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viernes, 27 de marzo de 2015

Kicillof y el multiplicador de pobreza

por Javier Milei

Desafortunadamente para los 42 millones de argentinos que habitamos este suelo, el Ministro de Economía, Axel Kicillof, nos sigue castigando con sus frases poco felices. Esta vez fue el turno de la pobreza, donde el Jefe del Palacio de Hacienda afirmó que “cuantos pobres hay es una pregunta bastante complicada”, al tiempo que confesó no tener claro el número de pobres y que la medida le parecía bastante estigmatizante. A su vez, al ser consultado sobre la falta de cifras oficiales sobre pobreza, Kicillof negó que el Gobierno quisiera ocultar los índices y dijo que “hay un índice, que por los problemas de hacer homogénea la serie y hacerla nacional lleva más tiempo, y que cuando esté, se la va a publicar”; argumento muy similar al que diera tiempo atrás Jorge Capitanich. Por lo que parece, el empalme de las series tiene una tarea hercúlea adicional: ser coherente con el relato.
Por suerte, para los economistas y sobre todo para la humanidad, desde la edición de “la teoría general” de John Maynard Keynes en 1936, el análisis económico evolucionó muchísimo. Así, luego de que el Premio Nobel de Economía 2001 George Akerlof publicara el trabajo “The Market for Lemons” en 1970 (donde desarrolla el concepto de selección adversa –equilibrio de malos-) y que ello diera lugar al nacimiento del análisis económico bajo información asimétrica (entre otras cosas), hemos descubierto lo que hoy se conoce como “principio de revelación” (Hurwicz 1973, Spence 1974, Rothschild-Stiglitz 1976 y Myerson 1979 y 1982), el cual estaría arrojando mucha luz respecto a este culebrón estadístico.
El principio de revelación sostiene que si unos agentes tienen algo que ganar revelando un valor favorable de algún rasgo, otros se verán obligados a revelar sus valoraciones menos favorables. Esto es, mediante dicho principio, todos los agentes deben revelar sus cualidades, aún los menos favorecidos. La no revelación de su rasgo será interpretado como que no tiene nada bueno para mostrar, ya que de lo contrario no tendría sentido ocultarlo. Un caso que nos puede ayudar a ver cómo trabaja este principio es el de los sapos que buscan pareja.
Cuando un sapo y su rival luchan por la misma pareja, cada uno ha de tomar una importante decisión estratégica. ¿Debe pelear por ella o irse en busca de otra? Pelearse es arriesgarse a quedar malherido, pero continuar la búsqueda también implica un costo. En el mejor de los casos, lleva tiempo, y no hay garantía alguna de que la siguiente pareja posible no sea objeto de los afectos de otro sapo. En la elección de una de estas opciones desempeña un importante papel la valoración que haga cada uno de los sapos de la capacidad de lucha del otro. Si el rival es considerablemente más grande, la probabilidad de vencer será baja, por lo que la probabilidad de quedar malherido será alta, de este modo, lo más prudente sería continuar la búsqueda. En caso contrario, es posible que pelear sea una buena decisión.
Muchas de estas decisiones deben tomarse por la noche, cuando es difícil ver. Por ese motivo, los sapos recurren a algunas pistas invisibles. La más fiable es el tono del canto del rival. En general, cuanto mayor es un sapo, más grandes y gruesas sus cuerdas vocales y, por lo tanto, más grave es su canto. Si un sapo escucha un canto grave por la noche, puede deducir de manera razonable que procede de un sapo grande. A su vez, para que las señales que se transmiten a los adversarios sean creíbles deben ser costosas de fingir. Puesto en otros términos, si a los sapos pequeños no les costara nada imitar el canto grave que caracteriza a los sapos grandes, ésta dejaría de ser una característica de los sapos grandes. Sin embargo, no pueden imitarlos y junto con ello, los sapos grandes tienen una ventaja natural que hace del canto grave una señal fiable. De hecho, algunos experimentos han demostrado que al sapo común suele intimidarle más un canto grave que uno agudo.
Imaginemos que tenemos un índice que va de 0 a 10 que mide el tono del canto de un sapo y que el valor promedio es de 5. Así, en un primer momento, todos aquellos que tienen un nivel de graves que supera al 5 tendrán incentivos a revelar su canto ya que de lo contrario se inferiría que son sapos menores al promedio. Al mismo tiempo, dado que los grandes revelaron su tipo, para aquellos que han callado ahora existe un valor esperado de 2,5, por lo que aquellos que tienen un canto superior a dicho nivel terminarán cantando. Siguiendo este análisis, cada uno de los tipos de sapos terminará revelando de qué tipo de sapo se trata, donde el único que no lo hará, al menos de manera explícita, será el sapo de peor condición.
Este análisis describe perfectamente lo que ha sucedido con la publicación de las estadísticas de pobreza. El primero en mover fue el Observatorio de la Deuda Social de Argentina de la UCA con la publicación de su índice a partir del año 2010, cuando quedaba claro como el manejo de las estadísticas por parte de Guillermo Moreno subestimaba la cantidad de pobres. Así, para la casa de altos estudios, la pobreza de 2013 alcanzaba al 27,5% de la población. Paralelamente, el Instituto Pensamiento y Políticas Públicas (IP&PP) estimó a la pobreza en un 36%. Por lo tanto, cuando Axel Kicillof decide no publicar el dato, ello deja de manifiesto que el verdadero nivel de pobreza es superior al dato del IP&PP, ya que si fuera mejor lo revelaría.
Por último, y en línea con lo anterior, habría que recordarle al Ministro de Economía que días atrás el INDEC publicó la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), la cual, en su capítulo sobre la distribución del ingreso para el IV Trimestre de 2014 muestra que si se toma el ingreso por ocupación principal, más del 40% de los individuos percibe una remuneración inferior a los $ 4.400 mensuales correspondientes al salario mínimo vital y móvil del período en cuestión. Al mismo tiempo, si se toma el nivel de ingreso medio por grupo familiar, poco más del 50% de las familias estaría en una situación de alta vulnerabilidad (ingresos familiares menores a $ 8.800 por mes). En definitiva, todo pareciera indicar que respecto a los indicadores de pobreza nos encontramos frente algo peor a lo que fue el IPC del ex Secretario de Comercio, que pese a lo mal que medía se publicaba. Naturalmente, la presente situación es de gravedad extrema, ya que la experiencia muestra que toda variable económica que no se mide empeora, lo cual nos pone frente a un atroz multiplicador de pobreza, aunque el mismo pone a resguardo al alicaído relato.

jueves, 26 de marzo de 2015

El Tipo de Cambio Bilateral con Brasil tiene más problemas hoy que 1999/2001

El impacto negativo de nuestras políticas sobre el crecimiento económico y el empleo se encuentra actualmente agravado porque Brasil ya no puede ayudarnos a amortiguar (disimular) los efectos nocivos de nuestras malas decisiones en materia de políticas fiscales, monetarias y de ingresos.   


Brasil es el principal socio comercial de Argentina. Aproximadamente, el 20% de las exportaciones argentinas se dirige hacia el mercado brasilero. Dentro de las exportaciones, el sector industrial (sobretodo el automotriz) es quien más depende del mercado del socio mayor del Mercosur. En este contexto, si a Brasil le va bien, a nuestra economía también le va bien; y al sector industrial le va mejor. Cuando Brasil no crece, las exportaciones industriales argentinas en general y automotrices en particular comienzan a caer.



Como dijimos más arriba, nuestro proceso estanflacionario, que cumplirá cuatro años (2012/2015)  a fin de año, queda fuertemente en evidencia porque en la actualidad Brasil no sólo no puede amortiguar, sino que suma al impacto negativo de nuestras pésimas políticas económicas. Es decir, Brasil está potenciando el efecto negativo de nuestras malas políticas; y dicha potenciación es doble.

Brasil impacta negativamente no sólo con su estancamiento, sino que ahora hay que sumarle los potenciales efectos negativos de la devaluación del real sobre nuestra macroeconomía. Y esta situación se torna más grave en la medida, que con alta inflación doméstica, nuestro gobierno intensifique el uso del dólar cuasi fijo para preservar la actual estabilidad financiera hasta fin de 2015. 

En los últimos siete meses la devaluación promedio mensual (+0.75) nominal del tipo de cambio oficial fue menos de la mitad de la inflación minorista promedio mensual (+2.0%) del IPC Congreso, apreciándose el tipo de cambio real del peso contra el dólar un 8.8% en el período. Paralelamente, la devaluación nominal del real Brasilero multiplicó por más de 8 veces su inflación, permitiendo que el tipo de cambio real contra el dólar se depreciará un 30%. En pocas palabras, en los últimos siete meses la devaluación real del Real brasilero más que triplicó la apreciación del peso argentino contra el dólar, generando una apreciación de 39% de nuestro tipo de cambio bilateral contra Brasil.    

La actual situación del tipo de cambio bilateral de Argentina con Brasil es más delicada que la de 1999/2001 cuando nuestro país estaba en Convertibilidad y nuestro socio abandonó el plan Real dejando flotar su moneda, ya en aquella oportunidad la apreciación se daba exclusivamente como resultado de la devaluación de nuestro socio comercial. Es más, nuestro tipo de cambio real contra el dólar se depreciaba marginalmente, ya que experimentábamos deflación con un tipo de cambio nominal fijo contra la divisa norteamericana, lo cual ayudaba a amortiguar (exiguamente) los efectos de la devaluación en Brasil.  


Por el contrario, la situación actual es mucho más complicada, porque nuestra apreciación está no sólo alimentada por la devaluación real del real contra el dólar como en 1999, sino que está potenciada por la apreciación real de nuestro Peso contra el dólar (lo contrario a 1999), que avanza sostenidamente porque la inflación mensual (20%) más que duplica la devaluación nominal (0.7%) mes tras mes; y para peor así el gobierno argentino pretende seguir así que hasta diciembre 2015.  



Resumiendo, la situación del tipo de cambio bilateral con Brasil es hoy es peor que en 1999 / 2001, porque Brasil devalúa fuertemente y tenemos tipo de cambio fijo como en aquella oportunidad, pero nuestra economía enfrenta una fuerte inflación en lugar de deflación, por lo que la apreciación del tipo de cambio bilateral tiende a ser mayor que en aquella oportunidad. 


Entonces hay que tener bien en claro, que el actual problema de tipo de cambio bilateral con Brasil lo único que está haciendo es poner en evidencia una inconsistencia más de nuestras políticas: mantener un tipo de cambio fijó con altísima inflación y con gasto público y presión tributaria record en la historia. En otras palabras, en Argentina es imposible hacer negocios y ganar plata. Ya ni con nuestro principal socio comercial es posible! Ergo, no es posible con nadie.






El plan del gobierno argentino es seguir manteniendo el dólar cuasi fijo hasta fin de mandato. De conseguir el objetivo, la devaluación del peso frente al dólar oficial ascendería en torno a un 15% anual, mientras que la inflación se ubicaría alrededor del 30% anual (en el mejor de los casos). En este contexto, el tipo de cambio real contra el dólar cerraría el año en torno a un 12% más bajo que a fines de la Convertibilidad, lo cual complicaría aún más el actual escenario en materia de tipo de cambio bilateral contra Brasil.   





De hecho, si en 2015 el dólar oficial terminara en $9.8/$10 y la inflación fuese 30% anual, lo más probable sería que la próxima administración recibiera un tipo de cambio bilateral con Brasil similar al de 1999 / 2001 cuando hubo un proceso de deflación en la economía doméstica que operó para amortiguar los efectos negativos de una devaluación en Brasil con un sistema de tipo de cambio fijo en nuestra economía doméstica. 

En síntesis, al ya preocupante impacto negativo del estancamiento de la economía brasilera sobre el nivel de actividad de Argentina, ahora se le suma la fuerte apreciación del tipo de cambio bilateral contra Brasil, cuya velocidad se acelera como resultado de que Brasil devalúa y Argentina aprecia contra el dólar en términos reales. Sin lugar a duda, esta dinámica resulta por cierto muy preocupante ya que por un lado, afecta severamente la estrategia del Gobierno de mantener las cosas como están en materia cambiaria. Por cuanto agrava el 'atraso' cambiario y, por ende, eleva las expectativas de devaluación del peso constituyendo una amenaza para la actual estabilidad financiera que el gobierno procura mantener hasta fin de 2015. Por el otro, el fortalecimiento del Peso argentino respecto del Real brasilero afecta fuertemente la rentabilidad de los sectores que comercian con Brasil. Serán varios los sectores que se verán negativamente afectados. Entre estos sectores hay que mencionar no sólo los exportadores (industria y automotrices especialmente), sino también los que compiten con importaciones provenientes de Brasil y los que reciben ingresos del turismo brasileño.

El consenso de mercado es que Brasil crecerá poco durante los próximos años.  Hay varios factores que confluyen en la actualidad que serán determinantes para que Brasil crezca poco durante 2015 y los próximos años. En primer lugar, en 2015 y 2016 el nivel de actividad de Brasil se vería influenciado por las crisis en la petrolera estatal Petrobras y la actual escasez de agua y electricidad. A este panorama no benévolo se le suma los recientes reclamos de la ciudanía en las calles, contra el elevado nivel de corrupción y el pobre desempeño económico del país en los últimos años. Más estructuralmente, hay que tener en claro que Brasil tiene una tasa de ahorro doméstico (15% del PBI) muy baja por lo cual, sin fuerte IED, está condenado a tener bajos niveles de inversión (17% del PBI) y por ende una baja tasa de crecimiento del PBI potencial (+2.8%). Justamente, se espera un frente externo menos favorable que le pondrá un techo “bajo” (para las necesidades de Brasil) a la IED. De ahí, que se anticipa que Brasil crecerá a un ritmo bajo y no nos podrá  rescatar de nuestros desatinos en materia de políticas económicas domésticas. Es bueno tenerlo bien en claro

Hay que tenerlo en claro para tener presente que para volver a hacer negocios y volver a ganar plata en Argentina, va a haber que bajar el gasto y la presión tributaria en términos del PBI. También va a haber que derrotar la inflación y para ello se va a tener que crear un BCRA con fuerte vocación anti inflacionaria. También se va a tener que volver a regular eficientemente todos los servicios públicos; pilar indiscutible de competitividad real. Todo esto es competitividad de verdad; y no efímera. No se le podrá pedir nada a Brasil. Mucho menos a la “magia” del tipo de cambio. Nuevamente volverá a depender de nosotros. Una chance más. No la desaprovechemos como siempre.   

sábado, 21 de marzo de 2015

Salir del Cepo con Plan Económico Integral (publicada en Perfil el 21/03/2015).

http://www.perfil.com/contenidos/2015/03/21/noticia_0030.html

El actual gobierno no levanta el cepo porque los problemas que llevaron a establecerlo no sólo continúan vigentes, sino que se agravan día a día. En el primer bimestre de 2014 la política monetaria se ha relajado y la base monetaria pasó de crecer al 19% (cuando se fue Fábrega) al 30% (ahora con Vanoli) interanual.

Actualmente, el dólar real (ajustado por inflación) enfrenta una situación de equilibrios múltiples debido a la falta de confianza y credibilidad. ¿Qué quiere decir? Que si se abriera el cepo (si el BCRA no quisiera perder reservas y dejara flotar el tipo de cambio), el tipo de cambio nominal sobrerreaccionaría y se sobredepreciaría por sobre su equilibrio, generando una aceleración inflacionaria que “más que se comería” la previa depreciación; exactamente igual que en enero de 2014. Por el contrario, si bajo las actuales condiciones el BCRA abriera el cepo y buscara impedir que el dólar nominal se encareciera mucho, la autoridad monetaria perdería la mayor parte de sus reservas que actualmente ascienden a us$ 16 mil millones sin maquillaje y depósitos privados en dólares. En este escenario, la devaluación final y el espiral inflacionario terminarían siendo aún más fuertes que en la anterior alternativa. Claramente, cualquiera de estas dos posibilidades constituiría una salida desordenada del cepo que generaría mayor estanflación que la actual.

La próxima administración deberá salir del cepo, porque se necesita credibilidad en las políticas macro. Debe haber una salida ordenada del cepo, lo cual implica que haya un plan integral detrás.

Del cepo no se puede salir de un día para otro, porque hay que generar las condiciones para poder eliminarlo. Dado que el cepo esconde un exceso de pesos y teniendo en cuenta que el BCRA no puede hacer crecer la demanda de dinero en el corto plazo, el sobrante de pesos deberá ser corregido por medio de la absorción monetaria (bonos del Central) en 2016.

Actualmente no se sabe qué exceso de pesos presentará la economía en diciembre próximo. Lo que sí está claro es que (dada la relajación monetaria ya existente y el aumento del déficit esperado) muy probablemente sea mayor al actual (4% del PBI). Sin saber cuántos pesos “de más” habrá que sacar, no se sabe la magnitud de la política a aplicar, ergo, no se puede conocer con precisión cuánto tiempo demandará efectivizar el retiro del cepo.

Muy importante: el retiro del cepo también exige que el nuevo gobierno anuncie y aplique un plan de reducción del gasto que elimine la dominancia fiscal. Hay que ajustar el gasto para evitar que “salgan” pesos por una ventana y “entren” por otra. Concretamente, la eliminación de los pesos sobrantes y la reducción del gasto público en términos del PBI son dos prerrequisitos fundamentales para que la próxima administración pueda quitar el cepo. Esa reducción del gasto debe ser acompañada con una baja de la presión tributaria que incentive la inversión, la generación de puestos de trabajo y el crecimiento en el sector privado de la economía.

También harían falta un tercer y un cuarto requisitos, que serían institucionalizar (con nueva carta orgánica) un BCRA con fuerte sesgo antiinflacionario y promover un nuevo marco regulatorio para los servicios públicos que promovería ingresos de dólares al sector energético. Esto último lleva más tiempo, pero su anuncio, acompañado de la efectivización de las otras medidas (de más acelerada aplicación), potenciaría un círculo virtuoso de credibilidad.

La credibilidad no se logra de un día para otro porque se construye haciendo coincidir las palabras con las acciones, por lo que se la construye sólo gobernando; y lleva tiempo. Pero dicha credibilidad será fundamental para apuntalar (que no caiga al abrir el cepo) la demanda de dinero y contribuir a que el mercado monetario se limpie más fácil y rápidamente. Con la credibilidad construida, el BCRA podrá remover el cepo y el dólar flotar libremente hasta su nuevo valor de equilibrio sin que se pierdan reservas ni se genere un fuerte proceso inflacionario. Este plan integral gozaría del beneficio de tener un termómetro de que las “cosas” se están haciendo bien: el tipo de cambio nominal debería comenzar a apreciarse a medida que el círculo virtuoso comenzara a rodar.

jueves, 26 de febrero de 2015

Kicillof, casi el peor de todos (publicado en Infobae el 26/02/2015)

por Javier Milei


Recientemente, Axel Kicillof, en su intento por no ser menos que Marcó del Pont (quién fue considerada como la peor Presidente de un Banco Central) y para desgracia de algo más de 40 millones de personas, quedó en el penúltimo lugar en un ranking regional de Ministros de Finanzas que pondera la política macroeconómica, el desarrollo, el fortalecimiento institucional, atributos personales, nivel de inflación (aún con la del INDEC del 23,9%), deuda y ahorro como porcentaje del PBI y la calificación crediticia del país. El Ministro sólo superó a Rodolfo Marco de Venezuela,quien ha logrado el “milagro” de que un país con una riqueza petrolera de aproximadamente USD 1 millón por habitante padezca una brutal escasez. Desafortunadamente, la contracara de la nota de Kicillof en el ranking es haber posicionado al país en un sendero de profunda decadencia que en poco menos de 50 años nos convertiría en un país pobre.
Hoy, luego de 11 años de populismo-keynesiano-estructuralista, la macroeconomía del país se encuentra en una profunda situación de desequilibrio. El déficit fiscal, la tasa de inflación, el tamaño de la brecha cambiaria, el deterioro de las cuentas externas, el nivel de reservas netas y la creciente conflictividad social muestran un cuadro sumamente delicado. Sin embargo, pese a lo doloroso que podría ser entrar en una nueva crisis, ésta sería un daño mínimo comparada con las repercusiones en materia de crecimiento.
En función de lo anteriormente señalado, resulta necesario hacer una evaluación de lo que ha ocurrido durante el régimen kirchnerista de modo tal que resulte posible medir la magnitud del daño. El punto de inicio es el producto por habitante medido en dólares corrientes, el cual hoy se ubica en torno a los USD 13.000. Si uno considera que durante el año 1998 Argentina había recobrado su nivel de tendencia, el primer punto de comparación debería ubicarse en dicho año. Así, tomando el PIB per-cápita en dólares de 1998 y ajustándolo por la inflación americana, el mismo se halla en USD 14.537. Esto es, el producto por habitante, aún medido al tipo de cambio oficial se ubica un 10% por debajo del alcanzado en 1998. Por otra parte, si se compara utilizando el tipo de cambio paralelo, y asumiendo una brecha del 50%, el ingreso caería a niveles de USD 8.800, por lo que la pérdida de bienestar sería del orden del 34%. Es decir, aún sin crisis, el resultado es escandalosamente malo.
Sin embargo, el cálculo basado en el producto per-cápita de 1998 es extremadamente generoso ya que no captura la presencia de un crecimiento tendencial de largo plazo. En este sentido, si uno revisa la historia argentina, la tasa de crecimiento tendencial se ubica en torno al 3,5%. Si a ello se le resta un crecimiento poblacional del 1,1%, el PIB por habitante debería ubicarse en los USD 21.651. Esto es, nuestro ingreso, medido al tipo de cambio oficial debería ser un 64% mayor, mientras que medido al tipo de cambio paralelo, lo que se ha perdido en términos de bienestar asciende a un 150%. De más está decir que una pérdida de tal magnitud es digna de ser definida como una catástrofe.
Si bien el resultado precedente es muy malo, aún sigue siendo una comparación por demás generosa. Concretamente, el cálculo omite que durante la gestión kirchnerista se disfrutó del mejor contexto internacional de la historia del país y el hecho de que existe convergencia, de modo tal que el país podría haber acelerado su tasa de crecimiento en 3,3 puntos porcentuales (basado en estimaciones de Robert Barro, y utilizando la mejora de los términos de intercambio podrían explicar por lo menos 2 p.p.). Bajo esta situación, el ingreso por habitante treparía a USD 30.884 cuya diferencia con la estimación oficial es del orden del 130% y estimado con el paralelo se llega a un obsceno 260%.
Por último, si la estimación la hacemos sobre los datos observados (esto es, sin computar las tendencias) teniendo en cuenta la caída del PIB per-cápita posterior a la Convertibilidad e  imputando una recuperación cíclica de 2,8pp por año, el indicador treparía hasta USD 23.259. A su vez, si el tipo de cambio se corrigiera al nivel de PPP, el producto per-cápita se ubicaría en torno a los USD 31.000. A su vez, esta estimación del producto también permite observar el daño causado por el cepo cambiario (esto viene dado por la diferencia que muestra la línea roja con la verde), el cual ha privado a los argentinos de tener un ingreso 75% mayor al tipo de cambio oficial y 170% al tipo de cambio paralelo.
Por lo tanto, ante semejante perjuicio uno debería preguntarse ¿cómo hemos llegado a esto? En este sentido, tal como señala William Easterly, “los malos gobiernos, al igual que la mala suerte, pueden acabar con el crecimiento”. La evidencia empírica muestra que en aquellos países en los que la inflación es elevada, la tasa de crecimiento del PIB per-cápita es 3% inferior a aquellos en los que la inflación es baja. Del mismo modo, una brecha cambiaria superior al 20% y una sobrevaluación del tipo de cambio real por encima del 68% implican una caída del orden de 2 y de 1,5 puntos porcentuales respectivamente. Por último, ratios de M2 (monetización), resultado fiscal y comercio respecto del PIB menores al 100%, 0,12% y 120%, respectivamente, implican un diferencial de crecimiento de 1%, 1,5% y 1%.
Naturalmente, cuando una analiza la gestión kirchnerista es posible observar como la tasa de inflación trepó desde niveles del 3,8% al 40%, la brecha cambiaria se encuentra en torno al 50%, el resultado fiscal ha tenido un deterioro de 6% del PIB pese a la presión tributaria más alta de la historia, los agregados monetarios están estancados y la economía cada día se cierra más al mundo, todo ello no deja lugar a dudas sobre los motivos para tan rotundo fracaso. Al mismo tiempo, desde la llegada de Kicillof al Ministerio de Economía (primero como vice-ministro y luego como jefe máximo) sus errores de política económica nos han privado de tener un producto por habitante por lo menos un 170% mayor, lo cual hace lucir su calificación en el ranking como sumamente generosa. En definitiva, no sólo que no hemos podido alcanzar la tendencia de largo plazo, sino que hemos desaprovechado una oportunidad histórica como para acelerar la convergencia y así poder ingresar al pelotón de los países de altos ingresos. Sin embargo, el daño no termina ahí, ya que si seguimos reintentando con el populismo-keynesiano-estructuralista nos aguardará un futuro de acuciante pobreza.

sábado, 21 de febrero de 2015

LO MEJOR ES POLÍTICA DE SHOCK Y BAJAR IMPUESTOS. (publicada en Diario Perfil el 21/02/2015)


Ya hace poco más de un mes que la muerte del fiscal Nisman acapara toda la atención. Sin embargo, la macroeconomía sigue su curso. Hay un dato insoslayable, al actual gobierno sólo le importa el corto y desprecia el largo plazo. El gobierno sólo procura preservar la actual estabilidad financiera. La apuesta es clara: todos los esfuerzos estarán centrados en que las reservas (el dólar) caigan (suba) lo menos posible para contener las presiones en el mercado de divisas y bajar “algo” la inflación. El crecimiento económico no está dentro de los objetivos de política económica.  En 2015, la política fiscal expansiva recrudecerá, el déficit fiscal y la emisión monetaria para financiar al Tesoro aumentarán, potenciando los desequilibrios macroeconómicos que atentan contra las posibilidades de crecer en el largo plazo. En este contexto, sólo cabe esperar que la herencia (para la próxima administración) se torne más pesada, dificultándose la aplicación del programa económico a aplicar a partir de 2016. 

Y este es el punto más importante de todo, a partir de 2016 se deberá aplicar un programa económico que nos devuelva al sendero de crecimiento perdido y nos saque del actual proceso estanflacionario que cumple años (2012/2015).

Hay que tener en claro que Argentina es el único país de la región en el cual el PBI per cápita en dólares cae cuando se compara 2014 (usd12.500) con 1998 (usd14.700). Por el contrario, en los otros países de la región el PBI per cápita creció en promedio un 80% durante el mismo período. Para que se entienda, si hubiéramos aplicado las políticas puestas en práctica en Chile, Perú o Colombia y hubiésemos mantenido la inflación en los niveles registrados (3%/5% anual durante 15 años) en aquellas economías vecinas, Argentina tendría actualmente un PBI per cápita (corregido por términos de intercambio) de más usd31.000; según estima Milei en su trabajo “El Sendero de la decadencia argentina”.

En pocas palabras, aplicamos un conjunto de pésimas políticas económicas que generaron un proceso hiperinflacionario (644% en 2003/2014 y 457% en 2007/2014) que terminó expulsándonos del sendero del crecimiento, lo cual nos impidió duplicar nuestra riqueza y aprovechar el mejor contexto histórico internacional.  

Los números son elocuentes. Nuestra política económica se basó en un aumento desmedido del gasto público. La relación gasto / PBI se duplicó, pasando sostenidamente de 16.6% (2003); a 21.4% (2007); 26.7% (2011) a 33.1% (2014). Como consecuencia del aumento desmedido del gasto y  pese a contar con la mayor presión tributaria de toda la historia argentina, se pasó de un superávit fiscal de 2,3% a un déficit de -4.7% del PIB. Sin acceso a los mercados de deuda, la dominancia fiscal fue en aumento, dejando sin independencia al BCRA. En 2003/2014, el gobierno nacional gastó reservas del BCRA por usd 54.091 MM. Paralelamente, el stock de adelantos transitorios pasó de usd 2.500 MM (2003) a usd 29.402 MM (2014). La deuda del SPN con el central ya alcanza los usd 85.172 MM. Este deterioro del balance del central se tradujo en caída de la demanda de dinero, dolarización de carteras, problemas cambiarios e hiperinflación. El resultado de todo este proceso estaba cantado. A excepción de Venezuela, Argentina es el único país de la región que destruye riqueza, se consume su stock de capital,  la frontera de posibilidades de producción se contrae, el empleo (desempleo) se reduce (aumenta) y el PBI per cápita cae.  

Retornar hacia la solvencia fiscal debe ser la piedra fundamental del programa económico que nos devuelva al sendero del crecimiento. Es imprescindible una regla de solvencia fiscal para abolir la dominancia fiscal y así poder tener un BCRA genuinamente independiente. Sólo con un BCRA genuinamente independiente se podrá aplicar una creíble y eficiente política monetaria anti inflacionaria que nos permita volver al sendero del crecimiento de largo plazo.

¿Qué es la solvencia fiscal? En la actualidad, Argentina presenta un stock de deuda en torno al 45% del PBI. A su vez, si uno toma el riesgo país promedio histórico y una tasa de interés libre de riesgo del 3,5%, la tasa de la deuda sería del 9%. Bajo este conjunto de hipótesis y tomando un crecimiento de largo plazo para el PIB del 3%, la solvencia fiscal inter temporal (repago de la deuda) y la eliminación de la dominancia fiscal  exigen un superávit primario del 2.6% del PBI, que implica un ajuste fiscal de 6,3 puntos porcentuales.

Siguiendo la actualización del libro Política Económica Contrarreloj (PEC) de Milei/Giacomini/Ferelli Mazza, que será presentado en el Congreso Económico argentino (CEA) 2015, el ajuste fiscal necesario para retornar al sendero del crecimiento puede hacerse en forma de shock o gradual; y ambas alternativas pueden contener (o no) una reforma estructural que baje la presión tributaria y “desahogue” al sector privado,  incentivando el ahorro, la inversión, la acumulación de capital, la productividad y el crecimiento económico



En cuanto al ajuste del gasto el mismo tendría dos partes. Por un lado se deberían cortar de cuajo los subsidios económicos (¡no los sociales!), lo cual permitiría ahorrar cerca de 5% del PIB, al tiempo que el resto vendría por la licuación de partidas, que deberían crecer 4% por debajo de la inflación.
Este ajuste no será recesivo ya que elimina las transferencias a un grupo de agentes que consumen solo una fracción de sus ingresos, para dejar de cercenarle vía el impuesto inflacionario el ingreso disponible al grupo de bajos ingresos quienes consumen prácticamente todo su ingreso. En este contexto, dada la transferencia entre agentes, el consumo de la economía aumentaría. Por otra parte, la suba de tarifas permitirá que las inversiones queden a manos de las empresas, las cuales no sólo serán seleccionadas con mejores criterios que el utilizado por el sector público, sino que al eliminar la transferencias entre sectores, el flujo de fondos de las firmas aumentará potenciando la inversión. Naturalmente, habría un impulso extra derivado de la caída de la tasa de interés por el menor riesgo país. Por lo tanto, este programa no sólo que no será recesivo, ya que la mejor distribución del ingreso impulsará el consumo y las señales de precios impulsarán a la inversión, sino que además al extirpar la inflación y frenar el drenaje de divisas, permitirá levantar el traumático cepo cambiario.

Para analizar la dinámica de los diferentes escenarios planteados y estudiar qué alternativa de ajuste fiscal nos devuelve más fuerte y rápidamente al sendero del crecimiento económico, en la actualización de PEC estimamos un modelo de crecimiento económico neoclásico de Solow-Swam con progreso tecnológico exógeno. Este modelo indica que los países convergen a una determinada tasa de crecimiento per cápita, la cual viene dada por el avance tecnológico y la participación del stock de capital en la producción. ¿Qué papel tiene el gasto público y, consecuentemente, el ahorro en el proceso de crecimiento del modelo? La tasa de ahorro permite acelerar o retrasar la convergencia. A menor gasto público (y menor presión tributaria) hay una transferencia de recursos orientada al sector privado que impactaría positivamente en la tasa de ahorro, ganando así vigor y velocidad el proceso de crecimiento y convergencia hacia el PBI per cápita de equilibrio más elevado.

De acuerdo con nuestras estimaciones, el escenario de ajuste con shock y reforma impositiva es el que genera mayor aceleración en el crecimiento del PBI per cápita. Sólo se tardaría 22 años en alcanzar el PBI per cápita de convergencia. En segundo lugar está el escenario de ajuste gradual con reforma estructural, en el cual el PBI per cápita crece algo más lento, alcanzándose el nivel de convergencia en 25 años.  En tercer y cuarto lugar están la corrección fiscal de shock sin reforma impositiva (33 años) y la corrección fiscal gradual sin reforma impositiva (35 años) en las cuales el PBI per cápita crece más lentamente y con menos vigor, tardándose más años en alcanzar el PBI per cápita de convergencia. Poniéndolo en números sencillos, dentro de 10 años en 2025 el PBI per cápita de Argentina ascendería a: usd52.106 (con shock y reforma); usd41.922 (gradual y reforma); usd41.018 (shock sin reforma) y usd35.196 (gradual y sin reforma). Por el contrario, si no se hiciera nada y se continuara con el actual modelo basado en alto gasto público, elevado presión tributaria y escaso ahorro y baja inversión, el PBI per cápita de Argentina ascendería a usd18.899 en 2025.


En síntesis, a la luz  de las estimaciones presentadas, a todos los argentinos nos conviene que la próxima administración haga cirugía mayor. La mejor alternativa de todas es que se haga un ajuste fiscal de shock con reforma tributaria que baje la presión fiscal, ya que esa es la alternativa que nos hará crecer más rápido y fuertemente. Espero que la clase dirigente lo entienda.

viernes, 20 de febrero de 2015

Vanoli está siendo prudente.

Más adelante se necesitará más prudencia aún; y eso es una gran duda.

En el ultimo bimestre de 2014, la institución monetaria presidida por Vanoli tuvo una fuerte exigencia de emisión monetaria para asistir al sector público y operar en el mercado cambiario. En ese periodo la base monetaria ex ante (bruta) creció $ 72.936 millones; es decir 318% más que la emisión bruta ($ 17.439 millones) de noviembre-diciembre de 2013. En noviembre y diciembre 2014, Vanoli inyectó $9.379 millones vía mercado cambiario (compró divisas) y $63.558 millones de pesos para financiar al sector público; 80% más que en igual periodo de 2013. Dicha expansión fue contrarestada en parte ($17.809 MM) con colocación de lebacs y pases en nov-dic de 2014. Del juego inyección y absorción, la base monetaria terminó expandiéndose en forma neta neta unos $ 55.128 millones.

Este aumento de la base monetaria no generó desequilibrios en el mercado de dinero porque coincidió con la elevada estacionalidad de la demanda de pesos, que siempre aumenta sobre fin de año como consecuencia de las mayores necesidades de liquidez propias del fin de año, del aguinaldo y de las vacaciones (ver gráfico). Es decir, en el último bimestre del año pasado la administración Vanoli emitió pesos y expandió la base monetaria, usufructuando el aumento estacional de la demanda de dinero.

Si se compara el último bimestre de 2014 con 2013, se aprecia que la política del actual presidente no fue más expansiva que la de su antecesor, debido a que la emsión neta de Vanoli ($55.128 MM) implicó una expansión del 13.5% respecto del stock de base monetaria existente hasta el ultimo día de octubre; un porcentaje menor a la expansión de Fábrega. En este sentido, vale la pena remarcar que el aumento de la base monetaria de Fábrega ($50.393 MM) respresentó un incremento del 15.4% en relación al stock de base existente a fin de octubre de 2013.

En síntesis, en términos relativos (expasión /stock de base monetaria), la política expansiva de Vanoli (+13.5%) y Fábrega (+15.4%) fueron similares durante los últimos dos meses de 2014 y 2013; respectivamente.




Si embargo, la estacionalidad de la demanda de dinero se revierte en el primer mes (o bimestre) del año y los Bancos Centrales sulen contrarrestar la emisión de los meses aneriores contrayendo la base monetaria mediante la colocación de intrumentos de absorción (LEBACs, pases, etc). Es imprescindible analizar la política de absorción durante los primeros meses del año para poder tener una idea sobre el sesgo de la política monetaria durante los próximos meses de gestión. En línea con la baja estacionalidad de la demanda de dinero, la prudencia monetaria exige absorber gran parte de la emisión realizada hacia fin de año. Por el contrario, si no hay absorción, la política monetaria podría ser caratulada de expansiva.

En pocas palabras, dado los actuales desequilibrios existentes en la economía argentina, sin absorción monetaria durante los primeros meses de 2015, la actual estabilidad financiera podría verse amenazada avanzado el corriente año.  

¿Qué sucedió en el mercado de dinero durante enero 2015? En primer lugar hay que destacar que Vanoli enfrentó una mayor exigencia de emisión monetaria que su antecesor, ya que tuvo que emitir $3.177 millones, mientras que Fábrega enfrentó un mercado contractivo por -$4.201 millones.

¿Por qué ambos presidentes enfrentaron coyunturas tan disímiles en enero 2015 y enero 2014? Porque la corrida cambiaria de enero 2014 jugó a favor de la absorción de pesos, ya que la demanda de reservas del BCRA posibilitó que la base monetaria se contrayera -$12.717 MM por mercado cambiario. Por el contrario, el apretón del cepo y los mayores controles actuales hacen que el mercado cambiario no actúe como instrumento de absorción. Si se pierden pocas reservas, el mercado cambiario no contribuye a la absorción de pesos. De hecho, el mercado cambiario sólo contribuyó a absorber -$1.647 MM en enero 2015. Por consiguiente, el BCRA tuve que colocar más LEBACs para absorber la emisión de fin de año. de modo que en enero 2015 Vanoli ($17.747 MM) tuvo que colocar el doble de cantidad de LEBACs de las que colocó Fábrega ($9.137 MM) en enero 2014 para lograr una contracción similar de base monetaria: $14.570 MM (enero 2015) vs $13.339 MM (enero 2014).

A pesar de que la demanda de pesos suele debilitarse en términos estacionales en los meses de enero, el combo mercado cambiario y sector público demandaron una emisión monetaria bruta por $3.177 millones (ver gráfico 2). Si abrimos los componentes de esta emisión, nos encontramos que sector público obligó a emitir $4.824 MM, pero el mercado cambiario fue contractivo en -$1.647 MM. Es decir, a pesar del apretón monetario la gente compró divisas entregandole pesos a cambio al BCRA. La emisión bruta de $3.177 MM fue contrarrestada mediante una colocación de letras y pases por $17.747 MM, con lo cual la base moentaria terminó contrayéndose $14.570 MM en enero 2015 vs $13.339 MM en enero 2014.

En términos de resultados de agregados monetarios (no de instrumentos), la política monetaria que aplicó Vanoli en enero 2015 es similar a la aplicada por Fábrega en enero 2014. En este sentido, la contracción de base monetaria de enero ‘15 ($14.570 MM) representó el 26.4% de la emisión neta del bimestre anterior, lo cual no difiere sustancialmente de la contracción monetaria (24.6%) ejecutada por Fábrega durante el mismo mes de 2014.  

En resumen, el análisis comparativo entre ambas gestiones permite visualizar que bajo la conducción de Vanoli, ni la inyección de nov-dic es mayor, ni la contracción de enero es menor en términos relativos que lo puesto en práctica durante la gestión de Fábrega a fines de 2013 y comienzos de 2014. De modo que, siguiendo esta línea de pensamiento, al menos hasta ahora, la política monetaria de Vanoli no es más expansiva que la de su antesesor.


A modo de síntesis. Por ahora Vanoli está siendo bastante prudente, no menos que su antecesor. Aunque Vanoli cuenta con un activo que Fábrega no tuvo: Vanoli tuvo antes a Fábrega, mientras Fábrega había tenido antes a Marcó del Pont. 

Sin embargo, es clave seguir de cerca la política monetaria. Hay que seguir el ritmo de colocación de LEBACs martes tras martes. Hay que observar el desenvolvimiento de la política monetaria mes tras mes. ¿Por qué? Porque la política monetaria es clave a la hora de definir si la actual estabilidad financiera prosigue, o se diluye.  Y el escenario promete tensionarse más avanzado el año. Si este año el gobierno potenciara las políticas fiscales expansivas, aumentando el déficit y la dominancia fiscal, complicaría el ejercicio de la política monetaria y podría terminar abortando la estabilidad financiera. Y el problema es que para 2015 esperamos un déficit fiscal del SPN superior al  40% en relación a 2014, alcanzando un 3.7% del PBI. Luego, proyectamos que la emisión del BCRA para asistir al Tesoro se incrementaría del 3.6% (2014) al 4.3% (2015) del PBI. En pocas palabras, la continuidad de la estabilidad financiera exige que la prudencia de Vanoli no sólo continúe todo el año, sino que probablemente exigirá que se potencie más adelante. Y es un año electoral; y eso es (con este poder ejecutivo) una buen excusa para que el BCRA ceda en su prudencia.

En otras palabras, la perdurabilidad de la actual estabilidad financiera depende fundamentalmente de lo que suceda en el mercado de dinero durante el año. Advertimos que un viraje hacia una mayor prudencia monetaria (que impida el surgimiento de mayores desequilibrios) sería la mejor política para sostener la actual estabilidad. Teniendo en cuenta lo anterior, es importante analizar qué ha hecho la nueva administración de Vanoli en materia de política monetaria.