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miércoles, 29 de abril de 2015
martes, 7 de abril de 2015
Ellos devalúan y nosotros apreciamos (Nota publicada en Diario Perfil del Domingo 5 de Abril 2015)
http://www.perfil.com/columnistas/Ellos-devaluan-y--nosotros-apreciamos-20150405-0056.html
Brasil impacta negativamente con su estancamiento y su devaluación. Y esta situación se torna más grave en la medida que, con alta inflación doméstica, nuestro gobierno intensifique el uso del dólar cuasi fijo. En los últimos siete meses la devaluación real del real (30%) más que triplicó la apreciación real del peso (8,8%) contra el dólar, generando una apreciación real de 39% del tipo de cambio bilateral contra Brasil; una situación muy delicada.
La foto actual es menos grave que la de 1999/2001, pero la película puede ser más difícil que la de aquel entonces. En aquella oportunidad la apreciación se daba sólo como resultado de la devaluación de nuestro socio comercial. Por el contrario, ahora nuestra apreciación se alimenta no sólo por la devaluación real del real contra el dólar (como en 1999), sino también por la apreciación real de nuestro peso contra el dólar (lo contrario a 1999) debido a que la inflación promedio mensual (2%) más que duplica la devaluación promedio mensual nominal (0,7%) mes tras mes.
En este contexto, si el Gobierno alcanzara el que pareciera ser su objetivo y el dólar oficial terminara en $ 9,8 y la inflación fuese 30% anual a fin de año, el atraso cambiario se agravaría (con los actuales niveles de gasto público y presión tributaria) y las expectativas de devaluación aumentarían y así; la próxima administración recibiría un tipo de cambio bilateral similar al de 1999 / 2001.
Este fortalecimiento del peso argentino respecto del real brasilero afecta fuertemente la rentabilidad de los sectores que comercian con Brasil. Serán varios los sectores que se verán negativamente afectados. Entre estos sectores hay que mencionar no sólo los exportadores (industria y automotrices especialmente), sino también los que compiten con importaciones provenientes de Brasil y los que reciben ingresos del turismo brasileño.
El consenso de mercado es que Brasil crecerá poco durante los próximos años y no nos podrá rescatar de nuestros desatinos en materia de políticas económicas. No se le podrá pedir nada a Brasil. Mucho menos a la “magia” del tipo de cambio. Para volver a hacer negocios y volver a ganar plata en Argentina, va a haber que bajar el gasto y la presión tributaria en términos del PBI. También va a haber que derrotar la inflación con un BCRA con fuerte vocación antiinflacionaria. También se va a tener que volver a regular eficientemente todos los servicios públicos; pilar indiscutible de competitividad real. Todo esto es competitividad de verdad; y no efímera. Y así el tipo de cambio real subirá “de verdad”.
viernes, 27 de marzo de 2015
Kicillof y el multiplicador de pobreza
por Javier Milei
Desafortunadamente para los 42 millones de argentinos que habitamos este suelo, el Ministro de Economía, Axel Kicillof, nos sigue castigando con sus frases poco felices. Esta vez fue el turno de la pobreza, donde el Jefe del Palacio de Hacienda afirmó que “cuantos pobres hay es una pregunta bastante complicada”, al tiempo que confesó no tener claro el número de pobres y que la medida le parecía bastante estigmatizante. A su vez, al ser consultado sobre la falta de cifras oficiales sobre pobreza, Kicillof negó que el Gobierno quisiera ocultar los índices y dijo que “hay un índice, que por los problemas de hacer homogénea la serie y hacerla nacional lleva más tiempo, y que cuando esté, se la va a publicar”; argumento muy similar al que diera tiempo atrás Jorge Capitanich. Por lo que parece, el empalme de las series tiene una tarea hercúlea adicional: ser coherente con el relato.
Por suerte, para los economistas y sobre todo para la humanidad, desde la edición de “la teoría general” de John Maynard Keynes en 1936, el análisis económico evolucionó muchísimo. Así, luego de que el Premio Nobel de Economía 2001 George Akerlof publicara el trabajo “The Market for Lemons” en 1970 (donde desarrolla el concepto de selección adversa –equilibrio de malos-) y que ello diera lugar al nacimiento del análisis económico bajo información asimétrica (entre otras cosas), hemos descubierto lo que hoy se conoce como “principio de revelación” (Hurwicz 1973, Spence 1974, Rothschild-Stiglitz 1976 y Myerson 1979 y 1982), el cual estaría arrojando mucha luz respecto a este culebrón estadístico.
El principio de revelación sostiene que si unos agentes tienen algo que ganar revelando un valor favorable de algún rasgo, otros se verán obligados a revelar sus valoraciones menos favorables. Esto es, mediante dicho principio, todos los agentes deben revelar sus cualidades, aún los menos favorecidos. La no revelación de su rasgo será interpretado como que no tiene nada bueno para mostrar, ya que de lo contrario no tendría sentido ocultarlo. Un caso que nos puede ayudar a ver cómo trabaja este principio es el de los sapos que buscan pareja.
Cuando un sapo y su rival luchan por la misma pareja, cada uno ha de tomar una importante decisión estratégica. ¿Debe pelear por ella o irse en busca de otra? Pelearse es arriesgarse a quedar malherido, pero continuar la búsqueda también implica un costo. En el mejor de los casos, lleva tiempo, y no hay garantía alguna de que la siguiente pareja posible no sea objeto de los afectos de otro sapo. En la elección de una de estas opciones desempeña un importante papel la valoración que haga cada uno de los sapos de la capacidad de lucha del otro. Si el rival es considerablemente más grande, la probabilidad de vencer será baja, por lo que la probabilidad de quedar malherido será alta, de este modo, lo más prudente sería continuar la búsqueda. En caso contrario, es posible que pelear sea una buena decisión.
Muchas de estas decisiones deben tomarse por la noche, cuando es difícil ver. Por ese motivo, los sapos recurren a algunas pistas invisibles. La más fiable es el tono del canto del rival. En general, cuanto mayor es un sapo, más grandes y gruesas sus cuerdas vocales y, por lo tanto, más grave es su canto. Si un sapo escucha un canto grave por la noche, puede deducir de manera razonable que procede de un sapo grande. A su vez, para que las señales que se transmiten a los adversarios sean creíbles deben ser costosas de fingir. Puesto en otros términos, si a los sapos pequeños no les costara nada imitar el canto grave que caracteriza a los sapos grandes, ésta dejaría de ser una característica de los sapos grandes. Sin embargo, no pueden imitarlos y junto con ello, los sapos grandes tienen una ventaja natural que hace del canto grave una señal fiable. De hecho, algunos experimentos han demostrado que al sapo común suele intimidarle más un canto grave que uno agudo.
Imaginemos que tenemos un índice que va de 0 a 10 que mide el tono del canto de un sapo y que el valor promedio es de 5. Así, en un primer momento, todos aquellos que tienen un nivel de graves que supera al 5 tendrán incentivos a revelar su canto ya que de lo contrario se inferiría que son sapos menores al promedio. Al mismo tiempo, dado que los grandes revelaron su tipo, para aquellos que han callado ahora existe un valor esperado de 2,5, por lo que aquellos que tienen un canto superior a dicho nivel terminarán cantando. Siguiendo este análisis, cada uno de los tipos de sapos terminará revelando de qué tipo de sapo se trata, donde el único que no lo hará, al menos de manera explícita, será el sapo de peor condición.
Este análisis describe perfectamente lo que ha sucedido con la publicación de las estadísticas de pobreza. El primero en mover fue el Observatorio de la Deuda Social de Argentina de la UCA con la publicación de su índice a partir del año 2010, cuando quedaba claro como el manejo de las estadísticas por parte de Guillermo Moreno subestimaba la cantidad de pobres. Así, para la casa de altos estudios, la pobreza de 2013 alcanzaba al 27,5% de la población. Paralelamente, el Instituto Pensamiento y Políticas Públicas (IP&PP) estimó a la pobreza en un 36%. Por lo tanto, cuando Axel Kicillof decide no publicar el dato, ello deja de manifiesto que el verdadero nivel de pobreza es superior al dato del IP&PP, ya que si fuera mejor lo revelaría.
Por último, y en línea con lo anterior, habría que recordarle al Ministro de Economía que días atrás el INDEC publicó la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), la cual, en su capítulo sobre la distribución del ingreso para el IV Trimestre de 2014 muestra que si se toma el ingreso por ocupación principal, más del 40% de los individuos percibe una remuneración inferior a los $ 4.400 mensuales correspondientes al salario mínimo vital y móvil del período en cuestión. Al mismo tiempo, si se toma el nivel de ingreso medio por grupo familiar, poco más del 50% de las familias estaría en una situación de alta vulnerabilidad (ingresos familiares menores a $ 8.800 por mes). En definitiva, todo pareciera indicar que respecto a los indicadores de pobreza nos encontramos frente algo peor a lo que fue el IPC del ex Secretario de Comercio, que pese a lo mal que medía se publicaba. Naturalmente, la presente situación es de gravedad extrema, ya que la experiencia muestra que toda variable económica que no se mide empeora, lo cual nos pone frente a un atroz multiplicador de pobreza, aunque el mismo pone a resguardo al alicaído relato.
jueves, 26 de marzo de 2015
El Tipo de Cambio Bilateral con Brasil tiene más problemas hoy que 1999/2001
El impacto negativo de nuestras políticas sobre el
crecimiento económico y el empleo se encuentra actualmente agravado porque
Brasil ya no puede ayudarnos a amortiguar (disimular) los efectos nocivos de
nuestras malas decisiones en materia de políticas fiscales, monetarias y de
ingresos.
Brasil es el principal socio
comercial de Argentina. Aproximadamente, el 20% de las exportaciones argentinas
se dirige hacia el mercado brasilero. Dentro de las exportaciones, el sector
industrial (sobretodo el automotriz) es quien más depende del mercado del socio
mayor del Mercosur. En este contexto, si a Brasil le va bien, a nuestra economía también
le va bien; y al sector industrial le va mejor. Cuando Brasil no crece, las
exportaciones industriales argentinas en general y automotrices en particular
comienzan a caer.
Como dijimos más arriba, nuestro
proceso estanflacionario, que cumplirá cuatro años (2012/2015) a fin de año, queda fuertemente en evidencia
porque en la actualidad Brasil no sólo no puede amortiguar, sino que suma al
impacto negativo de nuestras pésimas políticas económicas. Es decir, Brasil está potenciando el efecto negativo
de nuestras malas políticas; y dicha potenciación es doble.
Brasil impacta negativamente no sólo
con su estancamiento, sino que ahora hay que sumarle los potenciales efectos
negativos de la devaluación del real sobre nuestra macroeconomía. Y esta situación se torna más grave
en la medida, que con alta inflación doméstica, nuestro gobierno intensifique
el uso del dólar cuasi fijo para preservar la actual estabilidad financiera
hasta fin de 2015.
En los últimos siete meses la
devaluación promedio mensual (+0.75) nominal del tipo de cambio oficial fue
menos de la mitad de la inflación minorista promedio mensual (+2.0%) del IPC
Congreso, apreciándose el tipo de cambio real del peso contra el dólar un 8.8%
en el período. Paralelamente, la devaluación nominal del real Brasilero
multiplicó por más de 8 veces su inflación, permitiendo que el tipo de cambio
real contra el dólar se depreciará un 30%. En pocas palabras, en los últimos siete meses la
devaluación real del Real brasilero más que triplicó la apreciación del peso
argentino contra el dólar, generando una apreciación de 39% de nuestro tipo de
cambio bilateral contra Brasil.
La
actual situación del tipo de cambio bilateral de Argentina con Brasil es más
delicada que la de 1999/2001 cuando nuestro país estaba en Convertibilidad y
nuestro socio abandonó el plan Real dejando flotar su moneda, ya en aquella oportunidad la apreciación se daba exclusivamente
como resultado de la devaluación de nuestro socio comercial. Es más, nuestro
tipo de cambio real contra el dólar se depreciaba marginalmente, ya que
experimentábamos deflación con un tipo de cambio nominal fijo contra la divisa
norteamericana, lo cual ayudaba a amortiguar (exiguamente) los efectos de la
devaluación en Brasil.
Por el contrario, la situación actual es mucho más complicada, porque nuestra
apreciación está no sólo alimentada por la devaluación real del real contra el
dólar como en 1999, sino que está potenciada por la apreciación real de nuestro
Peso contra el dólar (lo contrario a 1999), que avanza sostenidamente porque la
inflación mensual (20%) más que duplica la devaluación nominal (0.7%) mes tras
mes; y para peor así el gobierno argentino pretende seguir así que hasta
diciembre 2015.
Resumiendo, la situación del tipo de cambio
bilateral con Brasil es hoy es peor que en 1999 / 2001, porque Brasil devalúa
fuertemente y tenemos tipo de cambio fijo como en aquella oportunidad, pero
nuestra economía enfrenta una fuerte inflación en lugar de deflación, por lo
que la apreciación del tipo de cambio bilateral tiende a ser mayor que en
aquella oportunidad.
Entonces hay que tener bien en claro, que el actual problema
de tipo de cambio bilateral con Brasil lo único que está haciendo es poner en
evidencia una inconsistencia más de nuestras políticas: mantener un tipo de
cambio fijó con altísima inflación y con gasto público y presión tributaria
record en la historia. En otras palabras, en Argentina es imposible
hacer negocios y ganar plata. Ya ni con nuestro principal socio comercial es
posible! Ergo, no es posible con nadie.
El plan del gobierno argentino es seguir manteniendo el
dólar cuasi fijo hasta fin de mandato. De conseguir el objetivo, la devaluación
del peso frente al dólar oficial ascendería en torno a un 15% anual, mientras
que la inflación se ubicaría alrededor del 30% anual (en el mejor de los casos).
En este contexto, el tipo de cambio real contra el dólar cerraría el año en
torno a un 12% más bajo que a fines de la Convertibilidad, lo cual complicaría
aún más el actual escenario en materia de tipo de cambio bilateral contra
Brasil.
De hecho, si
en 2015 el dólar oficial terminara en $9.8/$10 y la inflación fuese 30% anual,
lo más probable sería que la próxima administración recibiera un tipo de cambio
bilateral con Brasil similar al de 1999 / 2001 cuando hubo un proceso de
deflación en la economía doméstica que operó para amortiguar los efectos
negativos de una devaluación en Brasil con un sistema de tipo de cambio fijo en
nuestra economía doméstica.
En síntesis, al ya preocupante impacto negativo del
estancamiento de la economía brasilera sobre el nivel de actividad de
Argentina, ahora se le suma la fuerte apreciación del tipo de cambio bilateral
contra Brasil, cuya velocidad se acelera como resultado de que Brasil devalúa y
Argentina aprecia contra el dólar en términos reales. Sin lugar a duda, esta
dinámica resulta por cierto muy preocupante ya que por un lado, afecta
severamente la estrategia del Gobierno de mantener las cosas como están en
materia cambiaria. Por cuanto agrava el 'atraso' cambiario y, por ende, eleva
las expectativas de devaluación del peso constituyendo una amenaza para la
actual estabilidad financiera que el gobierno procura mantener hasta fin de
2015. Por el otro, el fortalecimiento del Peso argentino respecto del Real
brasilero afecta fuertemente la rentabilidad de los sectores que comercian con
Brasil. Serán varios los sectores que se verán negativamente afectados. Entre
estos sectores hay que mencionar no sólo los exportadores (industria y
automotrices especialmente), sino también los que compiten con importaciones
provenientes de Brasil y los que reciben ingresos del turismo brasileño.
Hay
que tenerlo en claro para tener presente que para volver a hacer negocios y volver a ganar plata en Argentina, va a
haber que bajar el gasto y la presión tributaria en términos del PBI. También
va a haber que derrotar la inflación y para ello se va a tener que crear un BCRA
con fuerte vocación anti inflacionaria. También se va a tener que volver a
regular eficientemente todos los servicios públicos; pilar indiscutible de
competitividad real. Todo esto es competitividad de verdad; y no efímera. No
se le podrá pedir nada a Brasil. Mucho menos a la “magia” del tipo de cambio. Nuevamente
volverá a depender de nosotros. Una chance más. No la desaprovechemos como
siempre.
sábado, 21 de marzo de 2015
Salir del Cepo con Plan Económico Integral (publicada en Perfil el 21/03/2015).
http://www.perfil.com/contenidos/2015/03/21/noticia_0030.html
El actual gobierno no levanta el cepo porque los problemas que llevaron a establecerlo no sólo continúan vigentes, sino que se agravan día a día. En el primer bimestre de 2014 la política monetaria se ha relajado y la base monetaria pasó de crecer al 19% (cuando se fue Fábrega) al 30% (ahora con Vanoli) interanual.
Actualmente, el dólar real (ajustado por inflación) enfrenta una situación de equilibrios múltiples debido a la falta de confianza y credibilidad. ¿Qué quiere decir? Que si se abriera el cepo (si el BCRA no quisiera perder reservas y dejara flotar el tipo de cambio), el tipo de cambio nominal sobrerreaccionaría y se sobredepreciaría por sobre su equilibrio, generando una aceleración inflacionaria que “más que se comería” la previa depreciación; exactamente igual que en enero de 2014. Por el contrario, si bajo las actuales condiciones el BCRA abriera el cepo y buscara impedir que el dólar nominal se encareciera mucho, la autoridad monetaria perdería la mayor parte de sus reservas que actualmente ascienden a us$ 16 mil millones sin maquillaje y depósitos privados en dólares. En este escenario, la devaluación final y el espiral inflacionario terminarían siendo aún más fuertes que en la anterior alternativa. Claramente, cualquiera de estas dos posibilidades constituiría una salida desordenada del cepo que generaría mayor estanflación que la actual.
La próxima administración deberá salir del cepo, porque se necesita credibilidad en las políticas macro. Debe haber una salida ordenada del cepo, lo cual implica que haya un plan integral detrás.
Del cepo no se puede salir de un día para otro, porque hay que generar las condiciones para poder eliminarlo. Dado que el cepo esconde un exceso de pesos y teniendo en cuenta que el BCRA no puede hacer crecer la demanda de dinero en el corto plazo, el sobrante de pesos deberá ser corregido por medio de la absorción monetaria (bonos del Central) en 2016.
Actualmente no se sabe qué exceso de pesos presentará la economía en diciembre próximo. Lo que sí está claro es que (dada la relajación monetaria ya existente y el aumento del déficit esperado) muy probablemente sea mayor al actual (4% del PBI). Sin saber cuántos pesos “de más” habrá que sacar, no se sabe la magnitud de la política a aplicar, ergo, no se puede conocer con precisión cuánto tiempo demandará efectivizar el retiro del cepo.
Muy importante: el retiro del cepo también exige que el nuevo gobierno anuncie y aplique un plan de reducción del gasto que elimine la dominancia fiscal. Hay que ajustar el gasto para evitar que “salgan” pesos por una ventana y “entren” por otra. Concretamente, la eliminación de los pesos sobrantes y la reducción del gasto público en términos del PBI son dos prerrequisitos fundamentales para que la próxima administración pueda quitar el cepo. Esa reducción del gasto debe ser acompañada con una baja de la presión tributaria que incentive la inversión, la generación de puestos de trabajo y el crecimiento en el sector privado de la economía.
También harían falta un tercer y un cuarto requisitos, que serían institucionalizar (con nueva carta orgánica) un BCRA con fuerte sesgo antiinflacionario y promover un nuevo marco regulatorio para los servicios públicos que promovería ingresos de dólares al sector energético. Esto último lleva más tiempo, pero su anuncio, acompañado de la efectivización de las otras medidas (de más acelerada aplicación), potenciaría un círculo virtuoso de credibilidad.
La credibilidad no se logra de un día para otro porque se construye haciendo coincidir las palabras con las acciones, por lo que se la construye sólo gobernando; y lleva tiempo. Pero dicha credibilidad será fundamental para apuntalar (que no caiga al abrir el cepo) la demanda de dinero y contribuir a que el mercado monetario se limpie más fácil y rápidamente. Con la credibilidad construida, el BCRA podrá remover el cepo y el dólar flotar libremente hasta su nuevo valor de equilibrio sin que se pierdan reservas ni se genere un fuerte proceso inflacionario. Este plan integral gozaría del beneficio de tener un termómetro de que las “cosas” se están haciendo bien: el tipo de cambio nominal debería comenzar a apreciarse a medida que el círculo virtuoso comenzara a rodar.
jueves, 26 de febrero de 2015
Kicillof, casi el peor de todos (publicado en Infobae el 26/02/2015)
por Javier Milei
Recientemente, Axel Kicillof, en su intento por no ser menos que Marcó del Pont (quién fue considerada como la peor Presidente de un Banco Central) y para desgracia de algo más de 40 millones de personas, quedó en el penúltimo lugar en un ranking regional de Ministros de Finanzas que pondera la política macroeconómica, el desarrollo, el fortalecimiento institucional, atributos personales, nivel de inflación (aún con la del INDEC del 23,9%), deuda y ahorro como porcentaje del PBI y la calificación crediticia del país. El Ministro sólo superó a Rodolfo Marco de Venezuela,quien ha logrado el “milagro” de que un país con una riqueza petrolera de aproximadamente USD 1 millón por habitante padezca una brutal escasez. Desafortunadamente, la contracara de la nota de Kicillof en el ranking es haber posicionado al país en un sendero de profunda decadencia que en poco menos de 50 años nos convertiría en un país pobre.
Hoy, luego de 11 años de populismo-keynesiano-estructuralista, la macroeconomía del país se encuentra en una profunda situación de desequilibrio. El déficit fiscal, la tasa de inflación, el tamaño de la brecha cambiaria, el deterioro de las cuentas externas, el nivel de reservas netas y la creciente conflictividad social muestran un cuadro sumamente delicado. Sin embargo, pese a lo doloroso que podría ser entrar en una nueva crisis, ésta sería un daño mínimo comparada con las repercusiones en materia de crecimiento.
En función de lo anteriormente señalado, resulta necesario hacer una evaluación de lo que ha ocurrido durante el régimen kirchnerista de modo tal que resulte posible medir la magnitud del daño. El punto de inicio es el producto por habitante medido en dólares corrientes, el cual hoy se ubica en torno a los USD 13.000. Si uno considera que durante el año 1998 Argentina había recobrado su nivel de tendencia, el primer punto de comparación debería ubicarse en dicho año. Así, tomando el PIB per-cápita en dólares de 1998 y ajustándolo por la inflación americana, el mismo se halla en USD 14.537. Esto es, el producto por habitante, aún medido al tipo de cambio oficial se ubica un 10% por debajo del alcanzado en 1998. Por otra parte, si se compara utilizando el tipo de cambio paralelo, y asumiendo una brecha del 50%, el ingreso caería a niveles de USD 8.800, por lo que la pérdida de bienestar sería del orden del 34%. Es decir, aún sin crisis, el resultado es escandalosamente malo.
Sin embargo, el cálculo basado en el producto per-cápita de 1998 es extremadamente generoso ya que no captura la presencia de un crecimiento tendencial de largo plazo. En este sentido, si uno revisa la historia argentina, la tasa de crecimiento tendencial se ubica en torno al 3,5%. Si a ello se le resta un crecimiento poblacional del 1,1%, el PIB por habitante debería ubicarse en los USD 21.651. Esto es, nuestro ingreso, medido al tipo de cambio oficial debería ser un 64% mayor, mientras que medido al tipo de cambio paralelo, lo que se ha perdido en términos de bienestar asciende a un 150%. De más está decir que una pérdida de tal magnitud es digna de ser definida como una catástrofe.
Si bien el resultado precedente es muy malo, aún sigue siendo una comparación por demás generosa. Concretamente, el cálculo omite que durante la gestión kirchnerista se disfrutó del mejor contexto internacional de la historia del país y el hecho de que existe convergencia, de modo tal que el país podría haber acelerado su tasa de crecimiento en 3,3 puntos porcentuales (basado en estimaciones de Robert Barro, y utilizando la mejora de los términos de intercambio podrían explicar por lo menos 2 p.p.). Bajo esta situación, el ingreso por habitante treparía a USD 30.884 cuya diferencia con la estimación oficial es del orden del 130% y estimado con el paralelo se llega a un obsceno 260%.
Por último, si la estimación la hacemos sobre los datos observados (esto es, sin computar las tendencias) teniendo en cuenta la caída del PIB per-cápita posterior a la Convertibilidad e imputando una recuperación cíclica de 2,8pp por año, el indicador treparía hasta USD 23.259. A su vez, si el tipo de cambio se corrigiera al nivel de PPP, el producto per-cápita se ubicaría en torno a los USD 31.000. A su vez, esta estimación del producto también permite observar el daño causado por el cepo cambiario (esto viene dado por la diferencia que muestra la línea roja con la verde), el cual ha privado a los argentinos de tener un ingreso 75% mayor al tipo de cambio oficial y 170% al tipo de cambio paralelo.
Por lo tanto, ante semejante perjuicio uno debería preguntarse ¿cómo hemos llegado a esto? En este sentido, tal como señala William Easterly, “los malos gobiernos, al igual que la mala suerte, pueden acabar con el crecimiento”. La evidencia empírica muestra que en aquellos países en los que la inflación es elevada, la tasa de crecimiento del PIB per-cápita es 3% inferior a aquellos en los que la inflación es baja. Del mismo modo, una brecha cambiaria superior al 20% y una sobrevaluación del tipo de cambio real por encima del 68% implican una caída del orden de 2 y de 1,5 puntos porcentuales respectivamente. Por último, ratios de M2 (monetización), resultado fiscal y comercio respecto del PIB menores al 100%, 0,12% y 120%, respectivamente, implican un diferencial de crecimiento de 1%, 1,5% y 1%.
Naturalmente, cuando una analiza la gestión kirchnerista es posible observar como la tasa de inflación trepó desde niveles del 3,8% al 40%, la brecha cambiaria se encuentra en torno al 50%, el resultado fiscal ha tenido un deterioro de 6% del PIB pese a la presión tributaria más alta de la historia, los agregados monetarios están estancados y la economía cada día se cierra más al mundo, todo ello no deja lugar a dudas sobre los motivos para tan rotundo fracaso. Al mismo tiempo, desde la llegada de Kicillof al Ministerio de Economía (primero como vice-ministro y luego como jefe máximo) sus errores de política económica nos han privado de tener un producto por habitante por lo menos un 170% mayor, lo cual hace lucir su calificación en el ranking como sumamente generosa. En definitiva, no sólo que no hemos podido alcanzar la tendencia de largo plazo, sino que hemos desaprovechado una oportunidad histórica como para acelerar la convergencia y así poder ingresar al pelotón de los países de altos ingresos. Sin embargo, el daño no termina ahí, ya que si seguimos reintentando con el populismo-keynesiano-estructuralista nos aguardará un futuro de acuciante pobreza.
miércoles, 25 de febrero de 2015
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