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jueves, 1 de diciembre de 2016

La política presiona al Banco Central para que deje de ocuparse solamente de la inflación (publicado Domigo 27/11/2016)


http://www.lanacion.com.ar/1959776-la-politica-presiona-al-banco-central-para-que-deje-de-ocuparse-solamente-de-la-inflacion

El gobierno de Cambiemos será exitoso sólo si nos saca de la estanflación. Este objetivo dual se alcanza con un mix de política económica único y coordinado: política monetaria contractiva para bajar la inflación y política fiscal expansiva de baja de impuestos para volver a crecer.

La política fiscal es exactamente opuesta a la que se necesita para volver a crecer. El presupuesto para 2017 planea aumentar la presión tributaria, el gasto público y el déficit fiscal. Así, el sector privado continúa ahogado y sin posibilidades de ganar dinero, desincentivando la inversión, la generación de empleo y la ampliación de la producción.


Lógicamente, no aparecen los brotes verdes y cada vez hay menos chances de que en 2017 se dispare un proceso de crecimiento económico "en serio" y sostenible hasta fin de mandato. A lo sumo, el nivel de actividad experimentaría un rebote estadístico, pero el producto bruto interno (PBI) per cápita caería -1,6% al comparar 2017 contra 2015.

Sin resultados en materia de actividad, "la política" presiona al Banco Central de la República Argentina (BCRA) para que deje de ocuparse solamente de la inflación y se empiece a preocupar por el nivel de actividad, bajando la tasa de interés para estimular el consumo y la demanda agregada. En este marco, en las últimas tres semanas, el BCRA bajó la tasa de interés 150 puntos básicos (de 26,75% a 25,25%) cuando los fundamentos de expectativas de inflación y de la inflación observada avalaban dejarla sin bajar.


Puntualmente y de acuerdo con sus objetivos de corto y mediano plazo, el BCRA debería bajar la tasa de referencia sólo si la inflación mensual baja a 1,5% y las expectativas de inflación anual se aproximaran a 17% (meta 2017), lo cual no está sucediendo. La inflación promedio mensual de julio a ctubre (sin el affaire de la tarifa de gas) se ubicó en 1,72% (Instituto Nacional de Estadística y Censos -Indec-); 1,85% (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) y 2,07% (IPC Congreso). Paralelamente, la inflación de noviembre estaría en 1.6% y según el REM publicado por el Banco Central, las expectativas de inflación mensual se ubican en 1,6%/1,7% para los próximos 4 o 5 meses.

Además, las expectativas de inflación anual del REM (19,7%) para los próximos 12 meses se ubican casi 3 puntos porcentuales por encima de la meta 2017 (17%). No sólo esto, la expectativa de inflación anual de la Univeridad Torcuato Di Tella subió de 20 a 25% para los próximos 12 meses.

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Bajar la tasa sin el aval de los fundamentos nos dejará "sin el pan y sin la torta", porque la economía no se reactivará, pero el proceso de desinflación se terminará abortando. Es que la falta de crecimiento no es un problema de tasa de interés elevada, sino consecuencia de una equivocada política fiscal. Las pruebas son contundentes en este sentido. Durante las dos presidencias de Cristina Kirchner la política fiscal fue similar a la actual y el BCRA fijó tasas de referencia sistemáticamente negativas en términos reales, pero el PBI per cápita apenas creció (1,8%) en 2008/2015 y cayó (-4,0%) en 2011/2015. Por otro lado, la baja de tasa primero abortará la reducción de expectativas de inflación y de inflación observada; y más tarde terminará probablemente alimentando una suba de ambas.

La teoría monetaria y la evidencia empírica muestran que para bajar exitosamente la inflación desde niveles elevados (30%/40%), es imprescindible que la estabilidad de precios sea el objetivo de largo plazo predominante para la política monetaria del Banco Central. Por el contrario, un objetivo dual (inflación + actividad) con política activista de parte del Banco Central terminaría deteriorando la performance de la política monetaria. La política monetaria activista de baja de tasa despierta el riesgo de más inflación, lo cual termina castigando el nivel de actividad y el empleo. A su vez, este objetivo dual complica la comunicación entre el BCRA y los agentes económicos, lo cual es contraproducente para su credibilidad, la calidad y los resultados de su política.

Objetivo principal

En pocas palabras, si pretendemos que la inflación baje hasta los estándares de la región (3%/5% anual), el BCRA debería ocuparse sólo de la inflación. Y en este sentido, la tarea del BCRA recién comienza y está lejos de terminar, ya que la política monetaria contractiva debe continuar para alinear las expectativas con los objetivos de inflación en el corto, mediano y largo plazo. El BCRA debe proseguir aplicando una política monetaria prudente y contractiva hasta 2019 cuando, si todo sale bien, la tasa de inflación bajaría hasta 5%/3% anual (meta para 2019).

No obstante, hay que advertir que, si no se cambia la política fiscal y no se reduce fuertemente el déficit fiscal, los esfuerzos del BCRA terminarán siendo infructuosos. Déficits fiscales sostenidos conducen al irremediable fracaso del sistema de metas de inflación. En este marco, no se puede descartar que los políticos terminen "llevándose puesto" al BCRA. Para los políticos argentinos un poco de inflación es bueno. La evolución del PBI per cápita argentino confirma que no es cierto.

El autor es economista y director de Economía & Regiones (E&R)

lunes, 21 de noviembre de 2016

No se lleven puesto al BCRA, por favor (publicado en InfoBae 20/11/2016)


El Gobierno de Cambiemos será exitoso sólo si nos saca de la estanflación. De acuerdo con la teoría económica y la evidencia empírica, este objetivo dual se alcanza con un mix de política económica único y coordinado: política monetaria contractiva para bajar la inflación y política fiscal expansiva de baja de impuestos para volver a crecer.

Hasta el momento, el Banco Central (BCRA) es quien mejor ha hecho su trabajo en el nuevo Gobierno, siguiendo al pie de la letra las recomendaciones de la teoría económica aplicada en todo el mundo serio. Hay un apretón monetario de 21% en términos reales que ha logrado reducir tanto las expectativas de inflación como la inflación observada. Sin embargo, la tarea del BCRA recién comienza y está lejos de terminar, ya que la política monetaria contractiva debe continuar para alinear las expectativas con los objetivos de inflación en el corto, mediano y largo plazo.

Por el lado del crecimiento, la política fiscal va en el camino exactamente contrario a lo que se necesita para volver a crecer. La presión tributaria, el gasto público y el déficit fiscal no se reducen, con lo cual el sector privado continúa ahogado y sin posibilidades de ganar dinero, lo que desincentiva la inversión, la generación de nuevos puestos de trabajo y la ampliación de la capacidad de producción. Para peor, el presupuesto 2017 profundiza el actual sesgo de la política fiscal que atenta contra un crecimiento en serio.

Como consecuencia de la mala política fiscal, no hay resultados positivos en materia de nivel de actividad. No aparecen los brotes verdes y cada vez hay menos chances de que el próximo año se dispare un proceso de crecimiento económico en serio, sostenible hasta fin de mandato. En 2017 proyectamos una variación del PBI de +2,5%-+3,0%, que sería una combinación de rebote estadístico (por la reducida base de comparación) y sobrecalentamiento artificial del nivel de actividad por incentivación no sustentable (sobreconsumo e inversión pública financiada con deuda) de la demanda. No habría repunte genuino de la inversión y del empleo privado, que son los dos pilares necesarios para disparar un proceso de crecimiento en serio.

Sin señales positivas en materia de nivel de actividad, no sorprendería que el BCRA comenzara a enfrentar presiones políticas para bajar la tasa de interés y estimular artificialmente el consumo, la demanda agregada y el nivel de actividad. De hecho, durante las últimas dos semanas aparecieron señales en este sentido. ¿Por qué? Porque el BCRA comenzó a bajar nuevamente la tasa de referencia sin que los fundamentos de expectativas de inflación y la inflación observada lo avalen inequívocamente. Más aún, porque los argumentos esgrimidos detrás de la baja de tasa son "tirados de los pelos" y contradicen a los argumentos que el mismo BCRA había utilizado para dejar la tasa quieta durante las previas siete semanas.

Durante septiembre y octubre pasado el BCRA había dejado quieta la tasa de referencia en 26,75%, con el siguiente argumento extraído de sus comunicados de política monetaria: "Más allá del claro proceso de desinflación de los últimos meses, las expectativas de inflación para el año 2017 del relevamiento de expectativas de mercado llevado adelante por el BCRA se ubican tres puntos por encima de la cota superior de la meta establecida del 12% al 17%. Por ello, para consolidar la desinflación ya ocurrida este año y avanzar en el proceso de convergencia de las expectativas de inflación de 2017 hacia las metas anunciadas, el Banco Central decidió mantener su tasa de política monetaria en 26,75% y dejar inalteradas sus tasas de pases. El BCRA seguirá manteniendo un claro sesgo antiinflacionario para asegurar que el proceso de desinflación continúe hacia su objetivo para este año de una inflación mensual de 1,5% o menor en el último trimestre y que las expectativas de inflación para 2017 disminuyan".

Sin embargo, el pasado 8 de noviembre, cuando bajó la tasa de 26,75% a 26,25%, el BCRA argumentó: "Las expectativas de inflación para el año próximo bajaron levemente (a 19,7%). Además, se observó una reducción mayor en las expectativas a 12 meses (a 19,8%)". En el primer (segundo) caso, era una baja de -0,3 p.p. (-1,5 p.p.), insuficiente para justificar un descenso de tasa de referencia. Además, ambas mediciones estaban muy lejos del techo de la meta de inflación 2017 (17%), por lo cual no habría habido fundamentos para bajar la tasa. En otras palabras, de acuerdo con nuestra visión y siguiendo los (anteriores) argumentos del BCRA, la tasa de referencia no se debería haber bajado hasta que las expectativas de inflación se ubicaran próximas al 17% anual.

Peor aún, el pasado 15 de noviembre, cuando se bajó la tasa de 26,25% a 25,75%, el BCRA presentó un argumento que, en palabras coloquiales, se podría denominar "tirado de los pelos": "El Banco Central de la República Argentina (BCRA) había anunciado en la presentación del Informe de Política Monetaria del 18 de octubre que, a los fines de evaluar su objetivo inflacionario del último trimestre —establecido antes de la decisión judicial que llevó a los cambios tarifarios—, iba a computar para octubre un promedio de inflación agosto-octubre, que incluye tanto la baja como la suba de los precios del gas. Se trata de una corrección con sesgos que se contrapesan: el alza de tarifas fue inferior a la reducción; pero al incluir agosto y septiembre se computan meses anteriores a los originalmente previstos y por lo tanto de inflación tendencialmente más elevada dado el sendero de desinflación. Con este cálculo se obtiene un registro de 1,2% mensual que indica que el BCRA se encuentra bien posicionado para cumplir su meta de inflación de 1,5% mensual o menor en el último trimestre".

De acuerdo con nuestra visión y más todavía considerando que la baja de tarifa había sido mayor que la posterior suba, no hay argumentos sólidos para bajar la tasa de interés. No hay señales inconfundibles de que se cumpla la meta de cortísimo plazo (+1,5% de inflación mensual varios meses seguidos). Tanto es así que en el mismo comunicado se muestra que la inflación núcleo de GBA (+1,7%), CABA (+1,7%) y Córdoba (+1,8%) se ubican por encima de la meta de inflación mensual (+1,5%) para esta última parte del año.

En pocas palabras, no está claro que el objetivo de inflación de corto plazo se esté cumpliendo. Paradójicamente, está claro que el objetivo de mediano plazo no se cumple, porque las expectativas de inflación 2017 (+19,7%) superan holgadamente la meta 2017 (+17%). Está claro que nada sugiere bajar la tasa. Sin embargo, el BCRA baja la tasa. Es más, también volvió a ampliar la cantidad de dinero al cancelar Lebac en efectivo. No es la primera vez que lo hace. El BCRA parecería estar repitiendo la política aplicada en junio pasado, cuando también bajó la tasa y canceló Lebac en efectivo. En aquella oportunidad nada raro pasó. Es probable que esta vez tampoco nada raro suceda. Sin embargo, hay que monitorear si se consolidan las presiones del sector político para que el BCRA baje la tasa en busca de reactivar la economía.

El problema es que no entienden que la recesión no es un problema de nivel de tasa de interés. Bajar la tasa de interés no servirá para lograr que la economía crezca en serio. Durante las dos presidencias de CFK, el BCRA fijó tasas de referencia sistemáticamente negativas en términos reales y el PBI per cápita apenas creció +1,2% punta a punta entre 2008 y 2015. Es más, con tasas de referencia negativas en términos reales, el PBI per cápita cayó cuando se compara 2015 contra 2011.

El problema es que si los fundamentos de inflación no están dados para bajar la tasa pero el BCRA igual la baja para apuntalar el nivel de actividad, nos quedaremos sin el pan y sin la torta. La economía seguirá sin crecer porque el problema de fondo (la mala política fiscal) continúa sin resolverse, pero la inflación deja de bajar (inclusive sube) porque se abandona la buena política monetaria.

No obstante, en el largo plazo, la (actual) mala política fiscal terminará abortando indefectiblemente a la buena política monetaria desinflacionaria del BCRA. Déficits fiscales sostenidos conducen al fracaso del sistema de metas de inflación. Los ex presidentes de los Bancos Centrales de Brasil y Chile fueron concluyentes en las pasadas Jornadas Monetarias del BCRA tituladas "Reduciendo la inflación: teoría y práctica".

Arminio Fraga, ex presidente del Banco Central de Brasil, en el período 1999-2003, afirmó: "Las metas de inflación son buenas, pero no van a funcionar si no están respaldadas por otros aspectos, en particular el fiscal". El ex banquero central agregó luego: "Es necesario un trípode compuesto por responsabilidad fiscal, metas de inflación y tipo de cambios flotante. Se necesita una combinación de cosas, pero no hay nada más importante que tener un régimen fiscal sólido". Por otro lado, José de Gregorio, ex presidente del Banco Central de Chile, explicó: "Las causas principales de la inflación son razones fiscales y la falta de credibilidad, es decir, la debilidad institucional para comprometerse con una inflación baja".

En síntesis, creemos que lo más probable es que la autoridad monetaria continúe en la buena senda. Sin embargo, el descenso de tasa de interés de estas dos últimas semanas enciende una luz amarilla que estaba apagada. Esperemos que se apague y que sea sólo resultado de que a Federico Sturzenegger le gusta sorprender al mercado. Sin embargo, no se puede descartar que los políticos procuren llevarse puesto al BCRA en un año electoral. Para los políticos argentinos, un poco de inflación es bueno. Para los ciudadanos de a pie, un poco de inflación es muy malo.

jueves, 17 de noviembre de 2016

NUEVA BAJA DE TASA: ¿BCRA ENFRENTA PRESIONES DE LA POLÍTICA?

No se lleven puesto al BCRA, por Favor!

El gobierno de Cambiemos será exitoso sólo si nos saca de la estanflación. De acuerdo con la teoría económica y la evidencia empírica, este objetivo dual se alcanza con un mix de política económica único y coordinado: política monetaria contractiva para bajar la inflación y política fiscal expansiva de baja de impuestos para volver a crecer. 

Por el lado de la inflación, la política monetaria va, al menos hasta ahora, por buen camino. Hay un apretón monetario de 21% en términos reales que ha logrado reducir tanto las expectativas de inflación como la inflación observada. Sin embargo, la tarea del BCRA recién comienza y está lejos de terminar, ya que la política monetaria contractiva debe continuar para alinear las expectativas con los objetivos de inflación en el corto, mediano y largo plazo.

Por el lado del crecimiento, la política fiscal va en el camino exactamente contrario a lo que se necesita para volver a crecer. La presión tributaria, el gasto público y el déficit fiscal no se reducen, con lo cual el sector privado continúa ahogado y sin posibilidades de ganar dinero, desincentivando la inversión, la generación de nuevos puestos de trabajo y la ampliación de la capacidad de producción. Para peor, el Presupuesto 2017 profundiza el actual sesgo de la política fiscal que atenta contra un crecimiento “en serio”. 

Como consecuencia de la mala política fiscal no hay resultados positivos en materia de nivel de actividad. No aparecen los brotes verdes y cada vez hay menos chances que el próximo año se dispare un proceso de crecimiento económico “en serio” que se sostenga hasta fin de mandato (2017/2019).  De hecho, estimamos que el nivel de actividad no registraría números positivos en todo lo que resta del año con un PBI cerrando en -2,1% anual. Paralelamente, para 2017 proyectamos una variación del PBI de +2.5%/+3.0% que sería una combinación de rebote estadístico (por la reducida base de comparación) y sobrecalentamiento artificial del nivel de actividad por incentivación no sustentable (sobre consumo e inversión pública financiada con deuda)  de la demanda, que repunte genuino y sostenible de la inversión y del empleo privado, los dos pilares necesarios para disparar un proceso de crecimiento “en serio”.  

Sin señales positivas en materia de nivel de actividad, no sorprendería que el BCRA comenzara a enfrentar presiones políticas para bajar la tasa de interés y estimular artificialmente el consumo, la demanda agregada y el nivel de actividad. De hecho, durante las últimas dos semanas aparecieron señales en este sentido.

No se puede ser concluyente, pero hay que monitorear si comienza a haber presiones. ¿Por qué? Porque el BCRA comenzó a bajar nuevamente la tasa de referencia sin que los fundamentos de expectativas de inflación y la inflación observada lo avalen inequívocamente. Más aún, porque los argumentos esgrimidos detrás de la baja de tasa son “tirados de los pelos” y contradicen a los propios argumentos que el mismo BCRA había utilizado para dejar la tasa quieta durante las previas siete semanas.

Durante septiembre y octubre pasado el BCRA había dejado quita la tasa de referencia en 26.75% con el siguiente argumento extraído de sus Comunicados de Política Monetaria: “Más allá del claro proceso de desinflación de los últimos meses, las expectativas de inflación para el año 2017 del Relevamiento de Expectativas de Mercado llevado adelante por el BCRA se ubican tres puntos por encima de la cota superior de la meta establecida del 12% al 17%. Por ello, para consolidar la desinflación ya ocurrida este año y avanzar en el proceso de convergencia de las expectativas de inflación de 2017 hacia las metas anunciadas, el Banco Central decidió mantener su tasa de política monetaria en 26,75% y dejar inalteradas sus tasas de pases. El BCRA seguirá manteniendo un claro sesgo antiinflacionario para asegurar que el proceso de desinflación continúe hacia su objetivo para este año de una inflación mensual de 1,5% o menor en el último trimestre y que las expectativas de inflación para 2017 disminuyan.”


Sin embargo, el pasado 08/11 cuando bajó la tasa de 26.75% a 26.25%, el BCRA argumentó que dicho descenso se debió a que “las expectativas de inflación para el año próximo bajaron levemente (a 19.7%). Además se observó una reducción mayor en las expectativas a 12 meses (a 19.8%)”. En el primer (segundo) caso era una baja de -0.3p.p.(-1.5p.p.) insuficiente para justificar un descenso de tasa de referencia. Además, ambas mediciones estaban muy lejos del techo de la meta de inflación 2017 (17%), por lo cual no habría habido fundamentos para  bajar la tasa. En otras palabras, de acuerdo con nuestra visión y siguiendo los (anteriores) argumentos del BCRA, la tasa de referencia no se debería haber bajado hasta que las expectativas de inflación se ubicarán próximas al 17% anual.

Peor aún, el pasado 15/11 cuando se bajó la tasa de 26.25% a 25.75%, el BCRA  presentó un argumento que, en palabras coloquiales, se podría denominar “tirados de los pelos”: “El Banco Central de la República Argentina (BCRA) había anunciado en la presentación del Informe de Política Monetaria del 18 de octubre que a los fines de evaluar su objetivo inflacionario del último trimestre –establecido antes de la decisión judicial que llevó a los cambios tarifarios- iba a computar para octubre un promedio de inflación agosto-octubre, que incluye tanto la baja como la suba de los precios del gas. Se trata de una corrección con sesgos que se contrapesan: el alza de tarifas fue inferior a la reducción; pero al incluir agosto y septiembre se computan meses anteriores a los originalmente previstos y por lo tanto de inflación tendencialmente más elevada dado el sendero de desinflación. Con este cálculo se obtiene un registro de 1,2% mensual que indica que el BCRA se encuentra bien posicionado para cumplir su meta de inflación de 1,5% mensual o menor en el último trimestre”.

De acuerdo con nuestra visión y más aun considerando que la baja de tarifa había sido mayor que la posterior suba, no hay argumentos sólidos para bajar la tasa de interés. No hay señales inconfundibles de que se cumpla la meta de cortísimo plazo (+1.5% de inflación mensual varios meses seguidos). Tanto es así, que en el mismo comunicado se muestra que la inflación núcleo de GBA (+1,7%); CABA (+1,7%) y Córdoba (+1,8%) se ubican por encima de la meta de inflación mensual (+1,5%) para esta última parte del año.

En pocas palabras, no está claro que el objetivo de inflación de corto plazo se esté cumpliendo. Paradójicamente, está claro que el objetivo de mediano plazo no se cumple, porque las expectativas de inflación 2017 (+19.7%) superan holgadamente la meta 2017 (+17%).  Sin embargo, el BCRA baja la tasa. Es más, también volvió a ampliar la cantidad de dinero cancelando LEBACs en efectivo. No es la primera vez que lo hace. El BCRA parecería estar repitiendo la política que aplicó en junio pasado, cuando también bajó la tasa y canceló LEBACS en efectivo. En aquella oportunidad nada “raro” pasó. Es probable que esta vez tampoco suceda nada “raro”. Sin embargo, hay que monitorear si se consolidan las presiones del sector político.

La recesión no es un problema de nivel de tasa de interés, por lo cual bajando la tasa de referencia no se logrará que la economía crezca en serio. Durante las dos presidencias de CFK, el BCRA fijó tasas de referencia sistemáticamente negativas en términos reales y el PBI per  cápita apenas creció +1,2% punta a punta entre 2008 y 2015. Es más con tasas de referencia negativas en términos reales bajo los mandatos de Marcó del Pont y de Vanoli, el PBI per cápita cayó cuando se compara 2015 contra 2011. 



El problema es que si los fundamentos de inflación no están dados para bajar la tasa pero el BCRA igual la baja para apuntalar el nivel de actividad, existe el riesgo que nos quedemos “sin el pan y sin la torta”, es decir sin crecer “en serio” y sin bajar la inflación. La baja de tasa no servirá para crecer “en serio”, pero terminaría matando el buen trabajo de desinflación que viene aplicando el BCRA.

Está claro que el problema es la mala política fiscal. Y el problema de la mala política fiscal también es dual, porque impide el crecimiento y puede terminar matando la política monetaria des inflacionaria del BCRA.  

Tanto la teoría económica como la evidencia empírica muestran que déficits fiscales sostenidos conducen al fracaso del sistema de metas de inflación, que es la estrategia de política monetaria adoptada por el nuevo BCRA para bajar la inflación. En este sentido, sólo alcanza con citar las principales reflexiones que los ex presidentes de los Bancos Centrales de Brasil y Chile presentaron en las Jornadas Monetarias de este año en el BCRA que se realizaron bajo el título “Reduciendo la inflación: teoría y práctica”.

Arminio Fraga, ex presidente del Banco Central de Brasil en el período 1999-2003, afirmó que "las metas de inflación son buenas, pero no van a funcionar si no están respaldadas por otros aspectos, en particular el fiscal". El ex banquero central agregó luego: “es necesario un trípode compuesto por responsabilidad fiscal, metas de inflación, y tipo de cambios flotante. Se necesita una combinación de cosas, pero  no hay nada más importante que tener un régimen fiscal sólido". Por otro lado, José de Gregorio, ex presidente del Banco Central de Chile, explicó que "las causas principales de la inflación son razones fiscales y la falta de credibilidad, es decir, la debilidad institucional para comprometerse con una inflación baja".

Paralelamente, en el gráfico de abajo se observa que la mala política fiscal conduce al estancamiento económico y que la estanflación argentina es de estricto origen fiscal, con  déficits fiscales acumulados que afectan negativamente el nivel de actividad y alimentan la inflación.


En síntesis, todavía seguimos pensando que si el BCRA continúa aplicando la política monetaria contractiva puesta en práctica hasta ahora, tanto las expectativas como la inflación observada seguirán bajando en el corto y mediano plazo. La inflación mensual podría consolidarse en torno a +1.5% mensual hacia fin de 2016 y primeros meses de 2017, para luego seguir bajando un poco más a largo del próximo año. En este escenario, suponiendo que continúa la actual estricta política monetaria, la inflación podría bajar a +16% interanual en diciembre 2017 (cumpliendo meta)  y +22% promedio anual en 2017.

Aunque es necesario aclarar que cumplir la meta de inflación 2017 exige que el BCRA continúe con el estricto manejo prudente de la tasa de referencia puesto en práctica hasta ahora. Por el contrario, si el BCRA cede ante las presiones políticas y reduce la tasa para estimular la actividad, el proceso des inflacionario se abortará y la inflación terminará ubicándose por encima de la meta 2017.

Desde nuestro punto de análisis y observando el comportamiento del nuevo BCRA, por ahora le asignamos una baja probabilidad de ocurrencia y creemos que lo más probable es que la autoridad monetaria continúe en la “buena” senda.  Sin embargo, el descenso de tasa de interés de estas dos últimas semanas enciende una luz amarilla que estaba apagada. Esperemos que se apague y que sea sólo resultado de que a Federico Sturzenegger le gusta sorprender al mercado.  Es probable que así sea. Pero tampoco se puede descartar por completo que con un año electoral aproximándose, los políticos no procuren llevarse al BCRA “puesto”. Nunca hay que olvidar, para los políticos argentinos “un poco de inflación siempre es bueno”. Pero para las empresas “un poco de inflación es malo”. La evidencia lo avala.



jueves, 20 de octubre de 2016

EL BCRA APUNTA A BAJAR LAS EXPECTATIVAS DE INFLACIÓN PENSANDO EN LAS DEMANDAS SALARIALES 2017.

Por cuarto martes consecutivo el BCRA dejó constante la tasa de interés en 26,75% y como resultado de ello (y lo actuado en la semana) la cantidad de dinero se contrajo en (redondeando) -$ 13.000 MM, con lo cual la política monetaria prudente y des inflacionaria sigue su “hoja de ruta”.

Actualmente hay un apretón monetario inédito en la historia. En el acumulado del año la base monetaria se ha reducido un 21% en términos reales. Este apretón monetario, como venimos remarcando desde E&R, no actúa inmediatamente, sino que impacta con rezagos que hay que calcularlos en por lo menos 12 meses.

En este contexto, hay que pensar que la política monetaria prudente de Sturzenegger recién está comenzando a tener efectos. La inflación recién ahora, acercándose fin de año, está comenzando a bajar. Y lo más importante, va a seguir bajando.  De seguir está política monetaria y pensando que lo más probable es que en 2017 haya un aumento de la demanda de dinero, en E&R pensamos que hay altas posibilidades que la meta de inflación del 2017 (17%712%) sea cumplida por debajo de su “techo”.  

El comunicado del Presidente del BCRA fue excelente destacándose entre sus principales mensajes:  

1. La tasa de inflación mensual actual en torno a 1,5% significa que estamos en niveles anualizados del 19,6%. Es decir, después de mucho tiempo la inflación está comenzando a ubicarse por debajo del 20% anual.

2. Explicó que la inflación tarda en domarse. Para esto hizo hincapié en dos fenómenos. Primero, mencionó que La política monetaria opera con 15 meses de rezagos. Segundo, puso como ejemplo los niveles de inflación iniciales de los países que fueron exitosos en la instrumentación del sistema de metas de inflación.

3. Argumento que dado que las expectativas de inflación para el mercado (20%) están 3 puntos porcentuales por encima del techo de la meta (17%) la tasa no se modifica.
               
Lecturas muy importantes se pueden hacer del comunicado de Federico Sturzenegger. Primero y principal, el BCRA de Federico Sturzenegger está a años luz de considerar que la inflación dejó de ser un problema. En este sentido, el presidente del BCRA dejó en claro que la inflación dejará de ser un problema sólo cuando se ubique por debajo del 5% anual; y eso será recién en 2019. Por consiguiente,  para el BCRA la inflación seguirá siendo un problema durante los próximos 3 años[1].

No obstante, el titular del Central dio cuentas que la tasa de inflación está bajando de modo sostenido y con una clara tendencia declinante[2], pero remarcó que las expectativas de inflación del mercado todavía se ubican por encima de la meta de inflación, por consiguiente se decidió no modificar la tasa de interés, esto es, no cambiará el sentido de la política monetaria hasta domar las expectativas. De hecho, en la licitación de ayer el BCRA mostró un fuerte convencimiento en su objetivo, y decidió contraer la cantidad de dinero (haciendo más dura su política respecto a la utilizada en las últimas 7/8 semanas) con tal de doblegar las expectativas.

Sin lugar a dudas, el comportamiento prudente en el manejo de la tasa de interés es extremadamente relevante para lo que tiene que ver con la inflación durante el último trimestre de 2016 y primer semestre de 2017.

En este marco, la autoridad monetaria pareciera decidida a hacer un manejo de tasa de interés que permitiera hacer caer los niveles de inflación mensual por debajo de +1.5% en la primera parte de 2017. En este sentido, hay que recordar que se necesita una inflación promedio mensual de  +1.3% promedio mensual en 2017 para que la inflación interanual de diciembre 2017 se ubique en +16% y se cumpla la meta de inflación.  

En otras palabras, el manejo de la tasa de interés busca bajar las expectativas de inflación de manera que las demandas salariales del próximo año estén en línea con el diseño de la política monetaria y con ello evitar impactos negativos sobre el nivel de empleo (clave en un año electoral). 

En síntesis, el plan monetario es bueno y se viene ejecutando a la perfección. Los resultados de cortísimo plazo (fines de 2016) y de corto plazo (2017) aparecen. Las dudas están en el mediano (2018) y largo (2019) plazo. Pero no son responsabilidad del BCRA, sino irresponsabilidad de la política fiscal.   




[1] Esta visión está en las antípodas de lo expresado por el Ministro de Hacienda Prat Gayt que había señalado que la inflación ya había sido domada.
[2] No obstante la inflación minorista general de octubre 2016 daría +3.0% mensual debido al fallo de la Corte sobre las Tarifas de Gas. 

martes, 11 de octubre de 2016

Política fiscal: kriptonita para metas de inflación (publicada en InfoBae 11/10/2016)

http://www.infobae.com/opinion/2016/10/11/politica-fiscal-kriptonita-para-metas-de-inflacion/

Por primera vez en setenta años tenemos un Banco Central (BCRA) "normal". Primero y fundamental, porque el BCRA concibe la inflación como un fenómeno (siempre y en todo lugar) estrictamente monetario. Segundo y no menor, porque su principal objetivo es bajar la inflación.

En este contexto, el BCRA anunció su programa monetario 2017, en el que se oficializa la adopción de un régimen de metas de inflación con metas descendentes: 17%-12% (2017), 12%-8% (2018) y 5% (2019). La meta de inflación no es promedio, sino la punta de diciembre interanual.

Tanto la teoría como la evidencia muestran que la inflación bajará si y sólo si los agentes económicos piensan que la inflación bajará. Siguiendo esta enseñanza, bajo el sistema de metas de inflación, el BCRA mueve la tasa de interés para influir sobre las expectativas de inflación de los agentes económicos. En consecuencia, la inflación terminará bajando sólo si hay credibilidad en la política económica. Por el contrario, sin credibilidad, las expectativas de inflación no bajan lo suficiente, y la inflación observada queda por encima del límite superior, con lo que se incumple la meta.

¿Se cumplirán las metas de inflación? Hay que diferenciar entre la meta de inflación de corto (2017) y las metas de largo plazo (2018-2019). De acuerdo con nuestro análisis, proyectamos una inflación interanual en torno a +16%-+15% en diciembre 2017, con lo que la meta sería cumplida por debajo de su techo (17%). Hay varios factores a tener en cuenta en este sentido. Primero, las expectativas de inflación para diciembre 2017 están en 19%-20%, es decir, no se encuentran lejanas a la meta. Con expectativas cercanas a la meta, creemos que el BCRA, de seguir con la actual política monetaria, tiene grandes chances de convencer al mercado de que la inflación bajará más y, en consecuencia, la inflación terminará bajando más.

Segundo, el mercado descuenta que en 2017 el Tesoro accederá a todo el financiamiento que necesita, y por ello el BCRA no tendrá que emitir más que los 150 mil millones de pesos comprometidos. En este marco, en la medida que se vaya accediendo al financiamiento y el BCRA vaya cumpliendo su programa monetario, los agentes irán reduciendo sus expectativas de inflación y, consecuentemente, la inflación irá convergiendo hacia la meta. Tercero, la demanda de dinero (+4%-+5%), que depende positivamente (negativamente) del nivel de actividad (expectativas de inflación y devaluación), aumentaría y facilitaría un mayor y más rápido descenso de la inflación en 2017.

Sin embargo, las metas de inflación de largo plazo (2018 y 2019) son otro cantar y se cumplirán sólo si la política monetaria es creíble, para lo que hace falta bajar el déficit fiscal en serio. En otras palabras, las metas se cumplirán sólo si hay coordinación entre la política fiscal y la política monetaria; la primera, bajando el déficit y la segunda, reduciendo la inflación.

La política fiscal es consistente con el programa de metas de inflación sólo si los déficits fiscales se perciben como transitorios, es decir, que tengan una marcada trayectoria descendente. Caso contrario, el endeudamiento alimenta la cuenta de intereses y contribuye a un mayor déficit fiscal futuro, más aún en un escenario en el que se espera que la tasa de referencia de la Reserva Federal suba de 0,5% (2016) a 1,5% (2017) y 2,5% (2018). Además, el financiamiento no es infinito, por ende, si no se baja el déficit fiscal, termina aumentando la probabilidad de que el BCRA emita para pagar el exceso de gasto del Estado, lo que acrecienta las expectativas de inflación y la inflación.

Y aquí emergen los problemas. La política fiscal de Hacienda es inconsistente y poco creíble, porque aumenta el déficit fiscal, las necesidades de financiamiento y la deuda en un marco en el que las actuales condiciones de solvencia intertemporal de Argentina son menos holgadas que en los noventa.

El presupuesto 2017 no baja el déficit fiscal, que después del pago de intereses queda casi constante en términos del PBI cuando se compara 2017 (6,8%) con 2016 (7,2%). No obstante, proyectamos menos ingresos (por menos crecimiento, inflación y devaluación) y más gastos (por diferimientos de pagos 2016 y más subsidios), y así el déficit fiscal 2017 (7,5%) terminaría siendo más elevado que el déficit del presupuesto 2017 (+6,8%). A este número hay que sumarle +1,3% de provincias, lo cual eleva el déficit fiscal relevante (nación más provincias) cuando se compara 2017 (8,8%) con 2016 (8,5%). Si adicionamos 6 p.p. (nación) y 0,5 p.p. (provincias) de amortizaciones de deuda, las necesidades de financiamiento totales trepan a 15,3% del PBI. En este escenario, se necesitaría tomar más deuda que la proyectada en el proyecto presupuesto y el stock de deuda del sector público nacional terminaría en aproximadamente 53% del PBI en 2017.



El problema de no bajar el déficit y financiarlo con deuda es que actualmente Argentina tiene menor capacidad intertemporal de repago que en los noventa, presenta una dinámica de deuda más explosiva que hace veinte años y, en consecuencia, tiene pocos años de financiamiento disponible por delante. Los números son contundentes en este sentido. El ratio deuda PBI de 1997 (35%) era -18 p.p. menor al proyectado para 2017 (53%). Paralelamente, el déficit fiscal a financiar en 1997 (2,5%) era un tercio del proyectado para 2017 (7,5%). Los intereses de deuda en términos de recaudación también eran más bajos en 1997 (11,5%) que en 2017 (14,3%). Y como si esto fuera poco, la presión tributaria en 2017 (36%) casi duplica la de 1997 (20%). Ergo, no hay para subir impuestos, aumentar la capacidad de repago y prolongar el acceso a los mercados de duda. Por el contrario, a favor juega que la tasa promedio de colocación de 2017 (7,0%) sería más baja que la de 1997 (8,6%). También "ayuda" que actualmente hay mayor liquidez internacional. Sin embargo, estos dos factores positivos podrían dejar de estar presentes en 2018-2019.

En resumen, si no se cambia de cuajo la actual política fiscal y no se vira hacia un escenario de drástica disminución del déficit fiscal y de las necesidades financieras (de toma de deuda), aumenta la probabilidad de que la política monetaria desinflacionaria termine fracasando en el largo plazo (2018-2019). Si no se cambia la política fiscal, primero, las expectativas de inflación y la inflación dejarán de bajar. Más tarde, tanto las expectativas como la inflación observada aumentarán. En pocas palabras, si no se cambia la política fiscal, las metas de inflación 2018 (12%-8%) y 2019 (5%) quedarán seriamente amenazadas.

domingo, 9 de octubre de 2016

Presupuesto 2017: nada cambia (Nota publicada en Perfil sábado 8/10/2017)


http://www.perfil.com/columnistas/presupuesto-2017-nada-cambia.phtml

El diseño de política fiscal del Presupuesto 2017 no es el mejor para estimular un crecimiento económico “en serio” y de largo plazo basado en un sector privado pujante que invierta fuerte para mejorar su productividad, generar puestos de trabajo y así hacer crecer al país. El sector privado invertirá fuerte sí y sólo sí tiene certeza que ganará dinero, lo cual es complicado en Argentina.

Hoy en día, el sector privado no gana dinero y consecuentemente no invierte, porque nuestra relación gasto público/PBI, presión tributaria; costo de capital (doble o triple) y relación costo salarial después de impuestos/productividad del trabajo son los peores de la región, matando la competitividad y la rentabilidad de las firmas. 

El problema es que el Presupuesto 2017 no apunta a bajar ninguno de estos cuatro problemas que atentan contra la inversión privada, el empleo y el crecimiento económico “en serio”. El gasto total del sector público (22,5%) aumenta más que la suma de la inflación minorista (12%/17%) y el crecimiento de la economía (3,5%). La presión tributaria nacional sube de 25,3% (2016) a 26,0% (2017). Del otro lado, los pagos y el stock de deuda crecerían respectivamente 32% y 24% con lo cual el costo de capital difícilmente disminuya en 2017, más aún teniendo en cuenta que se espera que la tasa libre de riesgo (basada en la tasa de referencia de EE.UU.) suba cien puntos básicos en 2017, pasando de 0,5% (2016) a 1,5% (2017). Además, el Presupuesto 2017 tampoco planea reducir los impuestos al trabajo, con lo cual la relación costo salarial después de impuestos / productividad del trabajo difícilmente mejore.


El Presupuesto 2017 no baja impuestos al sector privado por ningún lado, por lo cual la probabilidad de ganar dinero e invertir seguirá siendo baja. La recaudación de Ganancias (28%) crece más que la economía y muestra que la baja de las escalas y alícuotas no aplicará para todo el rango de salarios. Probablemente, el Gobierno le baje el impuesto al 6%Hde abajo, lo mantenga igual al 2% siguiente; pero intente subir la alícuota (de 35% a 40%/45%) para los salarios superiores, penalizando el ahorro en favor del consumo, con lo cual se castiga (encarece) el crédito, la inversión y el crecimiento de largo plazo. Los asalariados de altos sueldos ahorran en el sistema bancario doméstico. Si se les sube el impuesto, el crédito disminuye (encarece) y las pymes, que son dependientes del sistema bancario, son damnificadas. Para peor, tampoco se bajan los impuestos al trabajo, ya que tanto los Aportes Patronales (24%) como las Contribuciones Personales (24%) crecen más que la suma de la inflación y nivel de actividad. 

Se incumple la promesa electoral de bajar las retenciones a la soja. Tampoco se baja la presión tributaria en ningún impuesto relacionado con el consumo doméstico. Sólo cae Bienes Personales (41%) y Ganancia Mínima Presunta (18%); dos impuestos que hace años no deberían existir. 

El Presupuesto 2017 también aumenta el gasto público de Nación (22,1% interanual) más que la suma de inflación (17%/12%) y crecimiento (3,5%). El gasto en capital crecerá 32,1% apuntalado por la obra pública (38,7%) y las transferencias de capital para obra pública (37%). Con la reparación histórica, las jubilaciones (35,2%) están segundas en el ranking de aumento del gasto. El gasto corriente (21%) crece en línea con la economía sólo porque tiene adentro la reducción de los subsidios económicos (-25%). Es decir, el único ajuste que hay es realizado por el sector privado pagando más tarifas; no por el sector público. 

En este escenario, el Presupuesto 2017 no baja el déficit fiscal, que después del pago de intereses se reduce sólo de 7,2% (2016) a 6,8% (2017). No obstante, proyectamos menos ingresos (por menos crecimiento, inflación y devaluación) y más gastos (por diferimientos de pagos 2016 y más subsidios); y el déficit fiscal 2017 (7,5%) terminaría siendo más elevado que el déficit del Presupuesto 2017 (6,8%). A este número hay que sumarle 1,3% del déficit de provincias, que también se financiarán en el mercado. En definitiva, el déficit fiscal relevante (Nación + Provincias) sube al comparar 2016 (8,5%) con 2017 (8,8%). 

Al déficit fiscal relevante (Nación + Provincias) hay que sumarle 6 p.p. (Nación) y 0,5 p.p. (Provincias) de amortizaciones de deuda. Ergo, en 2017 habría necesidades de financiamiento totales por 15,3 puntos porcentuales del PBI, lo cual provocaría un crowding out (reduciendo y encareciendo el crédito) para el sector privado, afectando negativamente su inversión, productividad, generación de puestos de trabajo genuinos y el crecimiento de largo plazo.

En síntesis, el Presupuesto 2017 recrudece la política fiscal que nos condujo a la estanflación, porque sube la presión tributaria, el gasto público y el déficit fiscal. Lo único que se modifica es la fuente de financiamiento. Se cambia el combo K (reservas, mucha emisión y menos deuda) por un nuevo combo (menos emisión y mucha deuda). 

El próximo año, financiando el déficit fiscal con deuda, el dólar terminará probablemente más bajo que los $ 18 promedio del Presupuesto y la inflación le ganará a la divisa norteamericana. Paralelamente, los salarios también legganaráng a la divisa norteamericana aumentando su poder adquisitivo en dólares. Habrá mayor consumo, demanda agregada y nivel de actividad; un cóctel positivo para las elecciones. O sea, el Presupuesto 2017 está priorizando el rebote del nivel de actividad, que según nuestras estimaciones rondaría 2,5%/3,0% en 2017. Sin embargo, sin bajar gasto público, presión tributaria y costo de capital, es poco probable que haya un fuerte shock de inversión que potencie la oferta agregada y el crecimiento económico en 2018 y 2019. 

En este marco, el nivel de actividad seguiría atado al ciclo político, con años impares electorales (2013, 2015 y 2017) en los cuales hay un rebote del nivel de actividad con variaciones moderadamente positivas pero insustentables del PBI, y años pares poselecciones (2012; 2014; 2016 y ¿2018?) en los cuales el sistema económico paga las cuentas de la política fiscal expansiva que se aplica sistemáticamente en los años electorales. Si no Cambiamos “en serio”,  no creceremos sostenidamente “en serio”. Cambiemos es cambiar los problemas de fondo; o sea la política fiscal.

jueves, 6 de octubre de 2016

Entrevista con Rodo Herrera en "Noticiero Central" (4/10/2016).


https://www.youtube.com/watch?v=hWYvs5R4dxQ&feature=youtu.be


1) Inflación 2016/2017 y 2018
2) Tasa de crecimiento 2016/2017 y 2018
3) Presupuesto 2017 y su impacto negativo sobre inversión y crecimiento de largo plazo.
4) El Futuro aumento de la deuda
5) Suspensión de baja de retenciones en la soja e impacto negativo sobre credibilidad de la polìtica fiscal a futuro.
6) La amenaza de la falta de coordinación entre la política fiscal y monetaria