder adquisitivo del dinero en “equilibrio”, dada la suba de precios, no se modifique en términos agregados.

Naturalmente, más allá de los perjuicios no triviales en lo distributivo y en el sendero dinámico de la economía, este proceso en el que los aumentos de precios se trasladan desde un sector a otro hasta que se agota el proceso de pérdida de poder adquisitivo del dinero (inflación) consume tiempo. En general, teniendo en cuenta el ritmo de expansión de la cantidad de dinero, en el mundo, ese proceso lleva entre 2 y 5 años. Por otra parte, acorde a nuestros estudios, para el caso de Argentina, ese tiempo oscila entre 12 y 24 meses.

En este contexto, durante los últimos días, la tasa de inflación de la economía ha mostrado un salto y desde el gobierno saliente han acusado a Mauricio Macri por haber señalado su intención de abrir el CEPO, por lo que ante las expectativas de un salto en el tipo de cambio los agentes subieron los precios. Sin embargo, este argumento tiene por lo menos dos problemas. Por un lado, desde la ley de imputación de Menger se sabe que los costos (aquí la moneda extranjera) no determinan los precios, sino que es al revés. Por otra parte, cuando el precio de un bien de la economía sube y los individuos no están dispuestos a reducir la cantidad demandada del mismo (demanda inelástica), ello deriva en un aumento del gasto en dicho bien, por lo que el gasto en el resto de los bienes deberá caer y con ello sus precios, por lo que en términos agregados no habrá inflación. Esto es, de no existir convalidación monetaria que permita gastar más en un bien sin dejar de gastar en los otros no habría inflación.

Sin embargo, tal como hemos señalado, los efectos monetarios trabajan con rezagos y si uno quisiera encontrar la causa de la inflación presente, la convalidación monetaria comenzó hace 15 meses, cuando Alejandro Vanoli aceleró la tasa de crecimiento de la cantidad de dinero a niveles del 40% anual. Por ende, esta política ha gestado un sobrante de dinero que hoy permite convalidar mayores precios. Al mismo tiempo, la instauración del CEPO, al no permitir drenar contra dólares el sobrante de pesos, hace que el problema en cuestión se amplifique (4% del PIB), ya que a la convalidación monetaria por el lado de la oferta de dinero, se le podría sumar una convalidación adicional por caída en la demanda de dinero. Esto ya pasó dos veces en Argentina. Una fue en 1959 y la otra en 1975 (Rodrigazo). Ninguno de los dos casos han sido experiencias agradables y en ambas situaciones sus orígenes se remontan en las acciones monetarias de dos años atrás.

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