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domingo, 14 de diciembre de 2014

Ganar diciembre, a costa de 2016 (Nota Publicada en Diario Perfil el 13/12/2014)



El año previo (2007) a que CFK ganara las elecciones de 2008 cerraba con números que hoy lucen muy buenos: PBI de +8%; usd46.176 MM de reservas; (único) dólar a $3.15 e inflación de 18.7%. Sin embargo, añorar esta foto nos lleva a conclusiones erróneas. La economía no es una foto, sino una película con episodios.

Ya en 2007 la película no era buena. La inflación se había duplicado año tras año, pasando de 3.7% (2005) a 6.1% (2004) y 12.3% (2005). El 26/9/2006 yo escribía en un diario de hojas anaranjadas: “La continuidad de esta política de incentivación de la demanda que genera inflación nos expone a la amenaza de la estanflación en el  largo plazo. El tiempo dará su veredicto.” El problema del segundo mandato de CFK es que vino después de su primer mandato y atrás del de Néstor; con condiciones iniciales cada vez peores. Es una misma película con tres episodios (K1; K2; K3). Hay que juzgarla por lo que nos deja después de 12 años.

Nos dejan una estanflación que se agrava. En 2012 / 2014 el PBI creció 0% y la inflación promedió 29%. Este año caería -3.0% y la inflación sería 39%. Paralelamente, Argentina es el único país de la región en el cual el PBI per cápita en dólares (medida de la calidad de vida más utilizada) cae cuando se compara 2014 (usd12.500) con 1998 (usd14.700). En los demás países creció en promedio un 80%. Para que se entienda,  Argentina tendría un PBI per cápita de usd25.300 si se hubiesen aplicado las políticas de Chile, Perú; Colombia; etc.

Y para peor, lo único que le interesa al gobierno es mantener la “nueva” estabilidad financiera  hasta fines de 2015, priorizándola por sobre la economía real. Una estanflación controlada le es “útil” para llegar a fines de 2015 sin cambiar sus políticas expansivas. La recesión sirve para reducir el desequilibrio externo (más aún con menos dólares de soja) y la inflación (sin explotar) para financiar el desequilibrio interno con impuesto inflacionario.

El problema es que lo que amenaza a la estabilidad financiera es justamente lo que el gobierno no quiere cambiar: las políticas fiscales y monetarias ultras expansivas. La suerte de la estabilidad financiera se juega en el mercado de dinero. A mayor (menor) prudencia monetaria, más (menos) probabilidad que se prolongue la estabilidad financiera. 

Hasta ahora, el “nuevo” BCRA no da señales contundentes de prudencia monetaria. En dos meses Vanoli (+$26.809 MM) incrementó la base monetaria más de cinco veces que Fábrega (+$5.119 MM) en 2014. Vanoli absorbió sólo el 42.5% de lo emitido, mientras que Fábrega había absorbido el 95%. Sin embargo, no se han generado desequilibrios (exceso de oferta) monetarios que amenacen la estabilidad financiera, porque la demanda de dinero actualmente se encuentra en su punto estacional más elevado. Es decir, la quietud del dólar paralelo y la actual estabilidad se explican más por la elevada estacionalidad de la demanda de pesos que por los mayores controles cambiarios.

Pero la demanda de dinero se reduce estacionalmente en el primer trimestre de 2015.  Para que se prolongue la actual estabilidad financiera, el BCRA deberá tornarse más agresivo (¿subir tasa?) en su política de absorción, ajustando la oferta con la baja estacional de la demanda de dinero. La demanda de dinero será clave en todo 2015. Si el principal objetivo de la política monetaria sigue siendo financiar el (creciente) déficit fiscal, hay riesgos (no certezas) que la demanda de pesos se debilite más, se aceleré la inflación, aumenten las presiones cambiarias y consecuentemente se vea amenazada la estabilidad financiera.


De lo que si hay certezas es que en 2015 el gobierno procura seguir tapando los problemas, lo cual implica mayores dificultades en 2016. A partir de 2016 habrá que ponerse manos a la obra para desarmar el control de cambios (cepo). Habrá que reducir el peso del gasto público sobre el PBI para reducir la asfixia del sector privado y bajar la presión tributaria para incentivar la inversión, el trabajo y la producción en el sector privado. Habrá que refundar el BCRA e institucionalizar un esquema de metas de inflación, para dotar de independencia  a la autoridad monetaria, eliminar la dominancia fiscal y dejar de lado la política de tasas negativas; punto inicial para estimular el ahorro, el crédito y la inversión. También habrá que reformular todos los esquemas de regulación de los servicios públicos y los esquemas tarifarios para poder incentivar la inversión en energía y potenciar su producción (petróleo, gas, electricidad, carne, harina, etc). El próximo Gobierno recibirá una herencia muy pesada, cuya solución demandará varios años.

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