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miércoles, 9 de agosto de 2017

Sin Achicar el Estado no hay chances de crecer (nota publicada en Clarin 6/8/2017).


El nivel de actividad y el crecimiento económico están en el centro de la discusión argentina. Sin embargo, nivel de actividad y crecimiento no son lo mismo. El PBI puede registrar una variación anual positivo sin que haya crecimiento económico. De hecho, es lo que sucede hace 6 años.
En 2011; 2013; 2015 y 2017 el nivel de actividad registra variaciones positivas, pero el PBI permanece estancado punta a punta y no hay crecimiento económico.
Nivel de actividad y crecimiento económico son dos conceptos diferentes. El nivel de actividad es una foto de cortísimo plazo.En este sentido, el nivel de actividad puede mejorar con sólo reducir (en parte) la capacidad ociosa. En pocas palabras, rebotando se mejora el nivel de actividad como sucedió en 2013, 2015 y 2017.
Por el contrario, crecimiento económico es una película de largo plazo. Hay crecimiento si se acumula capital (maquinarias) de manera que se incremente la relación capital / trabajo (mano de obra). El aumento de la proporción capital / trabajo mejora la productividad y “crea” puestos de trabajo, empujando hacia el alza la tasa de actividad y el empleo dentro de la fuerza laboral.
Crece la oferta agregada, mejoran los salarios y se expande la demanda agregada.
Este proceso de crecimiento económico (arriba descripto) está abortado hace años. ¿Por qué?
Porque se invierte menos de lo necesario, y lo que se invierte se invierte mal. La poca inversión se observa en la relación IBIF/PBI que en Argentina (15%) es 8 p.p. menor que en la región (23%).
Paralelamente, la mala inversión es aquella que no incrementa la productividad ni del capital (máquinas), ni del trabajo (mano de obra); y en consecuencia la capacidad de producción de la economía no aumenta y la tasa de crecimiento potencial se reduce. ¿Un ejemplo? Industrias invirtiendo en generadores a gasoil porque se les corta el gas en invierno y la luz en verano.
Sin embargo, el gobierno sostiene que la economía está creciendo por primera vez en seis años.
¿Es verdad? De acuerdo con nuestra visión, es muy prematuro y temerario llegar a esa conclusión. Albert Einstein decía: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.
Argentina no crece hace muchos años. En este marco, para volver a crecer no hay que hacer pequeños “ajustes”, sino aplicar (como pre requisito) cambios rotundos en materia de política macroeconómica. Los números son contundentes en este sentido.
Cuando se compara 2016 contra 2011 se observa que la tasa de variación anual del PBI promedió -0,3%. Punta a punta el PBI real y el PBI per cápita cayeron -1,3% y -7,2%; respectivamente. En un escenario de mínima, crecimiento implicaría un PBI expandiéndose a 3,0% anual todos los años. ¿Por qué de mínima? Porque creciendo sostenidamente al 3,0% anual, el PBI per cápita de 2020 sería similar al de 2011 mostrando dos fenómenos: i) que se perdió una década y ii) que Argentina necesita crecer a un ritmo superior.
¿Cuáles son los cambios rotundos que se necesitan para volver a crecer? En 2004/2008 se invirtió más y mejor. Con un Estado menor que no ahogaba al sector privado, las firmas invertían más y mejor, propiciando aumentos relativos del stock de capital y de la productividad. La economía crecía, la capacidad de producción aumentaba y se generaba empleo con mejoras salariales. Por el contrario, a partir de 2009 comenzó a haber un sobredimensionamiento creciente del sector público que ahogó progresivamente al sector privado, impactando negativamente sobre los niveles de inversión y el crecimiento.
El sobredimensionamiento del Estado es la explicación detrás de la falta de crecimiento económico. Este sobredimensionamiento del Estado atenta contra la inversión y el crecimiento económico vía dos canales: i) ahoga a las empresas no dejándolas hacer negocios y ganar dinero y ii) atenta contra el ahorro y el financiamiento de la inversión.
El primer canal es fácil de explicar y entender. En palabras sencillas, pocos van a arriesgar a invertir si la mayor parte del producido se “lo lleva” el Estado. El segundo canal es más complejo. Nadie duda que, para volver a crecer sostenidamente con generación de empleo genuino, la inversión debería aumentar (por lo menos) 8 p.p. Pero la inversión no es gratis, hay que pagarla. La inversión privada se financia con la suma de ahorro privado, más ahorro o desahorro estatal. En este marco, la inversión privada, el crecimiento, la generación de empleo y la mejora del salario dependen positivamente del ahorro y negativamente del déficit fiscal. A mayor Estado y más déficit fiscal, menos ahorro, menos (y más caro) financiamiento, por ende, menos inversión, productividad, generación de empleo y peores salarios.
Resumiendo, la mala política fiscal es la que sumergió a nuestro país en el estancamiento económico, la falta de crecimiento y la ausencia de creación de empleo. Los números son contundentes en este sentido. El ahorro nacional (Formación Bruta de capital fijo + Variación de Existencias) como proporción del PBI comenzó a caer a partir de 2008, cuando se rompió el equilibrio fiscal en un marco de gasto público y presión tributaria crecientes. Mayores impuestos acompañados por crecimiento exponencial del gasto y déficit fiscal implicaron que el ahorro nacional se desplomó sostenidamente, cayendo desde 19% (2007/2008); 17,2% (2011) y +14.8% (2016).
De hecho, de no haberse sobredimensionado al Estado (gasto 15.p.p y presión tributaria 11p.p. mayor a la región), el ahorro nacional rondaría 23% del PBI ubicándose en línea con el promedio de la región (+23%). La diferencia entre este ahorro “potencial” y lo efectivamente observado se sitúa en aproximadamente +8p.p. del PBI que está en línea con el déficit financiero (nación + provincias).
En otras palabras, el sobredimensionamiento del Estado, que implica elevado desahorro público (déficit fiscal) e insuficiente ahorro disponible para financiar inversión, es la causa de la falta de crecimiento (generación de empleo).
En síntesis, con la actual sobre dimensión del Estado no estarían dadas las condiciones para que se disparara un proceso de inversión de dimensión suficiente para que la economía vuelva a crecer sostenidamente en torno al 3% anual durante varios (futuros) años.
¿Estamos condenados a no poder crecer sostenidamente? No. Si luego de las elecciones hay un cambio de fondo y un achicamiento creíble y sostenible del Estado a lo largo del tiempo, las chances de crecer en forma sostenida aumentan. En este sentido, se necesitan señales concretas de reducción del gasto, de la presión tributaria y del déficit. Por el contrario, si nada de esto último se vislumbra, dichas chances se esfuman.

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