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domingo, 10 de enero de 2016

BCRA ya absorbió 65% del exceso de pesos (Nota publicada en Ambito Financiero el 6/1/2016)

http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=822816

por: Javier Milei

Alejandro Vanoli
 La nueva conducción del Banco Central está enfrentando con gran éxito uno de los mayores desafíos monetarios de la historia económica de la Argentina. No sólo ha llevado a cabo la salida del cepo (aunque con restricciones sobre los stocks) sin un desborde del tipo de cambio, sino que además ha decido darle una durísima batalla al exceso de pesos de la economía (money overhang), el cual habría cerrado el año en torno al 4% del Producto Bruto Interno (PBI), esto es, unos $ 200.000 millones de pesos. Para tener un orden de magnitudes de lo que ello significa, esta situación ha tenido lugar en la historia del país en dos oportunidades. La primera fue en 1959 y la segunda, en 1975. En ambos casos, la salida de las trabas monetarias implicó una sextuplicación del nivel de inflación y agudas caídas del PIB.

En este sentido, la herencia monetaria dejada por Alejandro Vanoli implica una inflación subyacente por el desequilibrio en los stocks del 50%. Si a ello le sumamos el problema (flujo) derivado de la nueva emisión, donde la cantidad del dinero crece al 40%, la inflación potencial frente a una caída en la demanda de dinero al equilibrio bueno, aunque inestable, se ubicaría en torno al 110%, mientras que en el equilibrio malo treparía al 320%. Lo cual podría amplificarse a niveles del 150% y 450% si se consideran los efectos del déficit cuasi fiscal derivado de las letras emitidas por el BCRA. Poniendo blanco sobre negro, desde el plano monetario, el kirchnerismo ha dejado una verdadera bomba de tiempo.

En función de ello, el equipo liderado por Federico Sturzenegger no sólo ha enfrentado la salida del cepo con valentía, sino que sobre todas las cosas, lo está haciendo con pericia técnica, donde el sobrante de pesos fue atacado por varios frentes. En primer lugar, al sincerarse el valor de la moneda extranjera, su demanda potencial pasó de u$s 20.000 millones a u$s 15.000 millones. Al mismo tiempo, el acuerdo con los importadores por u$s 5.000 millones (entre u$s 1.000 millones por un bono y por reprogramación de pagos) redujo la demanda potencial de dólares a u$s 10.000 millones, lo que expresado en pesos al tipo de cambio de $ 14 representa unos $ 140.000 millones.

En segundo lugar, el Banco Central está llevando una muy agresiva política de esterilización de pesos vía colocación de Lebac. Desde el cambio de autoridades, la esterilización llevada a cabo asciende a $ 65.000 M, que puesto en términos de M1, implica un monto de $ 90.000M. Esto es, el BCRA ha eliminado un 65% del sobrante monetario, que puesto en términos de variación de precios, ha bajado la inflación subyacente al 17,5%, lo cual no sólo baja los niveles de inflación potencial, sino que hace menos probable que la economía se mueva hacia el equilibrio malo. Al mismo tiempo, este proceso estuvo acompañado por fuertes caídas en la tasa de interés que pagan los títulos del BCRA, aún estando en el momento del año donde la demanda de dinero (por motivos estacionales) es anormalmente alta, lo cual arroja testimonio del exagerado sobrante de pesos (en su defecto, la tasa estaría en las nubes).

Naturalmente, esto no fue lo único que hizo el Banco Central. En materia de hacerse de dólares, por un lado ha canjeado Letras intransferibles del Gobierno por títulos públicos con cotización por u$s 16.000 millones. Ha convertido a dólares parte del swap chino por u$s 3.000 millones. Finalmente, en lo que se ha venido liquidando del adelanto de u$s 6.000 millones por parte del agro, estos dólares se han adquirido vía colocación de Lebac en dólares y no por emisión monetaria.

Por lo tanto, de continuar la política monetaria de esterilizar el exceso de pesos (febrero será un nuevo test), el BCRA habrá ganado la batalla contra los stocks. Sin embargo, aún resta librar la batalla flujo contra la inflación, donde los rezagos de la política monetaria aportan un piso del 35%. En este sentido, todo lo que se obtenga debajo de ello será un logro importante del nuevo Gobierno, ya que ello también implicará una mejora en el plano fiscal (ancla nominal de la economía a la luz del problema de dominancia)

domingo, 3 de enero de 2016

Desarmando la Herencia Inflacionaria K (Nota publicada en Diario Perfil el 3 de Enero 2016)


El fin del cepo cambiario sienta una de las primeras condiciones necesarias (no suficientes) para volver a crecer. Sin embargo, la vuelta al crecimiento no está asegurada ni será instantánea, sino que depende (positivamente) del éxito en la lucha contra la inflación.
La batalla contra la inflación no será sencilla. Más allá de los beneficios de levantar el cepo, existe el riesgo de que el sinceramiento cambiario tenga como contrapartida una aceleración inflacionaria (pass-through).
La cantidad de dinero será “el” elemento clave para determinar qué pasará con la inflación durante los próximos meses. Si el sinceramiento cambiario trae aparejado (o no) un salto de la inflación, ello dependerá de la cantidad de pesos y de si existe (o no) convalidación monetaria (pesos “de más”). Y si bien importa cuánto emita el BCRA en 2016, más aún importa la “herencia” monetaria K y el stock de dinero “ya” existente. Es decir, aun sin emitir un solo peso más, si el stock de dinero existente excede al dinero “deseado”, se verifica un sobrante de pesos (money overhang) y habrá aceleración inflacionaria.
Según estimaciones que elaboramos con Javier Milei, el sobrante de pesos asciende a 4% del PBI ($ 200 mil millones). Sus orígenes son dos: primero, la desbocada emisión monetaria de la era K y segundo, el cepo cambiario de la era K. La emisión monetaria genera sobrante de pesos porque tarda entre 10 y 18 meses en trasladarse completamente a precios. El dinero entra “todo junto” a la economía y los precios sólo van aumentando “de a poco” en la medida en que los pesos pasan de mano. El cepo cambiario, al evitar que los pesos drenen contra las reservas (dólares) del BCRA, mantiene la demanda de dinero artificialmente alta, generando un sobrante de pesos con la liberación cambiaria. Este sobrante de pesos tenderá a desaparecer sí o sí, aunque hay dos “caminos” diferentes.
El primer camino (más costoso en términos sociales y económicos): es la licuación del sobrante de pesos vía aceleración inflacionaria. Justamente, este camino es el que comenzaba a recorrerse con la aceleración inflacionaria en la segunda mitad de noviembre y diciembre.
En otras palabras, si este año la política monetaria siguiera siendo similar a la de Vanoli, es decir sin absorción de pesos, con emisión “de más” y tasas de interés inferiores a las expectativas de devaluación e inflación, en 2016 la economía estaría dirigiéndose hacia un escenario de más de 40% de inflación anual con licuación del sobrante de pesos. Para entender este punto sólo basta recordar que el descalabro monetario de Marcó del Pont 2012/2013 (similar al de Vanoli 2014/2015) generó la devaluación de enero de 2014 y el aumento de la inflación hasta el 40% anual en 2014. Es más, si se tiene en cuenta la evidencia empírica de 122 países que muestra que en un horizonte de cinco años la inflación coincide con la expansión del agregado monetario llamado M1, y se considera que entre enero de 2012 y diciembre de 2015 en la Argentina el avance de M1 (220,5%) superó el aumento de precios (173,5%), se observa que la gestión K dejó una “inflación contenida” y un piso inflacionario que, si no se cambia, podría ascender a 47% en 2016.
El segundo camino es reducir M1 para absorber el sobrante de pesos y evitar su licuación por aceleración inflacionaria. La nueva administración intenta seguir este camino. Todas sus medidas iniciales reducen el sobrante de pesos y por consiguiente apuntan a reducir los efectos negativos de la pesada herencia monetaria K. La apertura del cepo y el sinceramiento cambiario reducen la demanda potencial de dólares a US$ 15 mil millones. Con el bono a los importadores (US$ 5 mil millones) dicha demanda baja a US$ 10 mil millones. Pero si se considera que en las primeras tres licitaciones el BCRA absorbió $ 41.141 millones netos, la demanda potencial de dólares se reduce a 6.900 millones. En este marco, habiendo conseguido US$ 22 mil millones para hacer frente a esa demanda potencial de dólares, habría US$ 3,2 de oferta por cada uno de demanda.
Estas medidas iniciales permitieron ganar holgadamente el primer round de una contienda de varios capítulos. Hay que estar atento al impacto de la fuerte emisión monetaria de los últimos días de diciembre (otra herencia K). También a la caída estacional de la demanda de pesos (potencial aumento de la demanda de dólares) a partir de la segunda mitad de enero y en febrero, lo cual podría hacer subir (algo) el dólar. Aunque el BCRA tiene las herramientas para mantener la situación bajo control. En síntesis, y teniendo en cuenta que la administración K dejó un piso inflacionario superior al 40% anual, cualquier inflación cercana o (incluso) inferior a 30% anual para 2016 será mérito del actual gobierno.

lunes, 14 de diciembre de 2015

La imposibilidad de aplicar metas de inflación en el Banco Central (nota Publicada en Infobae 14/12/2015)

por Javier Milei

Sin lugar a dudas, a juzgar por los resultados en materia de inflación a lo largo de la historia del país, el desempeño del Banco Central (BCRA) está muy lejos de ser materia de orgullo. Concretamente, previo a su creación, en 1935, la cantidad de dinero de alta potencia (base monetaria) crecía a una tasa del 6%, mientras que la inflación y el tipo de cambio subían a un ritmo en torno al 3% y 4% anual. A su vez, en los primeros diez años de operación, la cantidad de dinero pasó a crecer a un ritmo del 14%, mientras que la inflación y el tipo de cambio lo hicieron al 6 y 2 por ciento.
Sin embargo, luego de la estatización del órgano de control monetario en el año 1946, la tasa de crecimiento promedio de la cantidad de dinero se disparó a niveles del 130%, mientras que las tasas de inflación y de devaluación treparon a niveles del 160 y 150 por ciento. Por lo tanto, el desempeño del Banco Central desde mediados del siglo XX ha sido altamente cuestionable. Además, sus marcas registran períodos de muy alta inflación, dos hiperinflaciones y la destrucción de cinco signos monetarios (en rigor, son seis si se tiene en cuenta que los actuales pesos dejaron de ser convertibles en el año 2002), motivo por el cual debería resultar claro que la misión del BCRA tiene que ser reconsiderada muy seriamente.
Si uno asumiera que en la economía existiera un único agente representativo, donde además los precios relativos son constante, tal que pueda pensarse en un único bien y que dado estos elementos no existieran efectos distributivos en términos de ingreso y riqueza (al margen de que las adiciones de dinero afectarían el nivel de utilidad del agente y, por ende, de su gasto), se podría definir que el único objetivo del BCRA debería ser el de preservar el valor de la moneda, esto es, defender su poder adquisitivo. En otros términos, dado el equilibrio del lado real de la economía, el BCRA debería minimizar la tasa de crecimiento de los precios de la economía, que bajo este encuadre significaría mantener una baja tasa de inflación.
Para lograr dicho objetivo, existen por lo menos dos metodologías. Por un lado, está el sistema de metas de inflación, el cual se ha estado aplicando en el mundo con gran éxito. Por otro lado, está el método basado en el control de los agregados monetarios, el cual ha caído en desuso desde mediados de los ochenta en los países desarrollados y en los emergentes luego de los noventa.
Si bien esto último parecería indicar que el método a seguir para reducir la inflación en la Argentina debería ser el sistema de metas de inflación, su implementación requiere de nueve condiciones que hoy no se cumplen : (i) marco institucional que asegure la independencia operativa del BCRA y sus responsabilidades, (ii) transparencia en la comunicación, (iii) expectativas de inflación ancladas, (iv) reputación y credibilidad, (v) transparencia de la política monetaria, (vi) transparencia de la información, (vii) presentación de un objetivo con metas piso y techo sobre un índice de precios confiable, (viii) coordinación con la política fiscal y (ix) desarrollo de modelos de predicción.
Al mismo tiempo, el supuesto éxito aludido a su uso durante 2002 y 2003 ha sido fruto de lo que se conoce como error tipo II (resultado deseado haciendo lo incorrecto), donde la fuerte iliquidez emergente a la salida de la convertibilidad, la exagerada devaluación de la moneda respecto al dólar y el homérico ajuste fiscal de Eduardo Duhalde fueron las bases del éxito logrado. De hecho, las condiciones de la economía hoy son radicalmente distintas: (i) el fisco es la más importante fuente de emisión de pesos, (ii) no existe sobrante de dólares y (iii) hay un apreciable exceso de pesos, motivo por el cual es imposible anclar las expectativas.
Por otra parte, acorde con una serie de trabajos que hemos publicado junto a Diego Giacomini (El nuevo BCRA y la reforma monetaria y Ensayos monetarios para economías abiertas: el caso argentino), existe una muy profunda relación causal entre M1 (circulante en poder del público, más depósitos a la vista) y el PIB nominal (existencia de cointegración), motivo por el cual la literatura especializada en la materia sugiere que la política monetaria, hasta que se reduzca la tasa de inflación y las expectativas queden ancladas, debería ser diseñada con base en metas cuantitativas sobre M1.
Esta importancia estadística de M1 sobre la determinación del PIB nominal, y dado el nivel que suele tener la tasa de crecimiento de la economía, amplifica el vínculo causal entre la tasa de crecimiento de dicho agregado monetario con la tasa de inflación. En este contexto es donde además se vuelve más relevante la discusión sobre la existencia de un sobrante de pesos.
Acorde con los trabajos mencionados, cuando se procede a estimar la demanda de dinero (M1) en términos del PIB en los últimos 70 años, la estimación sugiere que sobran pesos por cerca de 3,8% del PIB (unos doscientos mil millones de pesos). A su vez, el nivel de M1 en términos de PIB de Argentina supera en 3,9 puntos porcentuales el promedio de la región, donde además, mientras que la relación M1/M3 promedio de la región es del 20%, en nuestro país se ubica en el 50 por ciento. Por ende, todos los indicadores estarían dando cuenta de un fuerte sobrante de pesos (algo normal cuando se ponen restricciones como el cepo), lo que, además, se ha visto validado empíricamente al estudiar los residuos (parte no explicada de la estimación estadística) de la relación entre M1 y el PIB nominal.
Esta situación monetaria ya se ha observado dos veces en la economía del país. La primera tuvo lugar en 1959 y la segunda en 1975 (el Rodrigazo). En ambos casos, la tasa de inflación llegó a multiplicarse por seis veces y el PIB cayó un 6% en el momento más agudo de la crisis. Por lo tanto, frente a este riesgo, resulta recomendable la colocación de un bono en dólares suscribible en pesos, de modo tal que se retire el sobrante de pesos. A su vez, como dicha solución implica una manifestación de demanda potencial por moneda extranjera, al ser neutralizada se podría abrir el cepo cambiario de modo exitoso y sin corrida alguna.
Finalmente, desde el punto de vista de los riesgos, si los bonos en cuestión no tuvieran demanda, ello no sólo no tendría costos, sino que además implicaría una fuerte manifestación de confianza en la moneda local. Sin embargo, si, por el contrario, se trabajara con la hipótesis de que no hay sobrante de pesos y al abrirse el cepo la demanda de dinero local se derrumba y genera una corrida cambiaria, la economía podría replicar la experiencia del Rodrigazo. Consecuentemente, tanto en materia de diseño de la política monetaria como en términos de control de riesgos, las nuevas autoridades deberían abstenerse de apostar por el error tipo II, al tiempo que deberían intentar minimizar los riesgos. De confirmarse la existencia de un sobrante de pesos y no mediar una gran dosis de buena suerte, el resultado final podría ser muy negativo para el bienestar de los argentinos.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Dinámica monetaria, precios e inflación (publicada en http://www.elpuntodeequilibrio.com/Home)

por Javier Milei y Diego Giacomini



El problema económico central del dinero es su valor de cambio objetivo. En este sentido, si el valor de cambio objetivo de un bien es su poder para adquirir una cierta cantidad de otros bienes a cambio, su precio está dado por esta cantidad de otros bienes. Por lo tanto, el poder adquisitivo del dinero viene determinado por la posibilidad de obtener una cierta cantidad de bienes económicos a cambio de una determinada cantidad del mismo.

A su vez, el dinero como cualquier otra mercancía, tiene su propio mercado y su precio está dado por su poder adquisitivo. Así, cuando se incrementa la cantidad de dinero ofrecida, el poder de compra de la unidad monetaria se reduce, y la cantidad de bienes que pueden obtenerse por unidad de esa moneda se reduce también. Naturalmente, cuando aumenta (baja) la demanda de dinero, ello implica una menor (mayor) demanda del resto de bienes de la economía, por lo que al caer (subir) sus precios, el poder adquisitivo del dinero sube (cae). Por último, si aumenta (cae) la oferta del resto de bienes de la economía, sus precios deben caer (subir), por lo que el poder adquisitivo del dinero aumenta (cae).

Bajo este marco, si bien cuando aumenta la cantidad de dinero ello conduce a una disminución de su poder adquisitivo (suba de precios ), no se trata de un simple cambio del poder adquisitivo de la unidad monetaria, ya que las modificaciones en la existencia de dinero no toman lugar de modo simultáneo y automático en todos los sectores. Así, cuando se produce un aumento de la oferta monetaria, el nuevo dinero entra en algún punto concreto del sistema y luego se va difundiendo por el resto de la economía. De este modo, las personas que lo reciben primero (por ejemplo, los beneficiarios del gasto público que se financia con emisión monetaria) son las que obtienen las mayores ganancias, ya que sus precios de ventas suben sin que hayan cambiado sus precios de compra. Por otra parte, aquellas personas que lo reciben en último término (trabajadores de sectores más alejados) son las que más pierden, ya que todos sus precios de compra han aumentado antes que sus precios de venta. Por lo tanto, el ingreso del dinero a la economía no es neutral, ya que produce efectos distributivos que modificarán tanto a los precios relativos como a la asignación de recursos con efectos tanto en el presente como en el futuro. Esto es así, aún cuando el poder adquisitivo del dinero en “equilibrio”, dada la suba de precios, no se modifique en términos agregados.

Naturalmente, más allá de los perjuicios no triviales en lo distributivo y en el sendero dinámico de la economía, este proceso en el que los aumentos de precios se trasladan desde un sector a otro hasta que se agota el proceso de pérdida de poder adquisitivo del dinero (inflación) consume tiempo. En general, teniendo en cuenta el ritmo de expansión de la cantidad de dinero, en el mundo, ese proceso lleva entre 2 y 5 años. Por otra parte, acorde a nuestros estudios, para el caso de Argentina, ese tiempo oscila entre 12 y 24 meses.

En este contexto, durante los últimos días, la tasa de inflación de la economía ha mostrado un salto y desde el gobierno saliente han acusado a Mauricio Macri por haber señalado su intención de abrir el CEPO, por lo que ante las expectativas de un salto en el tipo de cambio los agentes subieron los precios. Sin embargo, este argumento tiene por lo menos dos problemas. Por un lado, desde la ley de imputación de Menger se sabe que los costos (aquí la moneda extranjera) no determinan los precios, sino que es al revés. Por otra parte, cuando el precio de un bien de la economía sube y los individuos no están dispuestos a reducir la cantidad demandada del mismo (demanda inelástica), ello deriva en un aumento del gasto en dicho bien, por lo que el gasto en el resto de los bienes deberá caer y con ello sus precios, por lo que en términos agregados no habrá inflación. Esto es, de no existir convalidación monetaria que permita gastar más en un bien sin dejar de gastar en los otros no habría inflación.

Sin embargo, tal como hemos señalado, los efectos monetarios trabajan con rezagos y si uno quisiera encontrar la causa de la inflación presente, la convalidación monetaria comenzó hace 15 meses, cuando Alejandro Vanoli aceleró la tasa de crecimiento de la cantidad de dinero a niveles del 40% anual. Por ende, esta política ha gestado un sobrante de dinero que hoy permite convalidar mayores precios. Al mismo tiempo, la instauración del CEPO, al no permitir drenar contra dólares el sobrante de pesos, hace que el problema en cuestión se amplifique (4% del PIB), ya que a la convalidación monetaria por el lado de la oferta de dinero, se le podría sumar una convalidación adicional por caída en la demanda de dinero. Esto ya pasó dos veces en Argentina. Una fue en 1959 y la otra en 1975 (Rodrigazo). Ninguno de los dos casos han sido experiencias agradables y en ambas situaciones sus orígenes se remontan en las acciones monetarias de dos años atrás.

sábado, 28 de noviembre de 2015

METAS SOBRE M1 PARA BAJAR LA INFLACIÓN (Hacia una nueva carta orgánica BCRA) Nota Publicada en Diario Perfil 28/11/2015

por Diego Giacomini y Javier Milei

http://www.perfil.com/columnistas/Hacia-una-nueva--Carta-Organica-20151127-0063.html

En el largo plazo, expandir la oferta monetaria por sobre el ritmo de crecimiento de la demanda de dinero termina matando el crecimiento y la generación de empleo. La teoría y la evidencia empírica nos lo enseñaron en la década del ‘70s. Aunque los datos de la región lo convalidan fuertemente, todavía por estas tierras algunos se niegan a internalizarlo. Si se compara 2014 con 1998, el PBI per cápita de la región (con baja y estable inflación) creció en promedio +72%, mientras que el de  Argentina (con elevada y sostenida inflación) cayó-14%. El nuevo gobierno tiene que tener entre sus principales objetivos económicos bajar la inflación a los estándares internacionales para poder recuperar el sendero de crecimiento.

La ciencia económica explicó que la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno estrictamente monetario, dejando en claro que la política monetaria es la única herramienta eficaz para bajar y luego prevenir la inflación. Así, los Bancos Centrales de todo el mundo aplican políticas monetarias (prudentes) que tienen como principal objetivo de largo plazo mantener la inflación “baja” y “estable”.

En este marco, se entiende que hay que refundar el Banco Central para poder bajar la inflación. Hay que promulgar una nueva Carta Orgánica para el BCRA.  La nueva carta del Banco Central no tiene que tener objetivo dual (inflación y nivel de actividad), porque una política activista deterioraría la performance de la política monetaria, despertando el trade-off entre output y fluctuaciones en la inflación, lo cual conduce a sub-óptimos en la política monetaria. O sea, crece el riesgo de “más” inflación, lo cual termina castigando el nivel de actividad y el empleo. Además, el Objetivo Dual complica la comunicación entre el Central y los agentes económicos, siendo contraproducente para su credibilidad y la calidad de su política.  

La nueva Carta Orgánica (votada en el Congreso) debe dejar en claro que la estabilidad de precios debe ser el único y predominante objetivo de largo plazo para la política monetaria del BCRA.  El nuevo BCRA tiene que ser independiente en materia de instrumentos de política monetaria a utilizar y debe está obligado a construir y fortalecer la transparencia y la comunicación con los agentes económicos. Se debe elaborar un Plan Monetario anual con seguimiento trimestral que debe ser informado, publicado, explicado y defendido en el Congreso de la Nación con mecanismos de auditoría institucionalizados. Paralelamente, la estabilidad financiera también tiene que ser objetivo de política para la autoridad monetaria.

El BCRA tiene que fijar un ANCLA NOMINAL para definir y acotar su compromiso con la estabilidad de precios. Hay cuatro tipos de ancla nominal: i) Convertibilidad (y dolarización como caso extremo); ii) Tipo de cambio fijo; iii) Metas de Agregados Monetarios y iv) Metas de Inflación. Las dos primeras no son opción. Tampoco están dadas las Condiciones para ir a Metas de Inflación (para esto sería necesario tener ancladas las expectativas de inflación). No hay Transparencia en la Comunicación entre la Autoridad Monetaria y los agentes económicos, no hay un ancla nominal pre-existente para las expectativas en la Economía, tampoco hay credibilidad, ni reputación (anunciar, explicar y luego cumplir). Menos aún hay transparencia en la información y la política monetaria. Tampoco existe un índice de precios creíble sobre el cual fijar objetivo central, techo y piso. Además, la experiencia internacional muestra que actualmente un Programa de Metas de Inflación no le serviría a la Argentina porque se parte de inflación muy elevada; y en consecuencia se necesitarían muchos años hasta bajarla a un dígito.  La experiencia internacional de Chile, Colombia, Perú y Brasil muestran que las Metas de Inflación bajaron la inflación, en promedio, 2.4 puntos porcentuales por año en esos países. Así, Chile y Colombia tardaron  10 y 8 años en bajar la inflación de 30% y 33% a 2.7% y 3.0%; respectivamente.  

En este marco, hay que conducir la Política a partir de Agregados Monetarios (ANCLA NOMINAL). Los agregados monetarios tienen valiosas ventajas para eficientizar la política monetaria y bajar rápidamente la inflación: i) proveen información rápida, transparente y sencilla para transmitir, explicar y conducir la política monetaria; ii) pueden ser usados para brindar señales de las intenciones del BCRA; iii) hacen sencillo el monitoreo de la Política Monetaria y iv) al ser transparentes y fáciles de monitorear, fortalecen la credibilidad y ayudan a la construcción de reputación.

¿Qué agregado monetario escoger? Históricamente, M1 tiende a sobrecrecer (1957/1958 y 1973/1974) y termina generando crisis (1959 y 1975) con devaluación y elevada inflación. Nuevamente, en los últimos años ha habido una sobre expansión de M1 que asciende, según nuestras estimaciones, a 3.7% del PBI ($200.000 MM). De hecho, el peso relativo de M1 en términos de M3 en Argentina (49%) más que duplica al de la región (19%), lo cual potencia el  riesgo cambiario e híper inflacionario. Justamente, un M1 “fuera de control” impide que el tipo de cambio pueda flotar y hace que cualquier devaluación se traslade rápidamente a precios. Por el contrario, con un Banco Central que se preocupa por emitir sólo lo que crece la demanda de dinero, la devaluación no se traslada a precios.

En este marco, las Metas de Agregados Monetarios deben estar edificadas sobre M1 que en el caso de Argentina está cointegrado con el PBI nominal. En otras palabras, en Argentina hay  una relación de equilibrio de largo plazo que vincula a M1 y el PBI nominal. Dado que ambas series se mueven juntas, controlando M1, se controla el PBI nominal y la inflación; promoviendo la estabilidad de precios y sentando las bases para estimular el crecimiento de M3, el crédito, la inversión, el crecimiento y el empleo.


En definitiva, la política monetaria de inicio (dado el alto nivel de inflación con el que se arranca) debe ser delineada a partir de metas sobre el  agregado monetario M1. La teoría y la evidencia empírica son contundente en este sentido: “en contextos de alta emisión monetaria, elevada monetización, baja penetración financiera y alta nominalidad en la economía, los objetivos de (crecimiento) agregados monetarios son útiles para enviar (contundentes) señales sobre la decisión (del Central) de bajar la inflación. Así, una vez que la tasa de inflación sea baja y se puedan anclar las expectativas inflacionarias, recién ahí se puede pasar a un sistema de metas de inflación, cuyas pre-condiciones necesarias ya estarán dadas por las Metas de Agregados. 






jueves, 19 de noviembre de 2015

Diego Giacomini: "Es posible evitar que la devaluación vaya a precios" (Nota Publicada INFOBAE TV 19/11/2015)



http://www.infobae.com/2015/11/19/1770952-diego-giacomini-es-posible-evitar-que-la-devaluacion-vaya-precios

"El cepo hay que levantarlo sí o sí, porque si no se lo hace no volverá a crecer. Pero hay que hacerlo dentro de un plan integral, que incluya la absorción del dinero sobrante. Esa cifra se ubicaría en los 200.000 millones".
De esta manera, el economista Diego Giacomini planteó cuál sería la clave para que una eventual devaluación (o sinceramiento cambiario) no se traslade automáticamente a precios.
"Si no se retira esa cantidad de pesos excedentes –continuó–, el tipo de cambio subirá mucho y habrá traslado a precios. Estamos hablando de una cifra que equivale a 3,7% del PBI". "En caso de que se retire esa cantidad de pesos, la devaluación no se trasladaría a precios, porque no habría convalidación monetaria", explicó.
Giacomini viene elaborando hace varios meses un esquema con otro colega, Javier Milei, para diseñar las características que debería tener este título. "Hay que colocar un bono con garantía de organismos multilaterales y al mismo tiempo arreglar el artículo IV del FMI. Esto haría creíble la operatoria y abarataría los costos, agregó.
DIEGO GIACOMINI: "SI EL NUEVO GOBIERNO SE EQUIVOCA CON LAS MEDIDAS, SE SENTIRÁ DE INMEDIATO"



El entrevistado fue más allá, al señalar que el nuevo gobierno arrancará con muchas urgencias. "La herencia económica del 2015 es más pesada que la de 1999".
"La próxima administración –agregó– tendrá menos tiempo que la Alianza, que a pesar de todos los errores que cometió, aguantó dos años más. Si el nuevo gobierno se equivoca en la aplicación de las políticas socioeconómicas, las consecuencias se sentirán inmediatamente, porque la herencia es más pesada".
Y recordó que cuando la Alianza asumió, la economía acumulaba cinco trimestres de recesión, mientras que ahora van cuatro años".

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